Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 15 - 2020

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Cabildo Abierto
AEU, cien años de heroísmo y rebeldía
Por Víctor Ferrigno F. - Guatemala, 29 de mayo  de 2020

Fundada el 22 de mayo de 1920, la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) cumplió cien años de heroísmo y rebeldía, convirtiéndose en uno de los referentes de lucha estudiantil y ciudadana más importantes de la sociedad guatemalteca.

Los jóvenes de cada generación eligen a sus referentes culturales y políticos, movilizándose en torno a su pensamiento y praxis. No cabe duda que los estudiantes de la generación de 1970 adoptamos al Comandante Ernesto Che Guevara y a la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU) como símbolos de la rebeldía juvenil, con la que enfrentamos a las fuerzas represivas, que diezmaron las filas del movimiento social.

Con su ejemplo y entrega, el Che Guevara marcó a nuestra generación, imponiendo con su consecuencia un principio fundamental: debe haber congruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. En la mente, el corazón y la piel se nos marcó su dictum: "Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario".

Con ese sentimiento y con esa convicción, construimos decenas de organizaciones estudiantiles que fortalecieron a la AEU, y gestamos miles de acciones académicas y revolucionarias, dentro y fuera de la Universidad de San Carlos (USAC), demostrándole a los generales y dictadores Arana, Laugerud y Lucas, la inagotable rebeldía de nuestra generación.

Esa rebeldía juvenil enfrentada a un sistema injusto, machista, racista, excluyente y caduco, recorrió el orbe en casi todas las latitudes. Influidos culturalmente por el movimiento de París de 1968, la Revolución Cubana, el sexo libre, la música de protesta, la literatura, la poesía y el cine iconoclastas, y la revolución tecnológica, sacudió mentes y espíritus, y nos empujó a transformar el mundo. Al entrar a la ciudad universitaria, en 1972, vi un enorme mural del genial Tecolote Ramírez Amaya, que sentenciaba: “La revolución no se hace con el culo pegado a un escritorio”. Iconoclasta pero cierto, nos lanzó a la acción, con razón y valentía.
En ese contexto, hubo muchos hitos políticos que marcaron a nuestra generación. Los más relevantes fueron el fracaso estadounidense en Vietnam, el triunfo electoral de Salvador Allende y su posterior derrocamiento, el conflicto árabe-israelí, el control petrolero por parte de la OPEP, la renuncia de Nixon, la muerte del Che en Bolivia, la devolución del canal interoceánico a Panamá, el triunfo de la Revolución Sandinista, el auge revolucionario en El Salvador, etc. 

Sin duda, el más relevante fue el reinicio de la lucha armada revolucionaria en Guatemala, con el ajusticiamiento del Tigre de Ixcán, en junio de 1975. Esto abrió un debate público sobre la vía de la revolución, que lamentablemente estuvo cargado de sectarismo y excesos injustificados, que se reflejaron, de mala manera, en la institucionalidad, la academia, el deporte, el arte y en el movimiento estudiantil, afectando a la AEU, a pesar de lo cual jugó un papel de gran compromiso.

Todas las fuerzas democráticas de la USAC coincidíamos en que en Guatemala era necesario un cambio revolucionario, pero discrepábamos sobre la manera de lograrlo. Maestros, autoridades y estudiantes cercanos a la línea del Partido Comunista de la URSS, a la que respondía el PGT y FRENTE, creían posible llegar al poder por la vía electoral, a pesar del derrocamiento de Allende en Chile, el sometimiento al mando militar del presidente José María Bordaberry en Uruguay y, principalmente, los fraudes electorales de Laugerud y Lucas García en Guatemala.

En contrapartida, muchas agrupaciones estudiantiles como FUERSA, PODER, CEMAC o FERG, apoyaban la estrategia de Guerra Popular Prolongada que promovían el EGP, ORPA y FAR. Después de décadas de lucha, esta estrategia tampoco pudo tomar el poder y, junto al PGT, aceptaron un alto al fuego y negociaron los Acuerdos de Paz, ya integrados a la URNG.

La corriente político-estudiantil revolucionaria jugó un papel de primera línea en los movimientos de transformación académica en Arquitectura, Humanidades, Medicina y Psicología, aportando cuestiones medulares, como la abolición de las cátedras vitalicias y el ejercicio profesional supervisado, que permitió a los estudiantes conocer la realidad de su país.

Ingresé a la USAC en 1972, a la Facultad de Derecho, y participé directamente en la dirección de la AEU durante cuatro periodos, conociendo a fondo su accionar. No ocupé cargos formales, pues me eligieron como Secretario General de las agrupaciones Participación Organizada de Estudiantes Revolucionarios (PODER) y, posteriormente, del Frente Estudiantil Revolucionario Robin García (FERG).

En ambos casos, nos asumimos como estudiantes revolucionarios, y actuamos en consecuencia. Sin descuidar la academia, logramos involucrar al estudiantado en las luchas campesinas, indígenas, sindicales, y populares. Así, el movimiento estudiantil organizado en el FERG participó en el fortalecimiento del CNUS y FASGUA, y en la constitución del Frente Democrático contra la Represión, el CUC, la Coordinadora Nacional de Pobladores, etc., y aportó esfuerzos y vidas en gestas como las luchas populares contra el aumento del transporte en 1978 o la masacre de la Embajada de España.

Cuando el Rector Saúl Osorio se vio forzado a salir del país y la USAC se quedó acéfala, el FERG logró reunir a cinco decanos, y asumió el más antiguo, Leonel Carrillo Reeves, quien posteriormente fue sustituido por el Ing. Raúl Molina, en el marco de un fuerte conflicto político-institucional, interno y externo. De eso hace 40 años, y aún pervive el sectarismo y el negacionismo de los aportes del FERG para mantener el gobierno y la autonomía universitarias.

Es justo consignar el valioso papel que la AEU y el FERG jugaron fortaleciendo el internacionalismo democrático, apoyando a las organizaciones populares de El Salvador (Bloque Popular Revolucionario), Honduras y Nicaragua. Por varios periodos mantuvimos al compañero hondureño Carlos Arita, recién fallecido, como Secretario General de la Federación Universitaria de C.A., pues cumplía tares de correo para el Frente Sandinista.

Durante los últimos cien años, la AEU ha sido un referente nacional para la luchas ciudadanas, salvo el periodo en que estuvo en manos de la peor escoria universitaria, por lo que reconozco la gesta que, encabezada por Lenina García, realizó un grupo de jóvenes universitarios, la cual permitió recuperar la dirección y el prestigio de la asociación, que ahora lleva merecidamente el nombre de Oliverio Castañeda de León.

La Asociación ha brillado desde sus gestas contra los dictadores Estrada Cabrera y Jorge Ubico, hasta su relevante papel en la Revolución de Octubre y el fortalecimiento de los gobiernos de Arévalo y Árbenz, así como su participación en el Movimiento de Marzo y Abril de 1962.

Sin embargo, la AEU nunca fue sometida a tantas exigencias ni sus cuadros sufrieron tanta represión como el periodo 1972 a 1982. Pagó la cuota de sangre más alta que agrupación estudiantil alguna haya aportado, y se mantuvo en su trinchera de lucha hasta donde fue posible. Por ello reseño ese periodo, el que me tocó vivir, y que debe ser recordado por las nuevas generaciones, después de cien años de rebeldía.    
    

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.