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La escritura rebelde
Por Marta Sandoval - Guatemala, 24 de julio de 2005

A más de 30 años de su primera edición, “Poemas de la izquierda erótica”, el célebre y controvertido volumen de Ana María Rodas, se ha convertido en una referencia inevitable para comprender el desarrollo de la poesía guatemalteca durante la segunda mitad del siglo XX.

Sólido en su estructura, desenfadado en su lenguaje e insólito por su temática dentro de un panorama social conservador y reprimido, el libro ha sobrevivido a los años, a la mala crítica y a todo tipo de tormentas, sin haber perdido un ápice de su frescura y de su rebeldía. Editorial Piedra Santa presentó la semana pasada una nueva edición de esta obra -a la que agrega dos poemarios posteriores de Rodas: “Las cuatro esquinas del juego de una muñeca” y “El fin de los mitos y los sueños”-, ocasión que aprovechamos para indagar en la propuesta y en la escritura de la autora.

¿Por qué se da la ruptura en la poesía femenina guatemalteca con tu libro “Poemas de la izquierda erótica”?

- Porque como bien dice Dante Liano, la poesía femenina, hacia los años setenta, navegaba en un lirismo que habían agotado los poetas de mucho tiempo atrás y además, situando a la mujer en una especie de hornacina mustia de la que solo descendían las poetas para alabar al hombre y situarse ellas mismas en posición secundaria con respecto del amado. Aunque me cuesta comprender cómo puede amarse a una persona que todo el tiempo afirma el pie encima de una. ¿Amarán los leones al domador o solo lo soportan porque tiene un látigo en la mano y paga las cuentas de la carne?

La forma tan desinhibida e irreverente de tu poesía no se había dado en Guatemala desde Josefa García Granados que promulgaba “¡Joder o morir, salve, oh coño!” ¿Por qué creés que pasó tanto tiempo para que una mujer tuviera la osadía de decir sin ambages lo que pensaba y sentía?

- Supongo que es difícil aceptar que se puede estar en una situación de invalidez ciudadana y personal, sin llegar a un profundo desprecio por sí misma; es preferible creer que se es una musa o un atardecer o una flor y actuar en consecuencia. Y esa creencia ha prevalecido por siglos. Para saberse mujer es preciso aceptarse con sangre y carne y funciones corporales. Luego, ya pueden venir el asombro o la ira al descubrirse alienada y transformada en apéndice. Desde ese nuevo conocimiento se puede escribir con libertad.

Dante Liano dijo que a partir de tu libro, “la poesía femenina guatemalteca dio un salto radical”, ¿cómo ves la poesía de mujeres en la actualidad?

- Ciertamente, ha habido cambios drásticos. Las escritoras se dieron cuenta de que podían usar el mismo lenguaje de sus hermanos o sus padres, que a lo mejor les hacía falta hablar de sí mismas en vez de hablar de su relación dependiente del Otro. Que podían ser el sujeto y la voz poética al mismo tiempo. Me gusta pensar que mis libros constituyeron un definitivo abrir las ventanas para que entrara aire fresco. Y de aquel ambiente enrarecido en el que crecían versos escritos en lenguaje decimonónico o temas melosos sobre el amor tal como estaba concebido por el pensamiento masculino, las colegas más jóvenes han dado un salto cualitativo. Es más, no creo que les interese caer o no dentro del guetto “poesía femenina” o “poesía de mujeres”.

Tengo entendido que en Nicaragua un grupo de mujeres, inspiradas en tu libro, formaron el PIE (Partido de la Izquierda Erótica), ¿Qué opinas de eso?.

- ¡Ah! Eso me lo contó Gioconda Belli cuando la conocí y me pareció interesante. Significaba que lo que yo decía o trataba en mis libros -especialmente en La izquierda- tenía un sentido que rebasaba las fronteras del pueblito, y que otras mujeres en otras partes del mundo tenían las mismas percepciones mías y se identificaban con aquella escritora lenguaraz y sus poemas. Fue muy gratificante saberlo, a finales de los años 80.

Cortázar dijo que los escritores latinoamericanos no podían escribir sobre erotismo sin caer en el sentimentalismo o en la vulgaridad. Vos demostraste lo contrario, ¿cómo se logra ese equilibrio?

- No fue algo intencional, pero cuando publiqué mi primer libro, tenía años de leer y escribir. Acordate de que comencé muy temprano en el periodismo. He leído mucho, siempre, y la lectura es la mejor escuela. El instrumento de un escritor es el lenguaje. Saber usarlo con propiedad es la mejor manera de enfrentar el reto que constituye pasar al papel o a la pantalla lo que se tiene adentro. Las cursilerías y las vulgaridades no solo son el resultado de lo que está en la mente sino también del pobre manejo del lenguaje. Y el periodismo, digan lo que digan, aguza el sentido para escoger los términos exactos, aquellos que todo el mundo entiende.

¿Creés que el feminismo fue realmente un movimiento emancipador?

- No solo lo creo, estoy segura; el feminismo es emancipador. Lo que suele hacerle daño al movimiento de mujeres que se da en todas partes del mundo, -salvo en aquellos países en donde se usan las burqas, se estila la ablación del clítoris, y otras menudencias- es que algunas de las propias feministas, arrastradas por un celo comprensible (al fin y al cabo las mujeres hemos pasado milenios amarradas y amordazadas) llegan a situaciones extremas en las que ya no se explica cualquier suceso como no sea bajo las pautas del propio feminismo. Me explico: no puede juzgarse a los escritores de otros siglos a la luz de lo que hoy conocemos y practicamos. Sin embargo, escucho y leo argumentos sobre el machismo en D.H. Lawrence, por ejemplo. Creo que es preferible ver el presente y el futuro. Lo demás es rizar el rizo.

Uno de tus poemas dice: “Un poco menos humana tapo la herida que soy, con el vendaje estéril de la eficiencia”, ¿será que hoy, el éxito laboral es un vendaje adecuado para cubrir o sanar las heridas?

- Depende de lo que se llame éxito laboral: ¿ingresos muy altos? ¿notoriedad? ¿reconocimiento? Por supuesto, en primera línea se halla la remuneración adecuada. Nadie puede ser libre si primero no goza de una independencia económica. Pero ni Britney Spears ni Demi Moore son lo que se dice mujeres liberadas aunque ganen millones. Dependen no de su cerebro sino de su aspecto físico, que es una de las características fundamentales de las mujeres insertas en el esquema machista por excelencia. Y trabajar para pagarse las operaciones de cirugía plástica no es un síntoma de liberación sino que constituye la marca perfecta de la sumisión. En todo caso, cuando escribí lo que citás, hablaba de la herida que las mujeres llevamos durante milenios y que tratábamos de aplacar con otras actividades más positivas que seguirse latigueando la espalda.

Contame sobre la primera edición del libro, sé que te trajo muchas críticas y fue un escándalo en la sociedad de aquel entonces.

- Eso no me preocupa ahora ni me preocupó entonces, a pesar de la dureza con que se trató a mi obra. Pero todo aquel murmullo desaprobatorio ha cambiado. Y eso sí me preocupa. El año pasado, Aída Toledo publicó un libro con parte de la crítica que mi obra ha merecido, y eso es un síntoma de ingreso al canon. Entrar al canon puede ser más esterilizante que la desaprobación. Existe el peligro de quedarse satisfecho con lo realizado hasta el momento y abandonar el trabajo. Pero un escritor que abandona las filas, salvo casos excepcionales como el de Rulfo, corre el peligro de convertirse en vaca sagrada, que debe ser lo más desagradable del mundo.

¿Qué significa “La izquierda erótica” ahora?

- A veces, cuando tengo que leer algunos poemas del libro, lo hojeo y me da una sensación de ternura, como cuando uno se pone a hablar con un hijo sobre asuntos pretéritos y familiares. Lo que me sorprende agradablemente, siempre, es cómo continúa reaccionando el público a lo que escribí hace ya tiempo. Especialmente, si se trata de un público joven. Pero en rigor, un libro publicado ya no le pertenece al autor, y solamente los lectores sabrán lo que significa.

Ahora que las mujeres ya conseguimos expresar nuestra sexualidad y hacernos un espacio en el mundo que antes estaba reservado para el hombre ¿cuál es el siguiente paso?

- No sé cuál será el siguiente paso para las mujeres en general, pero para las escritoras, es la lucha para que nos saquen del guetto y dejen de hablar de escritura de mujeres. Se lee y se escucha decir escritura de mujeres, escritura de indígenas, escritura negra, escritura gay. Jamás he escuchado decir escritura de hombres que no son negros ni indios ni gays. Además, aunque soy feminista, no solo soy feminista, también tengo un pensamiento de izquierda, soy humanista, me interesa el arte, tengo tres hijas, muchísimos amigos, y yo soy yo. Pero nada de eso me define. En literatura no me define el escribir bien o mal, me define el ser mujer, y si eso no es sexismo, que alguien me lo aclare.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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