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Cabildo Abierto
Defendamos la Ciudad del Espíritu
Por Víctor Ferrigno F. - Guatemala, 30 de marzo de 2022


Libertad para Virginia Laparra, defensora de DD.HH. injustamente perseguida.


El doctor Carlos Martínez Durán fue el primer Rector de la Universidad de San Carlos (USAC) electo democráticamente en 1945, para su rectorado inicial; fue reelecto para un segundo periodo, de 1958 a 1962. Médico de profesión, fue también un humanista de altas miras, gracias a lo cual trasladó las escuelas facultativas al sur de la ciudad, luchando contra muchas fuerzas oscurantistas que se oponían a esta magna obra. Al terminarse el edificio de la Rectoría, el 1° de diciembre de 1961, en la calzada de ingreso plantó una placa de bronce con un pensamiento excelso: “No entres a esta Ciudad del Espíritu sin bien probado amor a la verdad y a la libertad”. Hoy día, esa Ciudad del Espíritu está bajo asedio y hay que defenderla del pacto de corruptos, apoyando a Jordán Rodas para un rectorado de rescate, democratización y transformación profunda.

Hubo una época en que la inteligencia del país brillaba en la pública, laica y tricentenaria universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Esa casa de estudios era una fuente de propuestas para enfrentar la problemática nacional, una trinchera de lucha para defender la democracia y la justicia social, y se constituyó en la reserva moral de la nación, frente a las dictaduras militares y la rapacidad oligárquica. De aquellas pasadas glorias poco queda, razón por la que hay que depurar y rescatar a la USAC.

En el pasado reciente, fue un gran avance que las y los estudiantes rescataran la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), encabezados por Lenina García. Esta Asociación, que escribió páginas gloriosas de lucha ciudadana, estaba cooptada el pacto de corruptos que se apoderó de la USAC durante el conflicto armado interno, cuando muchos de los más brillantes universitarios, estudiantes y catedráticos, fueron desaparecidos, asesinados o exiliados por la contrainsurgencia.

Otro hito importantísimo es que, gracias a las investigaciones de la CICIG y la FECI, los dos últimos rectores estén procesados y encarcelados, pues eran los capos de la mafia que hizo un botín de la USAC, sobrevalorando obras y utilizando el erario universitario para enriquecerse y corromper. Esa estructura criminal logró cooptar casi todos los órganos de dirección de la carolina, construyendo un muro de impunidad para negociar con las clicas que han cooptado las demás instituciones del Estado.

La estructura criminal enquistada en la USAC está herida, pero no derrotada. Fue esta caterva de delincuentes quien facilitó que le dieran fraudulentamente el título de ingeniero a Miguel Martínez, el príncipe consorte. También fueron ellos quienes le otorgaron cátedras a Consuelo Porras, sindicada de plagiar su tesis doctoral, y guardaron silencio cuando Leyla Lemus se postuló a magistrada de la Corte de Constitucionalidad, sin tener finalizado el doctorado con el que adornó su currículo, para poder competir, fraude que destapó Francisco Rodríguez en la revista Plaza Pública, con pruebas documentales.

Por todo lo anterior, es una urgencia nacional depurar y rescatar a la USAC, evitando que la estructura criminal se recomponga y tome control de más instancias académicas.

Mediante una brevísima y modesta campaña, Jordán Rodas, el digno Magistrado de Conciencia, ha logrado ubicarse en el segundo lugar en la contienda electoral por la Rectoría, gracias a que la comunidad universitaria reaccionó y le dio el voto a sus electores. Ahora le toca al arquitecto Valladares, al economista Luis Suárez y al doctor Calgua apoyar a Rodas Andrade, para evitar que Walter Mazariegos tome por asalto la Ciudad del Espíritu, corrompiendo electores, a golpe de billetes y prevendas.

En este hito histórico, Jordán Rodas tiene la posibilidad de hacer realidad las premoniciones del Rector Martínez Duran, en 1960: “La Universidad reconstruye y construye el mundo de las ideas y ha sido y debe ser promotora de historia. Escuela de libertad y de responsabilidad, jamás tendrá la obligación de servir los intereses privados o los intereses del Estado. Sólo está al servicio de los más nobles intereses de la humanidad, al servicio de la verdad y la justicia”.


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