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Regresan los muchachos de antes
Por Marta Sandoval - Guatemala, 31 de julio de 2005

Editorial Piedra Santa desempolva la última novela de Marco Antonio Flores, publicada originalmente en 1996. “Los muchachos de antes” es el recuento de la vida de varios jóvenes que se vieron implicados en la subversión durante el conflicto armado en Guatemala. Una exploración de la historia nacional vista desde los ojos de sus protagonistas.

Los muchachos de antes, de antes de que se firmara la paz y la guerra se trocara por el comercio. Esos muchachos eran jóvenes rebeldes que combatieron, algunos en busca de mejoras sociales, otros en busca de aventura. La mayoría perdió la vida y casi todos las esperanzas. Uno de los quedaron vivos se dio a la tarea de contar lo que había pasado, se trata de Marco Antonio Flores, que a través de sus novelas ha hilvanado la historia de la Guatemala de la guerra.

Contar lo vivido ha sido más que una obsesión para Flores, es una necesidad. De su pluma nacen recuerdos tapizados de nostalgia y coraje, escritos con fuerza y rebeldía. En las páginas de Los muchachos de antes reviven los compañeros de batalla, de esas batallas ganadas y perdidas. El libro resulta un acercamiento a los años de conflicto, vistos desde los ojos de hombres y mujeres que empuñaron las armas.

En esta entrevista Flores habla sobre la novela que reedita ahora la editorial Piedra Santa.

“Los muchachos de antes” es la parte final de su trilogía de novelas sobre el conf licto armado interno. Con esta obra, según sus palabras, se cierra el círculo. ¿Qué es lo que concluye?, ¿aquí se acabó la guerra?

- Cuando empecé a escribir las novelas también me dedicaba a leer muchísimo y así encontré en la obra de Henry Miller, una trilogía que se llama La crucifixión rosada, de ahí surgió la idea de hacer también mi trilogía que se inició con Los Compañeros. Cuando la comencé a escribir quería hacer una catarsis de un hecho concreto, mi renuncia al partido comunista. Quería explicármelo a mí mismo y escribí algunas notas sobre la historia de un guerrillero que se suponía era yo, así nació Los compañeros.

Pero como yo no escribo como escriben los escritores serios, que publican una novela cada año para mantenerse en el mercado, me tardé mucho en escribir las tres. Para Las batallas perdidas -la segunda de la serie- me tomé 21 años.

Yo no pienso las historias, las historias surgen. Todos los hombres van acumulando experiencias que se van metiendo al inconsciente, este va haciendo una mezcla y lo que más ha impactado busca una salida. Eso es la poesía, pero a mí me pasa también con la narrativa.

La última parte de Los muchachos de antes, se llama Paisajes después de la batalla, que es el nombre de una película. Ahí me di cuenta de que paisajes después de la batalla era lo que quería contar y el final de la novela es una despedida. Ahí acabó algo que marcó mi vida, mi generación, mi familia, todo mi entorno.

Cómo ve ahora esos “paisajes después de la batalla”, ¿de qué sirvieron 36 años de guerra?

- Cuando Espartaco inició la lucha por liberar a los esclavos no estaba pensando en qué iba a pensar la gente del futuro, no estaba pensando si esta iba a ser agradecida o no. Pensaba en un hecho concreto, en la condición de esclavos de toda la masa de desposeídos de entonces, era necesario liberarlos. El sistema esclavista desapareció pero atrás quedaron miles de muertes, de sangrientas masacres y han pasado tantos años que uno ya no se pregunta qué quedo de aquello sino simplemente lo estudia en la historia. Esto mismo sucede aquí, el REMHI y el documento de esclarecimiento ya son documentos históricos. Lo que pasa es que uno olvida. Cómo no va a olvidar una sociedad que ha sufrido tanto terror y desgarramiento. No ha habido en Latinoamérica, y difícilmente en el mundo, a excepción de los nazis, un enfrentamiento que haya masacrado a la población como el enfrentamiento sangriento de Guatemala. Lo que son esos militares es animales salvajes, solo comparables con los de la Gestapo.

Al pensar qué quedó positivo de aquello, yo diría que nada. Si los mismo actores que supuestamente lucharon por un país se insertaron después al revés. Como decía Otto René Castillo, se convirtieron en el gusano que odiaban.

Bueno, si yo le hubiera hecho esta entrevista hace 30 años, nos hubieran matado a los dos por comunistas. Talvez algo bueno quedó …

- De alguna manera sí tenés razón, en Guatemala ahora se permiten algunos espacios de opinión y de expresión , pero el que se sale de la raya inmediatamente es llamado al orden: en la academia, en el periodismo, incluso en la literatura. Es decir, un escritor como yo no es aceptado en los medios políticamente correctos y a los escritores políticamente correctos les dan el Premio Nacional de literatura aunque tengan una obra que no valga nada. Y a los escritores que dan testimonio de lo que pasó no los toman en cuenta. A mí no me quieren dar el Premio Nacional y yo lo entiendo. Mi actitud crítica y distante de los sectores de poder dan razón para eso.

Esta novela da la idea de que fue escrita con una combinación de nostalgia y rabia…

- También con cólera, resentimiento, violencia, irreverencia. Mi discurso tiene intenciones de renovación y eso implica también otra visión de las cosas, implica la experimentación. Cada novela de la trilogía está escrita de distinta manera, se trata de romper lo establecido.

En Los muchachos de antes hay una renovación de la literatura, primero porque no hay una historia cronológica, aquí hay historias totalmente aisladas. Lo único que trato es de dar un espacio histórico cultural, que se da en la primera parte Museo de cera, que es una síntesis de la novela, de ahí se abre a todo lo que viene.

Los títulos de los capítulos corresponden a nombres de canciones o libros, que dan pistas importantes al lector.

- Esta es una novela llena de claves, y los títulos son precisamente una clave, porque cada uno tiene que ver con una obra literaria, una película o una composición musical. Por ejemplo en la segunda parte de la novela, que se llama Cuadros en una exposición, que es una obra musical de Mussorgsky, eso me dio a mí el sentido de lo que era este capítulo, porque son cuadros lo que escribo. Lo mismo en la primera parte que se llama Museo de cera, ese título lo tiene una novela de Jorge Edwards. Entonces la obra fue construyéndose en relación a otros productos y esas son claves, porque determinan una visión de actores, el lenguaje y la estructura de cada capítulo.

Los muchachos de antes es una frase de un tango que dice “los muchachos de antes no usaban gomina” yo estaba escuchando esa canción en México, mientras escribía la novela y no le encontraba un título. Cuando oí la letra ahí descubrí el título y de ahí viene la idea.

¿Qué hay de cierto en que esta es su última novela?

- Es la última novela que escribí. Porque ya no quiero escribir más y tampoco creo que pueda. Yo tenía un leit motiv, tenía acumulado en el inconsciente una buena cantidad de emociones, percepciones y experiencias que fueron parte de mi vida, pero también parte de la vida del país. Yo escribo porque eso es parte de mi memoria y allí encontré la forma de acabar con ese tema y no me queda otro tema. Lo que he vivido después no tiene la misma importancia ni social ni histórica ni personal.

¿Siempre escribió por catarsis?

- Siempre ha sido una catarsis. Desde el momento que empecé a escribir poesía comprendí que era un hecho catártico. El primer poemario que escribí lo rompí. Tenía 85 poemas y cuando lo leí me di cuenta que era yo, que era mi experiencia, de la cual no quería saber nada, porque había sido una niñez y una adolescencia molesta y además estaba cargada de una ideología que yo empezaba a botar. Toda la novelística es autobiográfica. El libro es el recuento de un momento histórico que fue determinante para mí, pero sobre todo para la gente que estaba conmigo, como mis amigos que murieron.

Esos amigos, que son los personajes de su novela no parecen de ficción. Usted dijo que son arquetipos, no retratos…

- Todo personaje no es un retrato sino una recreación. Tiene características de otros personajes que me han penetrado en el inconsciente y que se han convertido en un proceso dialéctico de cambio y transformación. O sea que ningún personaje novelístico es un retrato de nadie, pero sí tiene que ver con una prefiguración de la realidad.

¿Qué piensa del comunismo ahora, después de todo?

- Yo nunca fui comunista, no podía serlo porque no existía el comunismo. Por darle un nombre al partido le pusieron así. Yo empecé a estudiar filosofía desde muy joven, en el bachillerato tuve a un maestro que era un sacerdote vasco y que además era ateo, él me enseñó mucho de filosofía. Yo había leídos los textos del marxismo y comprendí que el comunismo no había existido aún, que era ideal, que era un paso posterior al socialismo.

Viviendo en Cuba durante años me di cuenta de que el socialismo no existía. El Estado crea grupos de poder que ocupan la clase más pudiente y que se apoderan de la riquezas, dejando a los obreros en la misma situación. Cuando vi eso, abandoné esa posición ideológica y me quedé con el marxismo inicial, con la propuesta de los clásicos, en eso sigo teniendo convicciones. Talvez pueda recobrarse algo de esa propuesta inicial, puede ser que no. Pero como a mí no me queda tanta vida no sabré qué pasó.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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