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Este archivo explica por qué somos callados, desconfiados y amishados
Por Claudia Méndez Arriaza - Guatemala, 23 de julio de 2006

Gustavo Meoño, 57 años, es el coordinador del Proyecto de Recuperación del Archivo Histórico de la Policía Nacional.

Millones de documentos correspondientes a los archivos policíacos fueron hallados el 5 de julio del año pasado. La Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) coordina desde entonces, con un equipo de 90 personas, las tareas de limpieza, organización y clasificación de cada papel.

Día tras día, los archivistas encuentran hojas que registran los oficios diarios, denuncias, capturas, memorandos, hoy fieles testigos de los quehaceres policíacos de más de un siglo. Con un presupuest previsto de US$4 millones, este grupo tiene programado terminar la clasificación en agosto de 2007. El procurador de Derechos Humanos, Sergio Morales, presentará entonces un informe de resultados de investigación, además de una propuesta para regular el acceso al archivo mismo. El plan es convertir el edificio del antiguo Sexto Cuerpo de Policía Nacional, en donde se hallan los documentos, en un museo.En esta entrevista, Meoño dice que esos registros no contienen solo datos históricos sino las causas que explican la esencia reservada del guatemalteco.

[1]Delito: Traición

El reverso de la ficha de licencia de conducir de Víctor Manuel Gutiérrez Garbín, líder fundador del Partido Guatemalteco de los Trabajadores (PGT). En febrero de 1963 se detalla su captura y posterior entrega al Juzgado Cuarto de Instancia Criminal. El Director de la Policía Nacional fue destituido por haber entregado al prisionero a los tribunales. La orden del ex presidente Miguel Ydígoras Fuentes era no entregarlo (CEH). Tres años después Gutiérrez Garbín fue asesinado.

Hasta ahora se ha puesto énfasis en el valor que el archivo tiene para documentar violaciones a los derechos humanos, pero en realidad tiene un valor mayor en otros campos: su valor histórico para documentar aspectos de carácter cultural, aspectos fundamentales para entender incluso la idiosincrasia y la forma de ser de los guatemaltecos.

Explíquese.

Los guatemaltecos somos introvertidos, callados y amishados en comparación con los salvadoreños, los nicaragüenses, los hondureños o los mexicanos. Es nuestra forma de ser: reservada, introvertida, pero sobre todo...

¿Reprimida?

Y desconfiada. Nos reprimimos porque nos decimos: “Es mejor ser así, mejor no meterse en problemas”. Todo esto se ha dado por sentado, siempre hemos dado por sentado que así somos y... así somos. Este archivo aporta de manera documental datos que pueden explicar por qué somos como somos. Descubrimos que generación tras generación hemos permanecido sometidos a regímenes represivos y autoritarios que han hecho del control ciudadano una norma. En muchos casos, esa naturaleza represiva estuvo sustentada en legislaciones; hemos encontrado evidencias de niños que eran encarcelados.

Está hablando de la serie de fichas que muestran a niños detenidos durante el régimen de Jorge Ubico. ¿Cuáles eran sus delitos?

Eran detenidos por lustrar botas sin licencia o por jugar pelota en la vía pública; vemos niños que aparecen fichados como delincuentes, con números que los identifican como reos, registran las huellas digitales de sus diez deditos, y las niñas –aparecen numerosas evidencias de ellas– eran detenidas por ejercer la prostitución clandestina, obviamente encarceladas y no en correccionales. Tenemos una ficha curiosa que da cuenta de que alguien fue apresado por bailar en el Bar El Gaucho, donde no estaba permitido.

Nos aparecen con mucha frecuencia niños detenidos por el delito de desobedecer a sus padres.

Y ¿qué evidencia el hecho de que los padres recurrieran a la Policía para que interfiriera en la esfera más íntima: la familia?

Que la cultura giraba en torno al autoritarismo, que las instituciones podían ejercer una autoridad familiar, materna o paterna. Hemos encontrado documentos en los cuales puede verse que 50 o 60 años después, permanecía tipificado el delito de desobediencia a los padres. Está documentado, además, que eran los padres quienes denunciaban a sus propios hijos.

El caso de Antonia Castellanos, que data de 1882, revela que la madre pide a la Policía la captura de la muchacha por fugarse con el novio. El hecho muestra que no eran regímenes solo autoritarios sino también moralistas.

No solo el moralismo, sino el patriarcado llevado a extremos. Es evidente una mentalidad con un moralismo religioso bastante pesado. El hecho importante es que esto lo hemos sabido siempre, pero ahora aparecen documentos oficiales que nos lo demuestran. Sucede lo mismo con el racismo: aparecen expedientes en los que se registra la edad, nombre de los padres, lugar de nacimiento, estatura, color de cabello, pero además la raza, clasificados como ladinos, muy ocasionalmente aparece la palabra indígena o natural, pero los siguientes casos dicen claramente “indio” o “india”, y la connotación que ese calificativo ha tenido siempre en Guatemala nos permite afirmar que hay racismo.

¿Han podido caracterizar cómo evolucionó la institución policíaca?

Un grupo de historiadores trabaja en la reconstrucción de la evolución de la estructura de la Policía Nacional, pretendemos definir cómo evolucionó desde su creación en 1880 (durante el gobierno de Justo Rufino Barrios). Hemos hablado de una filosofía autoritaria y represiva hasta el momento, pero también podemos identificar un discurso a favor de convertir a la Policía en una institución civil no militarizada. Un ejemplo: a finales del siglo XIX los jefes eran civiles. En otros momentos aparecen referencias de imitación de las instituciones policíacas de Estados Unidos, incluso uno de los jefes era estadounidense. Ese es el valor histórico de estos documentos: poder registrar la evolución de la estructura, tanto en su filosofía como en sus estructuras y patrones de actuación. Los expedientes revelan, por ejemplo, en qué momentos se extendió la base de informantes hasta estar en todas partes.

Siempre se ha dicho que Manuel Estrada Cabrera fundó este Estado Policíaco.

Ahora los documentos nos demuestran con datos esos extremos. En esas fechas, efectivamente empiezan a aparecer informantes en todas partes: en las escuelas, en la universidad, en los clubes sociales, en los sindicatos, en las Iglesias... Un fenómeno que se prolongó en el tiempo, quién sabe si permanece en la actualidad, pero podemos decir que mientras funcionó la Policía Nacional, esa realidad se mantuvo y evolucionó hasta ser una estructura sofisticada.

¿Se puede decir que existía una burocracia del informante?

Totalmente. Desde los primeros años del siglo XX se puede notar que se trataba de redes que abarcaban claramente todos los ámbitos de la vida ciudadana. No era una cuestión casual ni circunstancial. Se nota que los informes eran sistemáticos.

¿Cómo eran?

Básicamente relatan... no, la palabra no es relatar, es denunciar, denunciaban a aquellas personas que hablaban mal del gobierno, que poseían lecturas consideradas contrarias al régimen o a personas que se reunían en grupos para hablar e incluso criticar a los gobiernos. Los informantes estaban en todos lados para escuchar, probablemente de ahí viene el calificativo de oreja, es un chapinismo, les llamaban así porque precisamente su trabajo era escuchar y denunciar.

Enrique Guzmán, un nicaragüense exiliado en Guatemala en 1885, escribió que este país estaba tan cundido de “orejas” que hasta los borrachos habían aprendido a ser discretos.

Ese hecho ahora está documentado y la realidad supera a la ficción. La historia de Guatemala se ha caracterizado por su debilidad institucional: largos períodos de dictaduras o sucesivos golpes de Estado. Pero en la Policía no hubo rupturas, podían existir golpes de Estado, revueltas o cambios fundamentales, pero la caligrafía del que rinde los partes policíacos no cambia, es el mismo quien sigue registrando y escribiendo.

¿Qué significa ese hecho? ¿Que el sistema policíaco superaba a los demás?

Sí, no es el único, pero sí es un elemento importante que le tomaba el pulso a la vida política, institucional y social del país continuamente.

Cualquier policía podría decir que una institución policíaca tiene que trabajar con información, es un arma importante. ¿Qué es lo anormal en este caso?

La manera en que se invadió la esfera familiar, la esfera más privada de la vida del ciudadano, pero sobre todo con qué implicaciones. En cierto momento se puede decir: “Bueno hubo invasión de las esferas privadas’”, pero aquí los hechos se transformaron en delitos para que la autoridad actuara en contra de las personas con drasticidad. No era solo un Estado que controlaba sino un Estado que reprimía.

Ustedes probablemente encontraron no solo la historia de la policía sino su arma más potente.

Creo que sí: el control ciudadano.

El archivo permitirá escribir parte de la Historia de este país.

Estamos trabajando también para ello. ¿Ha visto como limpiamos los documentos? Los limpiamos con cariño, el archivista, antes de usar la brocha la pasa sobre el dorso de su mano porque sabe que si le lastima la piel, va a lastimar el papel... estamos conscientes del valor de los documentos.

¿Cuál es el plan ahora?

La estrategia es más clara. Cuando empezamos, nos enfrentamos a un mar de papeles: 70 u 80 millones de documentos. Hoy tenemos claramente diferenciadas dos grandes vertientes de nuestro trabajo: la archivística y la investigativa.

Nuestro trabajo archivístico consistirá en limpiar, ordenar y organizar con criterios técnicos. Hoy al menos dos millones de documentos están limpios y organizados. Entonces desde este punto de vista lo que conseguiremos será contribuir no solamente a conservarlo, sino organizarlo para que pueda ser accesible, para que realmente pueda servir a historiadores, sociólogos, antropólogos.

La vertiente investigativa consistirá en análisis cuantitativo y cualitativo de documentación comprendida entre 1960 y 1996. Es exactamente el período que abarca el informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH)

La investigación que la CEH nunca pudo llevar a cabo. En la correspondencia entre Álvaro Arzú, los ministros, y la CEH se puede ver que las relaciones llegaron a ser ásperas a causa de la solicitud de documentos.

Esa será la gran diferencia. Esas cartas muestran claramente cómo solicitaron a las autoridades, tanto al Presidente de la República, como al Ministro de la Defensa, al Ministro de Gobernación, tener acceso a esos archivos, pero las autoridades respondieron que no existían.

Nosotros hemos rescatado cerca de 250 mil fichas de identificación, que encontramos como basura aquí en este edificio. La documentación permitirá, a través de su estudio, extraer una serie de conclusiones, aportarán datos que permitirán...

¿Reescribir esa historia?.

No diría reescribir porque sería descalificar el trabajo de información que hizo el Remhi (Proyecto Interdiocesado de Recuperación de la Memoria Histórica) y la CEH. Ellos escribieron esa historia basados en la versión de las víctimas sobrevivientes, familiares, en las comunidades, de la gente de las organizaciones. Los documentos permiten contrastar aquello, algunas hipótesis se confirmarán, otras seguramente sufrirán modificaciones... vamos a complementar la historia porque finalmente tenemos acceso al otro lado de la moneda.
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Causas para ser detenido

[1]Delito: Traición

El reverso de la ficha de licencia de conducir de Víctor Manuel Gutiérrez Garbín, líder fundador del Partido Guatemalteco de los Trabajadores (PGT). En febrero de 1963 se detalla su captura y posterior entrega al Juzgado Cuarto de Instancia Criminal. El Director de la Policía Nacional fue destituido por haber entregado al prisionero a los tribunales. La orden del ex presidente Miguel Ydígoras Fuentes era no entregarlo (CEH). Tres años después Gutiérrez Garbín fue asesinado.

[2]Motivo: Desobediente

En 1937, Salvador Vásquez Velásquez fue detenido por desobediencia a sus padres. Tenía 17 años. Durante el régimen de Jorge Ubico, cientos de adolescentes eran consignados por ese motivo. La ley contra la vagancia llevó a muchas personas a la cárcel por carecer de libreto de jornales.

[3]Futuro Vicepresidente

En la ficha de licencia de conducir de Francisco Villagrán, vicepresidente de Guatemala entre 1978-1980, aparece una anotación, la cual data del 16 de abril de 1962. Las líneas le consignan como subversivo; 16 años más tarde, él asumió como Vicepresidente de la República.

[4]Historial de reverso

La otra cara de las fichas revela en muchos casos cómo los niños detenidos volvieron numerosas ocasiones a la cárcel. Entre los 12 y 13 años ingresaron por desobediencia o por lustrar botas sin licencia, pero tiempo después regresaron bajo delitos de hurto, robo e incluso homicidios y asesinatos.

[5]Niñas

En el caso de las mujeres, además de ser consignadas por desobedientes, los padres exigían su captura después de que se fugaban con el novio. Muchas fueron encarceladas por ejercer la prostitución clandestina. Una adolescente de 16 años fue arrestada por robar un vestido a su patrón. El castigo impuesto fue remitirla a una Casa de Vicios y ficharla como prostituta.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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