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Mayor explotación en Guatemala
Por Víctor Gutiérrez - Guatemala, 6 de febrero de 2017

El 17 de enero del año en curso, el desprestigiado y antipopular Congreso de la República aprobó el Convenio 175 de la OIT. Con este decreto se permite legalizar el trabajo a tiempo parcial. Este sin duda, es un triunfo para los empresarios guatemaltecos cuya lógica siempre ha sido lograr la máxima ganancia a costa de lo que sea, en este caso, a costa de una mayor explotación a la clase trabajadora.

En lugar de aprobar una ley que mejore las condiciones laborales y salariales de los trabajadores del campo y la ciudad, el títere Congreso de la República aprobó una norma que desregulariza las relaciones laborales y facilita a los empresarios el poder contratar al trabajador y trabajadora por jornadas de menos de ocho horas, inclusive con la posibilidad de que puedan contratar por una hora al día.

Esto permitirá al empresario intensificar o exprimir la capacidad física e intelectual del trabajador, exigiéndole mayor productividad en un menor tiempo.

El resultado de esta ley será la pérdida de muchos empleos de tiempo completo, mayor violación a los derechos laborales, la destrucción de los pocos sindicatos que defienden con coherencia los derechos de la clase trabajadora, entre estos el derecho a la negociación colectiva, la organización sindical y el derecho de huelga.

Contrario a lo que afirman los empresarios, los trabajadores se verán afectados en sus prestaciones y beneficios laborales. Esto debido a que con la aprobación del Convenio 175 de la OIT se pierde el derecho al aguinaldo, bono 14, vacaciones, jubilación, indemnización por tiempo de servicios, el derecho al pre y post natal.

Con los derechos vinculados a la jornada laboral, se perderá el derecho al salario mínimo. Ahora, ni siquiera será posible ganar el salario mínimo (ya de por sí un salario de hambre) siendo que los empresarios tienen vía libre para contratar por menos de ocho horas al día.

Estamos regresando 70 años atrás, cuando la Revolución de Octubre aprobó el Código de Trabajo que nos vino a garantizar nuestros derechos como clase trabajadora. Estamos en el inicio de la implementación de mecanismos que garantizarán una mayor explotación y miseria para la clase trabajadora del campo y la ciudad.

Las trabajadoras y trabajadores padecemos la debilidad del movimiento sindical y político para impulsar una defensa férrea de nuestros intereses. Esto es resultado de la guerra de clase que los capitalistas, llamados empresarios, han impulsado por décadas para destruir nuestras organizaciones y de un Estado que en lugar de proteger a la clase trabajadora ha sido cómplice de la burguesía y la oligarquía. También ha sido responsabilidad nuestra, por abandonar el marxismo, nuestra teoría y nuestra ideología, que nos orienta a luchar por nuestra emancipación. También se debe al hecho que dentro de muchas organizaciones sindicales se han enquistado corruptos, demagogos y oportunistas.

Hoy, más que nunca, necesitamos fortalecer las organizaciones sindicales genuinas y defensoras de nuestros derechos, recuperar aquellos sindicatos perdidos y organizar nuevos en fincas, fábricas y en las instituciones del Estado.

Por eso, hoy más que nunca necesitamos fortalecer la organización comunista, con la capacidad organizativa, la claridad ideológica y la orientación política para defender nuestros intereses con coherencia y avanzar en el proyecto político de nuestra clase, la clase trabajadora, que nos permita romper finalmente las cadenas de la explotación capitalista.

Camino Socialista, enero 2017 Época I Número 20 año 4

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