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Daniel Hernández: arte y compromiso
PorEdwin Siekavizza/elPeriódico - Guatemala, 21 de agosto de 2005

Daniel Hernández es uno de los artistas de la fotografía más relevantes de las últimas dos décadas. En estos años ha experimentado en una gran variedad de registros, sin embargo su trabajo más conocido es la serie de instalaciones que produjo a raíz del informe de “Recuperación de la Memoria Histórica Guatemala, nunca más”. Este año la República de Francia le otorgó el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.

Daniel Hernández Salazar lleva más de dos décadas comprometido con la recuperación de la memoria histórica en Guatemala, a través de piezas de una singular dicotomía entre el arte y la antropología. Esta lucha, de la mano con una carrera artística y profesional extensa, ha hecho que su obra influya tanto en Guatemala como en el extranjero.

El ángel de la memoria histórica de Hernández se ha convertido en un ícono que recuerda nuestro pasado convulso, y un llamado de atención para quienes han hecho del olvido una práctica común.

Recientemente la República de Francia le concedió el título de Caballero en la Orden de las Artes y las Letras para reconocer su contribución y sus méritos en este campo. Según la guía del Gobierno francés, quienes obtienen este título, creado el 2 de mayo de 1995, tienen que haber contribuido significativamente al enriquecimiento de la herencia cultural universal.

¿Qué significa este reconocimiento en tu vida profesional y personal?

-Estoy acostumbrado a no recibir retroalimentación por mi trabajo, a que nadie me diga nada. A pesar de que hace tiempo he estado seguro de lo que quiero hacer, por momentos me pregunto si vale o no la pena lo que estoy haciendo. Cuando pasan cosas como esta, lo primero que se siente es una emoción muy fuerte y una satisfacción muy profunda, y pensás: “Tantos años de estar tirando botellas al mar y, de repente, llega una respuesta.” Tengo que decir que se me llenaron los ojos de lágrimas.

Es un gran honor que te reconozca un país como Francia, que es faro y polo de cultura en el mundo. Muchos guatemaltecos que han destacado en las artes han pasado por ahí. Para mí es una reafirmación de lo que he estado haciendo y de lo que creo. A veces uno duda, pero en esta oportunidad recibí una señal clara que confirmó que lo que hago vale la pena y mi trabajo ha llegado a la gente, ha calado.

En el plano profesional veo este reconocimiento como un estímulo y un apoyo que puede permitirme trabajar más efectivamente. Pienso que hace más factible realizar proyectos más grandes. No ando buscando reconocimientos pero cuando llegan, los tomo como un ladrillo más en la construcción de mi proyecto de vida.

Obviamente el reconocimiento lo dan por tu trayectoria, pero ¿creés que tu trabajo antropológico y social, tuvo que ver en esto?

-Soy más conocido por las fotos de los cuatro ángeles que ilustran la portada del informe Guatemala Nunca Más, sobre todo por el cuarto ángel; pero para poder llegar a producir ese ángel antes produje los otros tres y, para haber hecho esos tres, hubo todo un proceso, de mucho tiempo. En ese proceso influyeron mi trabajo periodístico, comercial y arquitectónico. A lo largo de unos 20 años fui desarrollando una conciencia, al principio sin buscarla y luego ya de manera deliberada. Desde niño estuve consciente de que había cosas que no marchaban bien. Durante la infancia y adolescencia todo eso era muy difuso, quizá solo era una clase de insatisfacción. Según fui trabajando más, en la universidad y luego en la prensa, las cosas se aclararon al tener la oportunidad de estar en contacto con la realidad. Allí empecé a definir metas.

Esta condecoración me permitió tener una visión integral de mi trabajo. No es solo por una cosa que me la otorgaron, obviamente una o dos cosas son las que hacen que te volteen a ver, pero detrás está todo un proceso y una carrera de años.

Los tiempos han cambiado y los contextos sociales y políticos son diferentes. ¿Cómo se enfoca tu trabajo a raíz de estos cambios?

-Te desequilibra un poco el cambio. Pasar de vivir en un ambiente de “guerra fría” a otro de “paz” es desconcertante. Cuando tenés un oponente claro es más fácil enfrentarse a él. Durante los años de la represión y la guerra interna el oponente era muy claro y ya se sabía quiénes lo conformaban: la clase dominante, el ejército, los aparatos paramilitares y las estructuras clandestinas. Ahora que la paz está firmada todo eso dejó de ser evidente, se invisibilizó. La clase dominante sigue allí pero, como siempre, escondida; el ejército sigue allí pero ahora se tiene que “portar bien” porque tiene los ojos de la comunidad internacional encima; aunque ahora que Minugua se fue, ya volvieron a desfilar, lo que es sintomático de una retoma de espacios.

Con este reacomodo de fuerzas, ¿qué pasa conmigo y otras personas que queremos luchar por la memoria histórica? El trabajo es más duro, porque aparentemente ya no está pasando nada malo. La gente nunca quiere sufrir, no quiere recordar lo que le duele, lo que le molesta y lo que es peligroso. Ahora en este país ya no te agreden por pensar, oponerte o disentir, pero solo porque no pueden. Esta aparente ausencia de amenaza es peligrosa porque la gente se confía y olvida. Entonces es aquí donde está el papel de la memoria histórica como base para toda propuesta. Ahora lo que toca es reconstituir el tejido social para hacer posible una sociedad justa y reconciliada. Mi trabajo, como artista, es luchar por todo esto, ahora más que nunca.

¿Qué tan importante es que las expresiones artísticas se involucren en el entorno social y político?

-El arte debe estar comprometido con algo. No te digo que tenga que ser político 100 por ciento porque corre el riesgo de caer en un panfleto. Yo siempre he tratado de mantenerme al filo, lo más cerca posible de la realidad pero sin caer en lo panfletario y pienso que lo he conseguido. He logrado acercarme lo suficiente para representar cosas reales, nacionales, que le suceden a la gente, acercarme a causas, pero sin dejarme instrumentalizar, siempre manteniendo independencia. Eso lo aprendí del periodismo profesional.

¿Qué tan importante ha sido el hecho de poder exponer tus piezas en otras ciudades, Hiroshima, por ejemplo?

-Eso es parte de mi idea de visibilizar el holocausto guatemalteco. Pienso, primero, que hay que decir que lo que pasó aquí es tan terrible y tan inhumano como lo que pasó en Bosnia, Auschwitz o Camboya. Y segundo, hermanarlo lamentablemente con otros holocaustos.

Al realizar mis instalaciones he buscado lugares muy simbólicos para colocar la pieza. Así como en Guatemala busqué lugares cerca de bases militares, o cerca de donde mataron a monseñor Gerardi, en otros países hice algo similar. En Japón, el lugar donde cayó la primera bomba atómica; en USA frente a una base militar para recordar las intervenciones de ese país por todo el Mundo .

¿Llegará el momento en que tu lucha personal termine al haber cumplido su propósito?

-Nunca. La vida de uno es demasiado corta, por más optimista que sea, como para pensar que el trabajo estará terminado. No sé cuándo se va a resolver todo, pero por más corta que sea mi vida, eso no quiere decir que voy a tirar la toalla y no busque por lo menos hacer que las cosas cambien o avancen un milímetro, un centímetro o medio metro. Uno debe plantearse metas. Por ejemplo, una meta para mí es lograr que esos cuatro ángeles queden instalados de manera permanente en un espacio público para la posteridad, y recuerden a las próximas generaciones lo que sucedió en nuestro país. Quiero hacer más cosas que contribuyan a hacer que la gente sienta, que piense un poco y que procese la realidad , y sobre todo que no de las cosas por sentadas.

La gente en general está alienada y, cada vez más, solo aprende a consumir y a no preocuparse por las cosas. Por el otro lado, la inercia gubernamental es el olvido.

Hay una política consciente o inconciente proclive al olvido, aunque no te lo digan. Al parecer se firmó la paz y todo fue como si “ya firmamos, olvidémonos de todo y miremos hacia el futuro.” Yo digo que sí hay que ver hacia el futuro, pero viendo también hacia atrás, para no volver a pasar por lo mismo. Si no recordás, de nada sirve haber sufrido lo que sufrimos. De nada sirve que tanta gente haya ofrendado su vida.


Fuente: www.elperiodico.com.gt


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