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Cabildo Abierto
Ucrania, una guerra de quinta generación
Por Víctor Ferrigno F. - Guatemala, 23 de febrero de 2022


En Ucrania se está gestando una guerra de quinta generación; se trata de una guerra que se enfoca particularmente en la lucha en el escenario cognitivo de las masas. De esta manera, las redes sociales, el internet y el ciberespacio han generado un nuevo escenario de combate, en el que no necesariamente interesa ganar o perder, sino demoler la fuerza intelectual del enemigo, obligándolo a buscar un compromiso, valiéndose de cualquier medio, incluso sin uso de las armas. Se trata de una manipulación directa del ser humano a través de su parte neurológica. Teléfonos, computadores, televisores y radios están inundados de bulos, fake-news, o medias verdades, para preparar el ánimo de la humanidad ante una conflagración de gran escala, con combates reales y miles de muertos.

Desde la Segunda Guerra Mundial (SGM), hace 77 años, Estados Unidos ha promovido o participado en 139 conflictos armados, donde no han salido muy bien librados. Ahora trata de promover una guerra en el corazón de Europa, con tres propósitos: primero, limitar el desarrollo militar y económico de Rusia; en segundo lugar, minar la alianza chino-rusa, y en tercer término, usar la conflagración para mejorar la imagen y el dominio de Joe Biden, y revitalizar el alicaído complejo militar industrial, nodo de la economía de EE.UU.

En la última década, Rusia ha incrementado con creces la calidad y cantidad de su armamento convencional, y según expertos militares estadounidenses supera por mucho a EE.UU. Este será el armamento a utilizar en una conflagración en Ucrania, pues Europa no aceptaría el uso de armas atómicas, aunque fueran tácticas.

El fortalecimiento bélico de Rusia se basa en investigación y en su crecimiento económico, mejorando su intercambio comercial con Europa, exportando trigo, vegetales y gas, carburante imprescindible para la industria y la calefacción europea, que sufre 8 meses de frío al año. Alemania, la locomotora económica de la Unión Europea (EU), no puede seguir creciendo sin el gas ruso y la mano de obra de los migrantes africanos.

El gas ruso llega a Alemania por medio del ducto Nord Stream I, que pasa por Ucrania, cobrando un peaje anual de más de U$ 1,500 millones de dólares, y ha sido convertido en instrumento político para presionar a Rusia por los conflictos territoriales. Por ello, Rusia y Alemania construyeron el Nord Stream II, que transcurre por el mar, y no puede ser utilizado por Ucrania para chantajear políticamente. Ayer, a punto de ser inaugurado, el ducto fue descertificado por el Canciller alemán, como sanción económica a Rusia, pero que afectará igualmente a la población alemana, que protestará en invierno.

El diferendo territorial de Ucrania con Moscú es de viejo cuño; la primera adhesión de Crimea a la Rusia zarista (1783) es más antigua que la fundación de los EE.UU. El espacio de esta columna es muy limitado para explicar un conflicto de casi tres siglos, pero las empresas mediáticas han logrado su propósito, poniendo en el imaginario colectivo a los rusos como los malos, y a la alianza UE-EEUU como lo buenos.

Desde el punto de vista geoestratégico el trasfondo es tan sencillo como difícil: la OTAN ha ignorado los convenios que limitaban su expansión hacia Rusia, y si Ucrania se integra a la alianza militar, los misiles de EEUU estarán a siete minutos del Kremlin. Ante esta realidad Rusia se defenderá, y el riesgo es una tercera guerra mundial, que occidente no tiene visos de ganar; será toda la humanidad quien sufra por una guerra sin sentido.

Asistimos a la desintegración del orden internacional creado al final de la Guerra Fría, y averiguaremos a un alto costo cuáles serán las consecuencias en los ámbitos político, de seguridad y defensa europeas.

El pasado lunes, Putin reconoció como naciones independientes a las provincias separatistas de Donetsk y Lugansk, argumentando que Ucrania no cumple los Tratados de Minsk, dando lugar a sanciones financieras y económicas de todo tipo, tanto de EEUU como de la UE, pero no se atrevieron a imponer sanciones militares, pues saben bien que desde Napoleón hasta Hitler, ningún imperio ha podido someter a Rusia.

Vladimir Putin demanda una franja de seguridad para Rusia, y la Comisión Europea aún está a tiempo de frenar una guerra que se librará en su territorio, con miles de muertos y una gran devastación económica, energética y ambiental.


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