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“El racismo está incrustado en la estructura del Estado”
Por Rodrigo Estrada - Guatemala, 29 de noviembre de 2005

Rigoberto Quemé Chay, líder indígena, fundador del comité cívico Xel-Jú, con el cual llegó a la Alcaldía de Quetzaltenango en dos ocasiones.

¿Considera que va el país con el rumbo de resolver sus problemas de fondo?

Pienso que no, creo que las acciones que se han tomado y la misma organización del Estado desde de la firma de los Acuerdos de Paz, han cambiado muy poco para propiciar el desarrollo integral y plural, así como la democracia.

Los cambios han sido poco significativos, habrán cambiado de una manera cosmética, pero en el fondo la estructura sigue siendo lo mismo.

¿Con esto me dice que la agenda de los Acuerdo de Paz ya no es válida?

Yo creo que se quedó como una agenda mínima, porque han venido a aparecer nuevos problemas, es decir, no pierde validez, lo único es que su dimensión se ha reducido a raíz de problemas como la globalización y la migración, que no están contemplados en los Acuerdos de Paz. Hay que tomarlos como una base muy mínima, debido a que los retos se han multiplicado y el Estado no se ha preparado para responder a esta multiplicación.

¿Cuáles son los problemas de fondo que hay que resolver?

Son dos, primero la cuestión económica y la otra la cultural, esto se debe resolver de manera simultánea. Desafortunadamente, los políticos de derecha e izquierda siempre han privilegiado lo económico; por un lado el libre mercado y por el otro la lucha de clases, pero han soslayado la cuestión de los derechos culturales.

¿Cómo ve los liderazgos en el país?

La guerra vino a hacer un daño terrible a los liderazgos sociales y políticos; desafortunadamente, sólo los liderazgos económicos son los que se toman como referente, eso no debería ser así porque los movimientos sociales que no están vinculados a la esfera de poder económico también pueden dar líderes. Ahora todas las personas que están en la escena pública son personas que han estado gravitando alrededor de la cuestión económica del país.

¿Y qué se debe hacer para buscar otros referentes de liderazgo?

Habría que tomar una actitud primaria desde las bases comunitarias para que la gente empiece a hacer política, y allí vienen los comités cívicos, los cuales podrían hacer un contrapeso a la participación política desde arriba, ya que abajo no existe esa posibilidad.

¿La descentralización podría contribuir a solventar los problemas de fondo?

La descentralización es una herramienta vital para el desarrollo, pero hasta el momento no la hay. No debe ser sólo que el Presidente esté abrazando a los niños y que les vaya a hacer ofertas, esa no es la esencia de la descentralización, la esencia es que el municipio tenga más competencias en salud, en educación, más posibilidades de obtener recursos, no como un regalo del Estado, porque ahora lo que es un derecho se presenta como un regalo; llega fulano de la Secretaría Ejecutiva, llega el Fondo de la Paz, llega el FIS (Fondo de Inversión Social), llega el Presidente como que es Santa Claus a dar dinero, pero es un derecho de la población.

¿En dónde queda el racismo y la discriminación en los problemas de fondo del país?

Son un eje transversal que atraviesa las relaciones económicas, sociales y políticas. Está muy incrustado en la estructura institucional del Estado.

El Estado en sí mismo es racista, todas sus acciones, su lógica, sus procesos, están pensados en función de una sociedad imaginada, una sociedad integrada bajo una identidad nacional que no existe.

¿Cómo sensibilizar sobre este racismo que viene desde el Estado?

Lo primero es sensibilizar a las comunidades sobre sus condiciones de aislamiento, tienen que entender que sus condiciones de pobreza, miseria, enfermedad e ignorancia, devienen de una estructura de Estado que no les favorece. Muchas poblaciones creen que esa condición que mantienen es natural, por que viene de 20 generaciones y la gente se acostumbra a que esa es la forma de vida.

¿Es decir hay que hacer entender a la población para que puedan ser autosuficientes?

Sí, porque nos han acostumbrado a que tenemos que esperar sentados la benevolencia de alguien; alguien que nos ayude, alguien que nos regale algo. Creo que esa actitud hay que cambiarla. Decía un escritor: “Hay que cambiar la actitud de amo que tienen los racistas, pero también la actitud de esclavos que tienen los discriminados”, es un cambio de actitud general para no estar exigiéndole al Estado.

¿Ve usted la esperanza de un relevo, de un cambio que se pueda dar?

Sí, pero no es a corto plazo, la esperanza está en las nuevas generaciones que están teniendo acceso al sistema educativo, porque eso les abre las puertas al entendimiento.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 281105


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