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Héctor Rosada: “Gobierno que pierde el primer año, pierde los cuatro…éste ya lo perdió”
Por Juan Carlos Llorca - Guatemala, 16 enero de 2005

Asegura que si el gobierno no transmite la imagen de gobernar para todos, no podrá revertir la caída en sus niveles de popularidad.

¿Qué espera usted para este año?

– No veo que habrá gobernabilidad en el corto plazo, si hablamos de gobernabilidad como la capacidad de manejar los conflictos, enfrentarlos juntos y aprender de éstos; no como que el que gobierna pueda controlar al gobernado.

¿Por qué?

– Porque pareciera que tenemos una especie de maldición gitana en nuestro sistema político, algo que se ha repetido desde la transición política: gobierno que pierde el primer año, pierde los cuatro. Ya no logra impactar, no logra hacer lo que debería hacer si hubiera aprovechado el primero. A veces hay primeros años de seis meses, a veces de tres.

¿Qué pasa entonces?

– Que se anticipa el momento electoral. Se comienza a pensar en cómo y en quién sustituirá al que está. Y si no lo sacan es porque eso sale más caro que esperarse los tres años para que salga. Es, en el fondo, una manera de postergar las tareas estructurales no resueltas del pasado y algunas de las herencias que se acumularon el año anterior.

¿Por ejemplo?

– Se sobrepasaron en la oferta. Aunque en la mayoría de los temas la población pide mucho, pero se contenta con poco, en seguridad y economía no está dispuesta a transigir. Si tienen seguridad y la pueden ir pasando sin mayores problemas puede haber gobernabilidad. Pero ahora el problema es que las variables más débiles son esas dos.

¿Este gobierno perdió el primer año?

- Sí, porque el Presidente, que me cae bien, es un hombre bonachón, bien intencionado… no me puede caer mal porque me recuerda muchísimo a Ramiro de León y yo quise muchísimo a Ramiro de León; es un buen hombre. Pero este país necesita proyecto, equipo y norte. No dieron pasos para construir ni proyecto ni equipo el año pasado.

¿Y los proyectos inmensos de obra pública que tienen planificados?

– La población no capta la obra faraónica. De qué le sirve una pista de ocho carriles a quien no tiene para pagar el colegio de sus hijos o a quien nunca va a pasar por allí. No olvidemos que los megaproyectos tienen una orientación y un interés de clase.

¿Cómo así?

– ¿A quién favorecen? ¿Quién se beneficiará de la planificación, programación, ejecución? ¿Quién tendrá los primeros beneficios? ¿Garantiza el sistema que en el corto y mediano plazo los megaproyectos van a representar un beneficio para la población? La respuesta es no, no y no. La gente está dispuesta a esperar si ya tiene resuelto el tema de ecuación para sus hijos, seguridad y alimentación garantizada.

En una entrevista, el Presidente dijo que ya había apagado los fuegos y que era el momento de trabajar. En su discurso ante el Congreso añadió que buena parte de sus esfuerzos los consumió “dejar atrás esa etapa de frustración para Guatemala” y que era momento de entrar en una nueva fase…

– Sí, pero no se trata de apagar fuegos, de posponer los problemas. Lo que no veo es un proyecto político con verdadera intención de resolver los verdaderos problemas. No hay equipo, hay personajes. No me queda el convencimiento de que ellos tienen claro qué país quieren hacer.

Hablemos de las concesiones y megaproyectos.

– Es lo que le decía. ¿A quién beneficiamos cuando se da un megaproyecto o una concesión? El trabajo de un Presidente es representar la unidad nacional. Es el doloroso trabajo de ponerle un hasta aquí a los amigos, los parientes y los correligionarios. Un Presidente no tiene que hacerle la vida más fácil a los poderosos, ellos no lo necesitan. Si un megaproyecto realmente beneficiará la unidad nacional, todavía tendría que pasar el tamiz de la priorización. ¿Será más importante que la refacción escolar, que los hospitales colapsados, que el 98 por ciento de la población rural sin acceso a saneamiento? Entonces, cuando los más amplios sectores de población ven que mi acción de gobierno va a favor de los mismos ricos, el sector mayoritario entra en conflicto. Primero denuncia, después protesta y luego pasa a la violencia, como lo acabamos de ver hace poco. La rearticulación social es un hecho.

¿En torno a qué tema se rearticula el movimiento social?

– En torno a la pobreza y sus consecuencias. Si nos damos cuenta, los Acuerdos de Paz que no se cumplieron fueron los que buscaban transformar al país. El sistema acá no acepta cambios de fondo. Hubo una guerra en balde. La estructura de poder se niega a aceptar los cambios que podrían solucionar el problema. Como en el caso de la tierra.

¿Y cuál es la solución?

– No se trata de darle tierra a todo el mundo. Se trata de entender que hay una mayoría con acceso a muy poco y una minoría con acceso a demasiado. Un Presidente tiene que ver eso y decidir a quién sirve: a quienes tienen todo, a los que tienen muy poco o se aventura a ser el Presidente de todos. Pero hasta ahora no he visto un solo Presidente que pueda equilibrar la acción política a favor del menos favorecido. Siempre es el mismo sector el que sale beneficiado. Volviendo a los Acuerdos de Paz, si en algo tenía razón Paco Reyes es que los Acuerdos de Paz no se cumplen sin dinero. Y si en algo tienen razón los cooperantes es que ellos no van a suplir con cooperación lo que los guatemaltecos no quieren dar con impuestos.

El Presidente habló de inversión en el área rural. ¿Qué tanto puede afectar esto a la pobreza?

– Cuando estábamos negociando el Acuerdo de Reasentamiento, el CACIF se nos acercó y nos propuso que el gobierno ponía carreteras, electricidad e infraestructura y luego ellos llegaban a invertir. El reto del desarrollo rural es desarrollar las condiciones. Porque si el Estado va a pagar la creación de esas condiciones, ¿por qué va entonces a privilegiar la inversión privada? Porque si no, que sea la base, el municipio o el departamento, el que mande en qué se va a invertir.

Decía que se rearticuló el movimiento social. ¿Qué tanto puede impedir eso la acción de gobierno en este año?

– Pueden, a través de la acción de hecho, generar un caos coyuntural. Pero qué pasa cuando un movimiento articulado decide paralizar la actividad productiva. Entonces se consigue que el gobierno actúe de inmediato y se consigue que quienes están siendo afectados presionen al gobierno o que el gobierno ejerza violencia contra el movimiento social.

¿Cómo termina el segundo año de gobierno?

– Tendremos un anticipo electoral…

¿Tan pronto?

– Al final del segundo año de Portillo ya se hablaba de candidaturas. Cuando el sector político ve que la situación no mejora en dos años, comienza a pensar en los siguientes cuatro años, en lugar de aprovechar el tiempo que queda. Tendríamos que buscar objetivos mínimos de resultado inmediato, en lugar de buscar paralizar el país durante tres años. Tiene que ser algo que defendamos todos, algo que nos justifique estar juntos.

¿Qué nos justifica estar juntos?

– La falta de certeza de que las condiciones en el extranjero van a ser mejores.

O el temor al viaje…

– Eso. Pero lo curioso es que son ellos, los que viven en Estados Unidos, los que mantienen la economía del país.

Fuente: El Periódico - 16 de enero de 2005
www.elperiodico.com.gt


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