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Reformar o no reformar: He ahi el dilema
Por Víctor Gálvez Borrel - Guatemala, 11 de junio de 2007

Una posición favorable a la reforma constitucional debería justificarse muy bien.

Coincidiendo con la campaña electoral, se han planteado algunas propuestas para realizar una reforma constitucional. Ello ha generado tanto aceptación como rechazo. Es posible considerar que el mantenimiento del “orden constitucional” en un país (reflejado en la permanencia de los textos constitucionales) es un indicador de su estabilidad política.

Y que a la inversa, la sucesión de textos constitucionales (y sobre todo, la forma accidentada como tal sucesión se produce) denote inestabilidad política. Tal hipótesis se confirmaría en Guatemala.

En efecto, la Constitución de 1879 se mantuvo vigente durante los 65 años del “período liberal” (fue modificada ocho veces, varias de ellas para prorrogar el mandato de los “dictadores liberales”: Barrios, Estada Cabrera y Ubico). La permanencia en el tiempo de la Constitución liberal, sería un indicador de la relativa estabilidad política de aquel período (no así de su vocación democrática). Por otra parte, la historia reciente de Guatemala muestra que de 1944 a 1982, se promulgaron y suspendieron, tres constituciones (1945, 1956 y 1965) consecuencia de levantamientos (1944), invasiones externas (1954) y golpes de Estado (1963). Ello denotaría un clima de inestabilidad política.

De 1985 a la fecha, se ha mantenido vigente un texto constitucional (modificado una sola vez en 1993, para resolver la crisis del golpe de Estado del ex presidente Serrano Elías). La Constitución de 1985, se promulgó para preparar la apertura política que llevaría a la democratización, en el marco de la guerra interna que se desarrollaba en el país desde 1962.

El clima político prevaleciente en aquella época, era indudablemente distinto al actual. Tras 22 años de vigencia de dicho texto, se han acumulado también experiencias, dudas y problemas que justificarían considerar una reforma. Es este el marco general en el que se plantean las recientes propuestas.

Es interesante considerar las argumentaciones, así como los orígenes políticos e ideológicos de quienes apoyan o se oponen a las reformas y recordar también, que la administración actual anunció desde 2004, su interés por realizar una reforma constitucional que luego se eclipsó. Sin pretender ser exhaustivos, existe la propuesta de ProReforma, que haría pensar en su propósito de blindar aún más (¿) la propiedad privada y limitar igualmente más, las ya raquíticas funciones del Estado en Guatemala. No obstante, otra organización, situada también a la derecha del abanico ideológico del país (y que agrupa a los ex constituyentes de 1984) se opone a tales reformas y menos a través de una Asamblea Nacional Constituyente.

Un partido político de similar orientación política (el Patriota), considera indispensable recurrir a una Constituyente, para realizar reformas al Estado. Hay organizaciones de izquierda que estiman que aunque la Constitución está influida por el clima de confrontación contrainsurgente de la década de 1980, es preferible dejar las cosas como están, quizás por temor a que empeoren. Encuentro por Guatemala apoya una reforma constitucional, aunque acotada a los aspectos de organización y funcionamiento del Estado.

Como se ve, una rápida mirada mostraría posiciones muy diversas y una tendencia poco clara al respecto. En todo caso y de consolidarse una posición favorable a la reforma constitucional, es evidente que ésta debería justificarse muy bien, realizarse a inicios de la próxima administración y dependería mucho, de la mayoría parlamentaria del nuevo Gobierno.

Fuente: www.sigloxxi.com


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