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Gaspar Ilom después de Isaías
Por Juan Luis Font y Ana Carolina Alpírez/elPeriódico - Guatemala, 17 de junio de 2005

Esta entrevista fue publicada el 28 de septiembre de 1997, en elPeriódico

I

El tiempo ha pasado para el señor Encanto. Los meses de la paz, dice él, han sido más duros que los años de guerra. Está más delgado y tose mucho, y difícilmente dejará de hacerlo si en una entrevista de 105 minutos se fuma siete cigarrillos mentolados.

La conversación se desarrolla en una casa antigua en el centro de la ciudad, que Rodrigo Asturias recuerda de pequeño.

Se siente a gusto cuando habla de su niñez, del barrio La Candelaria donde creció con su hermano, con sus primos, con su abuela y su tía abuela, pero sin su padre (radicado en Argentina) y sin su madre (quien vivía en México). Se entusiasma a la hora de recordar que, frente a la casa donde se desarrolla la entrevista, se encontraba hace años la venta de ollas Santa Rosa, un negocio de fachada que por las tardes ofrecía las mejores enchiladas de la ciudad.

Es un poco menos efusivo para hablar de la relación con su padre, el Premio Nobel de Literatura 1967, quizá porque en un momento le pesó su sombra y entre ellos se produjeron grandes diferencias políticas. Rodrigo, por ejemplo, no lo acompañó a recibir el premio a Oslo, pues no aceptaba que en ese momento Asturias fuera embajador de un régimen que él consideraba represivo.

Pero de lo que no le gusta hablar para nada es de 'Isaías' el comandante de ORPA que secuestró a Olga de Novella. Su expresión se torna rígida y se hunde en el sillón que no puede tragárselo. No es el único al que le preocupa el tema. En el recinto donde se desarrolla la charla, una secretaria, que apenas ha puesto atención durante la plática, se voltea inmediatamente para escuchar lo que 'Gaspar' Ilom tiene que decir sobre 'Isaías', sobre 'Mincho' y sobre los secuestros.

II

-Soy fruto de cierto estrato guatemalteco, de cierta familia, de un barrio. Provengo de la pequeña burguesía de capa media, más o menos acomodada que pudo darnos casi todo lo que pedíamos y una educación bastante conveniente en ese tiempo. Estudié en el colegio de los Maristas que entonces se llamaba Colegio de Infantes, al lado de la Catedral.

-¿Fue un buen estudiante?

-No en las ciencias exactas pero sí en las sociales y en la literatura. En bachillerato yo era muy bueno, sentí pasión por las cosas literarias.

-Esta inclinación suya por las letras y por las ciencias sociales, ¿se deriva de la influencia de su padre?

-Creo que sí, fue una presencia importante. Empecé temprano a leer todas sus obras. Recuerdo cuando tenía diez años, y él volvió por seis meses a Guatemala, lo vi por primera vez escribir una novela (Viento Fuerte).

-¿Qué recuerdos conserva de entonces?

-Su disciplina de trabajo. Se levantaba más o menos a las cinco de la mañana y trabajaba hasta las once. Decía que esa era su mejor hora. Siempre mantuvo ese ritmo, lo volví a ver en Argentina, cuando trabajaba como su secretario, bueno, más bien fui su mecanógrafo. Transcribía lo que había escrito en una máquina Royal. Él leía el texto, lo volvía a leer, lo pulía, lo volvía a escribir. Recortaba las hojas y les iba pegando pedacitos con goma hasta convertirlas en folios kilométricos.

-Un trabajo tedioso para un secretario

-Le ponía mucho entusiasmo, cuando cerré el bachillerato yo tenía un interés genuino en las letras.

-¿Cómo para querer ser escritor?

-Me llamaba mucho la atención la poesía, escribí algunas cosas y publiqué otras en revistas literarias argentinas.

-¿Recuerda qué temas lo inspiraron?

-De diferente tipo, recuerdo uno que se publicó sobre una matanza de estudiantes en Argentina, otro por García Lorca y también cosas más personales, íntimas.

-¿Alguna vez habló con su padre sobre su deseo de participar en política?

-Sí, sobre todo cuando viví en Argentina. Mi papá veía la política como una ciencia que había que estudiar. Me decía que la lucha política había que trabajarla como una mazorca, como una nación.

-¿Hablaron de la guerra de guerrillas?

-No, en ese tiempo (1954-1957) todavía no existía esa expresión. Fue hasta después del triunfo de la revolución cubana que se empezó a hablar de eso.

-¿Y de su “conversión” a guerrillero?

-Hablar de las perspectivas de la lucha todavía era muy difuso en esa época. A él le preocupaban los riesgos que uno podía correr. Era la preocupación normal de todo padre, y siempre vivió con ella.

III

-¿Cuánto tiempo permaneció en la clandestinidad?

-Dediqué 36 de mis 58 años a la lucha, pero sólo unos 25 a la clandestinidad completa cuando se fundó ORPA. La última vez que estuve por mi barrio fue en 1981, sólo de pasadita para que nadie me fuera a reconocer.

-Pareciera que no tuvo mayor dificultad para romper los lazos familiares, ¿fue muy difícil esa época?

-Sí, especialmente por la relación con mi madre. Clemencia, una mujer extraordinaria. Si mi segundo hijo hubiera sido mujer, le habría puesto su nombre. Con ella podíamos vernos ocasionalmente, pero a mi hermano Miguel Ángel, por ejemplo, dejé de verlo durante 25 años.

-¿Dónde estaba él cuando usted peleó en la guerra?

-En Argentina. En todo ese tiempo nunca lo pude ver, él nunca supo de mí, pasó varios años pensando que había muerto hasta que alguien le llevó una entrevista publicada en El País. '¿No es ese su hermano?', le dijeron. Después de 25 años hemos venido a estrenarnos como hermanos.

-¿Dónde estaba usted cuando su papá ganó el Premio Nobel?

-Exilado en México.

-¿Cómo se enteró?, ¿por las noticias?

-Muy temprano, a las seis de la mañana, unos amigos me informaron que oyeron la noticia por radio. En esa época yo era gerente de Siglo XXI Editores y según mi análisis, ese año le darían el Nobel a mi padre, era pura intuición de muchacho. Le planteé esto al director de la editorial y tras revisar las existencias en el catálogo de Siglo XXI, donde quedaban muy pocos ejemplares de un único libro de mi padre, le dije: 'Hagamos una revisión para tener suficientes'. Se trataba de 'El espejo de Lida Sal'. Era un pequeño libro, que si hubiéramos tenido las obras completas hubiéramos hecho el negocio del siglo. Gracias a mi intuición se mandaron a hacer 10 mil ejemplares de éste, que el día del premio tardaron cinco minutos en los estantes de las librerías.

-¿Acompañaron su hermano y usted a su papá a Estocolmo?

-Sólo fue mi hermano que vivía en Buenos Aires.

-¿Y usted por qué no fue?

-No quise ir porque en esa época mi padre era embajador de Guatemala en París. A causa de esto había tenido una discrepancia fuerte con él. No estaba de acuerdo con que fuera representante del gobierno de Julio César Méndez Montenegro, me parecía que era un régimen represivo que estaba llevando al país a una situación muy grave.

-¿Le afectó alguna vez tener un padre brillante?

-No es fácil, y eso sí pesa. Uno pasa la mitad del tiempo tratando de dar la talla para ser el hijo de su padre y la otra mitad tratando de ser uno mismo. Para mí fue difícil, hasta que terminó siendo como ahora: ahora soy el padre de mis hijos, soy el padre de Luis Rodrigo, antes era el hijo de Miguel Ángel Asturias.

¿Cuántos hijos tiene?

-Dos. Sandino, el mayor, y Luis Rodrigo, de siete años, quien ha podido estar más cerca de mí y a quien he comenzado a contarle toda la historia.

Sandino tuvo que irse como a los ocho años a Europa, con su abuelo, en donde permaneció unos meses y luego se fue a Cuba. Allí estudió la primaria y el bachillerato hasta sacar el preuniversitario. Después en el '82, al terminar el bachillerato, planteó su deseo de integrarse a ORPA. Entonces fue a trabajar a mi oficina en labores de apoyo.

-¿Y fue su jefe de seguridad algún tiempo?

-Sí… apoyaba en eso, pero más que jefe de seguridad, apoyaba en las comunicaciones con la prensa, información, análisis político… Se fue encausando en funciones políticas.

A él lo involucraron en el caso de secuestro de la señora Novella.

-Me duele que involucren a cualquiera, pero más todavía a mi hijo. Eso es una infamia.

-¿Estaba Sandino en Guatemala cuando se produjo ese secuestro?

No. No. No. Él estaba en México.

IV

-Si uno mira todo el proceso de paz en su plenitud, es justo reconocer determinados méritos aunque los encargados de estos tramos no hayan llevado el proceso completo. Yo creo que Cerezo tiene el mérito de haber aceptado el diálogo entre los sectores de la sociedad y la URNG en un momento muy difícil; Serrano de haber iniciado la negociación. Monseñor Quezada Toruño y la Comisión de Reconciliación también hicieron un aporte muy valioso para el proceso; Héctor Rosada y el gobierno de Ramiro de León, lo mismo que la delegación encabezada por Gustavo Porras y el gobierno de Álvaro Arzú… Todo el proceso fue una lucha muy ardua y muy difícil…

-Pero todo ese proceso, tan largo y tan duro, estuvo a punto de irse a la basura el 19 de octubre de 1996. ¿Verdad?

-Yo creo que fue un momento muy duro, a partir de allí hubo una situación muy difícil. No fue el momento más difícil pero, sí, fue muy difícil.

-¿Dónde estaba usted cuando le avisaron que Isaías había sido capturado?

-Trabajando en México. Estábamos en vísperas de iniciar una nueva ronda de negociación.

-¿Qué fue lo primero que pensó?

-Me dio una enorme preocupación, estaba consciente de las implicaciones. Primero me sorprendí al saber lo que había pasado. Yo no tenía ninguna información ni tenía ningún elemento. Eso me dejó frío, pues. A partir de allí empecé a padecer las preocupaciones para que la negociación pudiera seguir.

Una mañana, el 6 o el 7 de noviembre, después de haberlo meditado mucho, hablé con la Comandancia General y les dije que la solución era que me retirara de la mesa de negociaciones, y eso fue lo que hice.

-¿No se lo pidió nadie?

-No, los compañeros de la Comandancia se opusieron hasta que les demostré que eso era lo mejor que se podía hacer. Nadie me lo pidió.

-¿Conoce personalmente a Isaías?

-Sí, lo conocí hace muchos años.

-¿Usted lo reclutó?

-No. A él lo reclutaron aquí en la ciudad.

-¿Qué tanta relación tuvo con él?

-Una relación de trabajo y también personal durante muchos años de la guerra.

-En la estructura interna de la ORPA, ¿qué posición ocupaba Isaías?, ¿era parte del alto mando?

No, no había alto mando dentro de nuestra estructura sino un Comandante en Jefe y una Dirección Nacional. Él formaba parte de esta última.

-¿Cuántas personas integraban esa Dirección Nacional?

-Él había sido jefe de un frente guerrillero, del Luis Ixmatá. Tenía el grado de comandante. Pero en la dirección estaban los comandantes de frente.

-¿Cuántos eran?

Entre 10 o 12 personas.

-¿Se reunían ustedes con cierta periodicidad?

-No, no era posible, pues todo el tiempo estábamos dispersos y en diferentes tareas, más bien sosteníamos reuniones de carácter estratégico para analizar la situación general.

-Y siendo él miembro de su Dirección Nacional, y habiendo participado al menos otra persona de ORPA en el secuestro de la señora de Novella, ¿usted cree que alguien va a confiar en que Gaspar Ilom no estaba enterado de lo que Isaías hacía?

-Quienes no lo creen, de buena fe, no conocen cómo opera una fuerza guerrillera. Es imposible saber lo que hacen cada uno de los integrantes en cada momento. Quienes lo creen así porque son nuestros adversarios, a ellos no se les puede decir nada.

-¿No hubiera sido un acto de buena fe que ustedes entregaran a Isaías para que fuera procesado?

-Él no estaba en nuestro poder.

-¿Por qué no entregaron a los otros que participaron en el operativo? 'elPeriódico' pudo ubicar a otro combatiente de ORPA que participó en el hecho, ¿por qué ustedes no?

-Yo creo que… no se podía hacer. Mira no es un grupo de gente que los tengas aquí y que les digas “bueno, miren, vengan, ahora van a ir para allá”. Puedes ubicarlo cuando es una operación planificada y está bajo control, pero en una cosa que se ha encubierto no lo puedes hacer.

-Fuentes de URNG han dicho que los comandantes lo recibieron en un hotel de El Salvador, que ustedes lo vieron muy golpeado, pues se los entregaron directamente.

-Se han dicho muchas cosas que no son ciertas, nunca lo vi.

-Entonces, ¿es sólo responsabilidad del Gobierno haber dejado en libertad a un delincuente?

-Eso es otro problema. El gobierno ha explicado que lo hizo por razones humanitarias y a mí me parece muy correcta esa explicación. Hay que deslindar las cosas.

-A usted nunca se le ha oído condenar con vehemencia el secuestro de la señora Novella

-Nosotros nunca hemos sido vehementes para condenar nada. Pero si se lee nuestro primer comunicado sobre el tema se verá que deploramos el hecho y aceptamos nuestra responsabilidad política.

-¿Cuánto daño le causó a ORPA la desaparición de Mincho?, ¿cuánto desgaste anímico les produjo?

-Creo que ha ocasionado mucho daño moral y una situación de mucha insatisfacción.

-¿Le han recriminado directamente que no haya preguntado por él, que usted no lo haya buscado?
-No, creo que en ese tema ha habido opiniones y situaciones que no han sido explicadas en la prensa.

-¿Se siente responsable por lo que le pasó a Mincho?

-Allí hay dos cosas. La responsabilidad política o moral sí la asumimos por lo que había hecho. Lo que nosotros sabemos es que está desaparecido. Nosotros nunca hemos politizado los casos de problemas de derechos humanos, no lo hicimos en Bámaca, tampoco ahora.

-Sitúese en el escenario de la guerra, ¿usted ve el secuestro como una acción lícita para obtener fondos para las organizaciones revolucionarias?

-No, no, creo que no.

-Sin embargo, lo llevaron a cabo. Por ejemplo, secuestraron a Álvaro Contreras, Pedro Julio García y a Luis Canella.

-En ese entonces no existía URNG.

-Sólo organizaciones individuales. ¿Participó usted en esos secuestros?

-Las cosas van evolucionando. No se pueden ver congeladas en el tiempo. Pero creo que esas acciones fueron equivocadas. No estuve de acuerdo con ellas.

V

-Después de todo lo que ha pasado en los casos Novella, Mincho, y del retraso de su regreso a Guatemala, ¿cree que es posible recuperar la imagen que tenía?

-Nunca trabajé ni luché para tener una imagen. Todo lo que he hecho en mi vida es porque creí que era necesario hacerlo y lo hice en función de una lucha. Como fruto de ésta pudo haberse creado una imagen que fue dañada con estos acontecimientos. Es una situación delicada, había que esperar un tiempo para que pudiera esclarecerse todo.

-¿No tiene usted aspiraciones presidenciales?

-No, en definitiva.

-¿Por qué?

-Porque yo creo que lo importante en Guatemala es la convicción que tenemos, ver que los proyectos políticos se deben construir a base de programas y trabajos; en base a convicción y no a candidatura.

-Pero en un régimen electoral se necesitan figuras elegibles para alcanzar el poder.

-Sí, principalmente la URNG. Cuando sea partido tendrá gran alcance político en conjunto con otras fuerzas, entonces tendrá que decir entre diversos candidatos. Pero pensar en eso y hablar cuando no es el tiempo adecuado podría ser contraproducente.

-¿Quiere decir que le parece necio hablar de una candidatura ahora o existe en usted una convicción de que en ningún momento querría participar en unas elecciones?

-No cambien lo que he dicho. No dije en ningún momento que sea necio hablar de ello. Yo dije que no es oportuno hablar de eso. Y por otro lado, mi convicción porque un proyecto político salga adelante no debe partir de una candidatura. Esa es una posición general, y una posición personal es que yo no tengo esas aspiraciones. Yo no aspiro a ser Presidente ni candidato a Presidente.

-¿Qué clase de participación quiere tener de aquí a futuro?

-La participación política que me interesa.

-¿Y qué área le interesa?

-Me he propuesto trabajar para la Secretaría de Organización del nuevo partido, es lo que a mí me encanta. Quiero seguir en el papel formativo dentro del movimiento, también participar en otras actividades a las cuales les he dedicado mucho tiempo. Sobre todo, a los asuntos indígenas y asuntos internacionales.

-¿Le interesa volver a escribir?

-He escrito bastante en todos estos años. Materiales de formación, materiales de análisis, propuestas, etcétera. Ahora tengo incluso, una oferta editorial para publicar y escribir un poco de mis recuerdos y reflexiones durante estos últimos 25 años.

-En México se mencionó la posibilidad de un acuerdo con el director de cine Oliver Stone para filmar una película sobre la guerra y sobre la figura de Gaspar Ilom.

-No, no. La idea de una película es otra cosa. Oliver Stone está interesado en llevar al cine una de las novelas de mi padre 'Viento Fuerte', que yo pienso que es la más cinematográfica. Pero ese es un proyecto familiar aparte de la política.

-¿Todavía recibe regalías por los libros de su padre?

-Sí, y las tenemos unificadas. Antes estaban por separado, ahora los tres (Rodrigo, Miguel Ángel y la viuda) las unificamos.

-El Gaspar Ilom de 'Hombres de Maíz' 'al verse perdido se arrojó el río' ¿Cree que el Gaspar Ilom de su historia murió con la guerra?

-No creo, porque logró construir algo, participó en la construcción de algo, entonces no tengo porqué sacrificarlo. Lo voy a seguir llevando como nombre en la nueva etapa de la paz. Ese es mi otro nombre. Voy a legalizarlo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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