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Miradas sobre la guerra, miradas sobre la paz
Por Víctor Gálvez Borrel - Guatemala, 2 de abril de 2007

La tentación de recurrir a la represión preventiva subiste en los escuadrones de limpieza social.

Para conmemorar el décimo aniversario de la paz, Harris Whitbeck y Ana Carlos rodaron el cortometraje:Voces de la mirada, presentado en la televisión nacional y hace un par de semanas, en un foro público con la participación de varios de los y las protagonistas y de sus realizadores.

Es una documental que en 30 minutos resume un trabajo de casi 40 horas de filmación, en forma equilibrada, rigurosa y con calidad visual. En él intervienen excombatientes, protagonistas de la negociación, dirigentes políticos y empresariales, víctimas de la guerra, jóvenes, campesinos entre otros, trasladando sus percepciones sobre la violencia vivida y sobre la paz alcanzada, pero también sobre la situación actual de Guatemala y lo que resta por caminar.

Constituye un fresco expresionista, una pincelada rápida y apretada sobre más de 36 años de la historia reciente de Guatemala, que merece ser vista y contribuir así al debate, ahora que han transcurrido 10 años de la suscripción de la paz firme y duradera.

El debate sobre la paz ha sido insuficiente en Guatemala, como insuficiente ha sido en general, la discusión sobre nuestra historia contemporánea. Simplificando las posiciones en torno a este tema, existe la oficial de los gobiernos; retórica, discursiva, políticamente “correcta” frente a la cooperación internacional, pero sin gran entusiasmo efectivo (para emprender a fondo las responsabilidades de los Acuerdos de Paz).

Contrasta con la posición vehemente y beligerante de muchas organizaciones sociales, que denuncian la laxitud en la que han caído tales responsabilidades y exigen el retorno al “espíritu de 1996”. Frente a ambas posiciones se sitúa la de la mayoría de la población, caracterizada por la aceptación y simpatía por la paz, pero desganada, producto más bien del desencanto por la situación actual (inseguridad, desempleo, falta de oportunidades, insuficiencia de servicios públicos, etc.) que por la negociación en si que llevó al fin de la guerra. Correspondería a la actitud de una “mayoría silenciosa”.

Por último, estaría la posición de los que están abiertamente contra los Acuerdos de Paz: una minoría ultraconservadora, económicamente importante, que considera que las condiciones en las que se suscribió la paz fueron injustas porque beneficiaron más a la guerrilla que al Ejército.

Poco se ha debatido también en torno a los efectos actuales de una de las principales estrategias que se ensayaron durante los años del conflicto armado: la represión preventiva, alimentada por la tesis del enemigo interno y que consistió en la eliminación, sin juicio y sin pruebas de culpabilidad, de cuanto sospechoso, posible sospechoso o potencial sospechoso de ser insurgente o de apoyar real o eventualmente a la insurgencia existiera.

Ya se señaló que esta fue la principal razón por la que en Guatemala no hubo presos políticos sino muertos o desaparecidos por razones políticas. Pues bien, parte de esta nefasta herencia histórica se sigue recogiendo en el comportamiento de instituciones como la PNC. Ahora son otros los enemigos (rateros, mareros, niños de la calle, prostitutas, etc.) pero la tentación de recurrir a la represión preventiva subiste en los escuadrones de limpieza social.
Debatir sobre la guerra y la paz, sobre la herencia y el lastre de la primera y las esperanzas que sembró la segunda, también ayudaría a entender crisis como la actual de la PNC.

Fuente: www.sigloxxi.com


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