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Entrevista - Carlos Figueroa Ibarra: Entre Paz Tejada, la historia y lo historiable
Por Ariel Ribeaux - Guatemala, 17 de octubre de 2004

El papel jugado por el coronel Carlos Paz Tejada es fundamental en la historia reciente de Guatemala.

Jefe de las Fuerzas Armadas durante el gobierno de Juan José Arévalo y cabeza principal de la primera experiencia guerrillera en el país, Paz Tejada es además un testigo privilegiado de su tiempo. Acaba de aparecer –publicada por F&G– la segunda edición de la biografía de este “militar y revolucionario” realizada por Carlos Figueroa Ibarra. El autor platicó con elAcordeón sobre los motivos de su libro.

¿Por qué te decidiste a realizar un libro acerca de la vida de Carlos Paz Tejada?

– El libro empezó como algo derivado de otro proyecto, –un trabajo sobre la guerrilla en Guatemala durante los 60–. Carlos Paz Tejada encabezó el primer brote guerrillero en Guatemala y decidí entrevistarlo como parte de dicho estudio. Al hacerlo me di cuenta de que su vida era fascinante. Así dejé lo que estaba haciendo y me dediqué de lleno a trabajar con él. También influyó en mi decisión el percibir que es un hombre en extremo modesto. Contaba los hechos más extraordinarios que había vivido como algo absolutamente normal. Ese rasgo de su personalidad me resultó sumamente atractivo para decidirme a emprender un trabajo que a la vez constituyera un homenaje a su trayectoria.

Para mí, uno de los retos que implica un libro como éste es lograr como autor una empatía que permita al entrevistado relatar hasta los hechos más cuestionables sin autocensura. Cuéntame cómo se dio esta relación.

– En un trabajo así el entrevistado debe tener varios ganchos con uno, entre ellos la cuestión ideológica. A mí, por ejemplo, me habría sido muy difícil hacer un trabajo de esta naturaleza en relación con Carlos Castillo Armas, el caudillo anticomunista que botó a Jacobo Arbenz. Aunque mi opinión sobre él ya no es igual a la de hace años y pienso que existen matices sobre los que habría que investigar más, la verdad es que su personalidad no me atrae…

Pero un trabajo así con Castillo Armas, de haber podido realizarse, o con algún personaje similar, habría sido interesante, pues el tener puntos de vista ideológicos tan divergentes habría suscitado preguntas y cuestionamientos incisivos, de lo cual, como material historiable, se puede sacar mucho partido…

– La entrevista no la habría podido hacer por el año en que murió, mas sí una biografía… Pero yo parto de que cualquier trabajo de ciencias, y de ciencias sociales en particular, debe hacerse con pasión porque de ahí sale tu voluntad. Carlos Paz Tejada me apasionó como ser humano, como figura histórica… Debido al tipo de persona que es, pudimos establecer una relación de empatía muy profunda, y ahora tenemos una gran amistad, un nivel de comunicación que ha ido más allá del libro… Fueron dos elementos los causantes de esa relación: su atractivo como ser humano y su importancia como figura histórica.

Siguiendo esta línea, supongo que estás de acuerdo conmigo en que existe otro desafío en la biografía: lograr el equilibrio entre el retrato del ser humano y su esbozo en tanto figura histórica. ¿Dicho equilibrio nació de modo natural o lo urdiste con la intención de enfatizar el lado más humano del personaje y así hacerlo más cercano al lector?

– Para mí fue novedoso, porque a pesar de que Paz Tejada relata, yo traté de ser lo más riguroso posible al transcribir lo que decía. No hay ningún agregado por parte mía; además, traté de conservar su forma de hablar, lo que me trajo problemas porque según un editor el lenguaje era chocarrero, en ocasiones vulgar… Si uno pone a hablar a la gente tiene que lograr que lo haga de modo natural. Yo traté que el lector percibiera lo guatemalteco en sus expresiones, que su discurso no fuera acartonado ni solemne, que fuera lo que es Paz Tejada, un hombre de pueblo, modesto, sin grandes pretensiones… Me percaté de que su vida era como una especie de novela de aventuras, y traté de aprovechar esto y su lenguaje para que el libro tuviera el suficiente gancho y no se le cayera de las manos al lector.

En el libro se hace evidente que Paz Tejada nunca quiso hacerse con el poder.

– Él, –que tuvo una oportunidad histórica de llegar a ser por lo menos jefe de Estado cuando se suscitó una crisis política tremenda durante el gobierno de Juan José Arévalo, y éste le dio poderes totales para resolver dicha crisis– hubiera podido aprovecharse de esos poderes, derrocar a Arévalo y constituirse en jefe de Estado. Eso fue lo que le pidieron que hiciera la burguesía de este país y las fuerzas de derecha. Pero él no quiso. Ello hubiera significado llegar al poder con el apoyo de la derecha y de los sectores más recalcitrantes de la burguesía nacional, e interrumpir, por lo tanto, el proceso revolucionario que se estaba viviendo. Pienso que el no haber escuchado los cantos de sirena de la derecha, es algo que lo hace verdaderamente grande.

¿De qué manera podría explicarse la frialdad en la relación entre Arbenz y Paz Tejada?

– Arbenz tenía reservas y la razón quizá estribó en que los que lo rodeaban siempre le dijeron que Paz Tejada era anticomunista. El anticomunismo era la manera en que se manifestaba la derecha, y Arbenz estaba luchando contra la derecha. Pienso que igualmente los militares que rodeaban a Arbenz le llenaban la cabeza de ideas prejuiciadas. Otro elemento tal vez tuvo que ver –no por parte de Arbenz, pero sí de un sector que lo rodeaba– con que Paz Tejada no le quitara la vida a Castillo Armas cuando fue capturado herido después de su rebelión en los 50, situación que según este sector debía haberse aprovechado para deshacerse de este hombre, que luego en el 54 aparece como hombre de los Estados Unidos derrocando a Arbenz. Pues sí, la relación fue tirante, pero la grandeza de Paz Tejada radica en que, cuando derrocan a Arbenz, él fue el primero en ponerse del lado de las fuerzas revolucionarias derrocadas. No se dejó llevar por resentimientos personales. Y como hombre de principios adoptó la posición que incluso le valió el exilio, persecuciones y meterse en la conspiración contra la dictadura de Castillo Armas. Hay en esta figura un elemento que me parece muy atractivo; es lo que Max Weber llama “la ética de las convicciones”, algo que es sumamente respetable en una persona, estemos o no de acuerdo con la posición que tenga.

Algo que me llama la atención es que Paz Tejada, a la luz de los años, plantea que cuando inician la guerrilla las condiciones no estaban dadas, fue algo como improvisado. Desde tu óptica de historiador por qué crees que esto de la no preparación y el fracaso posterior ha sucedido tanto en gran parte de los movimientos revolucionarios y guerrilleros del continente, por qué gana este afán utópico de iniciar procesos casi destinados desde su origen al fracaso.

– Pienso que los revolucionarios, la izquierda en general, cae presa en muchas ocasiones de lo que una vez dijo Martí sobre luchar por hacer posible lo imposible. Hay ejemplos, como el mismo ataque al Moncada y el desembarco del Granma en Cuba, con efectos desastrosos, pero con consecuencias de largo alcance. En efecto, de lo de Concuá Paz Tejada aún tiene una visión muy autocrítica. Pienso que fue una lógica que excedió a la de él. La revolución cubana, la guerra que inició Fidel con doce hombres, las conclusiones y análisis del Che sobre la guerra de guerrillas, etcétera, todo eso generó un entusiasmo no sólo en Guatemala, sino en toda América Latina, donde se dio una oleada de movimientos revolucionarios. En ese contexto surge este intento, que fue un verdadero desastre, llevado a cabo –desde mi punto de vista– con la peor de las ópticas foquistas. Aun así tuvo consecuencias: Concuá, pese al fracaso, se convirtió en un referente en el imaginario de la izquierda guatemalteca y constituyó el inicio de la lucha armada en el país, que tuvo altas y bajas, y alzas muy importantes como la de los 80, que estremeció al Estado guatemalteco.

Imagino que antes de emprender este proyecto tenías tu propia visión de ese período histórico del que tu entrevistado fue actor imprescindible. Así, ¿cuánto de tu visión hay en la del personaje, cuánto de la de él en la tuya, y cuánto variaron para complementarse ambas en función del libro?

– Algo que pretendí hacer fue borrarme completamente del libro, aunque lo que aparece como un monólogo en realidad fue un diálogo. Respeté escrupulosamente lo que Paz Tejada planteó, pero asimismo aparezco sin aparecer: en los temas, en la estructura del libro, del discurso. El crearle al entrevistado el estado de ánimo forma parte del arte de la entrevista, motivarlo, entusiasmarlo con las preguntas, los comentarios... Así hice que Paz Tejada incluso se refiriera a cosas que no quería tocar, como lo de Concuá, y lo de su relación con Árbenz, que es algo que lo incomoda. El retrato del alguien lleno de grandeza no debe obviar que todos los seres humanos tenemos miserias. En el libro aparece gente que son los chicos malos de la película, pero que en determinados momentos tuvieron gestos muy humanos, como quien salvó a Paz Tejada de la muerte luego de Concuá, un terrateniente anticomunista que lo sacó del país... Una de las cosas que así aparecen es el valor de la amistad, que va más allá de las diferencias ideológicas... En ese sentido, sí hay una parte mía en el libro como los temas, las secuencias...

Lo relatado en este libro, como documento histórico, podría ser cuestionado por otros actores –cercanos o no a Paz Tejada–, por analistas o por lectores acuciosos de la historia.

– Ni siquiera un libro de historia elaborado con mucho rigor puede decir totalmente la verdad. En las ciencias sociales es imposible la objetividad plena. Todo texto de este tipo está marcado por una determinada carga ideológica... Siempre hay una carga subjetiva en las elaboraciones, que está todavía más presente en los relatos autobiográficos. La autobiografía implica la memoria, el recuerdo, y así un mismo hecho puede ser recordado de distinta manera según muchas condicionantes. La memoria es afectada por la ideología, por la personalidad, por las circunstancias, el estado de ánimo... Creo que en el caso de Paz Tejada hubo ventajas, por su modestia, por su honestidad, su dimensión ética, e hizo un esfuerzo por ser lo más objetivo posible. Así dijo: “No pretendo haber dicho la verdad sobre esto, sino solamente mi verdad, como recuerdo la manera en que viví las cosas”. Yo traté de complementar la rigurosidad con notas a pie de página extraídas de fuentes que le contextualizan al lector los hechos que relata Paz Tejada. Pero finalmente hay que partir de que es una autobiografía, y como tal es parcial. Ésa es su versión y hay que contrastarla con otras. Aun así, pienso que el libro resulta una herramienta muy útil para quienes se dediquen a estudiar el período de vida que él relata.

Paz Tejada, Militar y revolucionario Carlos Figueroa Ibarra F&G editores, Guatemala 2004

Tomado de El Periódico - Domingo 17 de octubre de 2004
www.elperiodico.com.gt


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