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“Los poemas son unos cabrones” - Entrevista con Alan Mills
Por Erick González - Guatemala, 3 de agosto de 2005

Este 2005 ha sido un año muy activo para el poeta guatemalteco Alan Mills. La publicación de su libro Marca de agua en la Editorial Cultura de Guatemala (celebrado por poetas como Raúl Zurita, Saúl Ibargoyen y Francisco Nájera), las múltiples invitaciones a Festivales Internacionales (Iberoamericano de poetas en Tabasco, V Festival La poesía tiene la palabra en Madrid, entre otros), una entrevista para la Televisión Española realizada por el periodista Martín Medem y la futura edición de su plaquette Poemas sensibles por la Editorial Praxis en México dan fe de una irrupción consistente en el panorama poético actual. Con preguntas cortas (quizás para no desentonar con su preferencia por el enunciado breve) se desarrolló esta conversación que buscó ir a los tópicos esenciales del poeta y que tuvo como telón de fondo su temporal residencia parisina.

¿Te dice algo la palabra "palabra"?

Me empalabra. Es decir, es posterior a mí, a la carne, viene después del músculo, de la glándula. Me envuelve e hincha de retórica el cuerpo con que ando. Esto es Vallejo, obvio. También Bachelard, quizás. Y Heráclito lo ponía más claro (obviamente) pues supo decir que “la palabra es la sombra de un hecho“. O sea que es el eco de lo que hay. Yo soy hecho y construcción (hechura de carne, historia y luego de lengua) y la palabra me da la cobertura necesaria para trasladarme, transitar, para ser. Me dice mucho la palabra “palabra”, aunque realmente dice poco, sustancia menor.

¿Que alcances tiene ésta, la palabra, para Occidente?

Alcances gigantes aún, pero hoy mucho menores a los de ayer, infiero, pues la imagen (lo visual) ocupa ya casi todos los espacios que antes el verbo llenaba. Vivimos la dictadura de lo visual, la palabra va haciéndose accesoria. ¿Será posible hoy una Divina Comedia, digo, hecha como se hizo, en pura materia verbal? No sé, la verdad, no sé; en realidad desconozco los alcances de la palabra en Occidente pues apenas soy un marginal, un advenedizo de Occidente, una especie de marero del lenguaje de la civilización. Pero la palabra en mí, ya casi lo dije, tiene los alcances profundos de la herida más honda.

¿Para vos la palabra es pez o anzuelo?

Es anzuelo. La palabra es una construcción posterior a la poesía, es decir, a la condensación de la belleza del espíritu de la tierra, de los seres y de las cosas. La palabra podría dejar de existir y la Poesía continuaría su sístole perenne. Pero yo la utilizo y no quiero que deje de existir, no podría vivir sin ella. Me considero sombra empalabrada, carne que habla. La palabra es anzuelo pero pesca cosas muy extrañas, argumentos radicales. Aunque, si se ve con calma, también es pez. Un pez de colores.

¿El poeta alcanza la poesía o la crea?

El poeta encuentra. Busca.

¿Existen varios tipos de poesía o es una sola?

Es una y es muchas, y está claro que ésta es una manera muy fácil de responder: está de moda ser ambiguo. Vamos, hay verso blanco y está la rima, hay coplas y sonetos, hay maneras de hacer, muchas. Pero la poesía es una nomás, una pulsión absoluta de armonía, se la encuentra en la música mayormente y en la Victoria de Samotracia, en Tikal o París. A más, la poesía no es siempre una extraña, los niños la conocen y juegan con ella, luego la vamos perdiendo y ahí empieza el desastre. Después aparece el poeta y tiene que aportar algo a la sociedad, el servicio de encontrar eso perdido.

¿La poesía está en las cosas o en la cabeza de la gente?

En las cosas y en la cabeza de la gente y en las cosas de la cabeza de la gente. En las cabezas. En la gente. En las cosas. En las cosas de la gente. En la cabeza de la gente. En mi cabeza. En cabeza. En la gente de las cosas. En gente. En la cosa. En mi gente. En mis cosas. En las nuestras. En las tuyas y en las de la otra gente. En lo que vive en la cabeza. En la gente de cabeza. En las otras. En lo que no vive y en lo que sí. En la gente sin cabeza (esa que han cortado, que han volado, mutilado). En otro, en el otro, en mí. En el que vuela la cabeza de la gente. En mi otro, en el tuyo. En mi cabeza. En vos.

¿Vos sos poeta por elección?

Yo vengo del lenguaje y, seguramente, ahí es donde voy a terminar, en los trabajos del lenguaje. Pude ser político o actor de teatro, humorista incluso. Caí de poeta accidentalmente, por fatalidad, pero al final tomé la decisión y asumí la condena. Ayudó mi madre, me empujó. Tampoco es tan duro, quiere esfuerzo y ya.

¿Que relación hay entre poeta y poesía, quién modela a quién?

La explicación viene con una palabra vieja: dialéctica. Me explico: la cosa resulta un asunto de reciprocidad, como el amor o la guerra. Yo modelo unas palabras y las encadeno y luego digo que eso encadenado son poemas pero, a su vez, esos poemas me van moldeando y deformando. Son unos cabrones, se meten con uno.

¿A qué sirve la poesía?

La poesía me ha educado y pienso que su fin último es brindar una formación, su labor debe ser pedagógica en un sentido no convencional, en un sentido profundamente sensible. También sirve para resistir, para estar fuera y ver más allá de lo evidente (thundercats dixit). Y, desde mi experiencia privada, digo que la poesía sirve para encontrarnos y para echar luz y oscuridad en el camino. Para perdernos y regresar y volvernos a perder. Y regresar. Y así, sucesivamente.

A continuación, una pequeña muestra del poeta (extraído de Poemas sensibles):

El indio no es el que mira usted

en el catálogo de turismo,

cargando bultos

o llevándole comida a la mesa.

Tampoco el que ve desde la ventanilla

y pide monedas haciendo malabares,

ni el que habla una lengua muy otra

y resiste fríos nocturnos.

No, el indio está adentro,

y a veces se le sale, acéptelo,

aunque lo entierre en apellidos,

aunque lo socave bien

y niegue su manchita de infancia,

ahí está, acéptelo.

Y si aparece esa agua rancia,

voraz, el aguardiente que inflama,

ya verá que se le sale,

el indio empuja con su fuerza de siglos,

emerge ardoroso y se le sale,

con lo guardado,

con lo que dura doliendo.

No, no es otro,

el indio soy yo,

a ver, repita conmigo.

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