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Crónica de una infancia diferente
Por Mónica Luengas R.- Guatemala, 26 de junio de 2007

Hace algunos días se estrenó el documental “Las colmenas”, que muestra una cara distinta de las secuelas que dejó el conflicto armado en el país.

Las colmenas, para algunas personas, no son solo la habitación natural de las abejas. Para algunos de los hijos de los combatientes del Ejército Guatemalteco de los Pobres fue, probablemente, la única posibilidad de salir con vida de la guerra y su hogar por muchos años. Las colmenas, en resumen, fueron las casas que se crearon en Nicaragua y en Cuba para que los hijos de algunos de los combatientes vivieran al cuidado de mujeres, militantes también de la organización guerrillera.

Hace algunos días se lanzó en Guatemala el documental Las colmenas, escrito y dirigido por Alejandro Ramírez Anderson, un colmenero y cineasta que decidió contar esta historia, aún desconocida para muchos, con el apoyo de la editorial Del Pensativo. En la siguiente entrevista, Ramírez cuenta acerca de este filme.

Usted es cineasta y fue colmenero, cuénteme ¿por qué sale la idea puntual de hacer un documental sobre las colmenas?
Todo comenzó en 1997 cuando yo regresé por primera vez a Guatemala, después de 17 años, y me encontré con mis amigos de las colmenas. Me empecé a dar cuenta que había mucha fuerza en lo que recordábamos, que era un testimonio muy particular y muy diferente, y desde ese momento yo sentí la necesidad de registrarlo. El proyecto se fue alargando, en parte, porque yo soy el único de los colmeneros que aún vive en Cuba, y hasta ahora se pudo hacer, pero creo que fue para bien, porque la experiencia se fue asimilando de otra forma y en este momento las personas que estuvieron involucradas tienen una opinión más racionalizada del asunto.

Según entiendo, usted logró vivir con su mamá en la colmena, ¿no hubo cierto rechazo de los que no tuvieron esa oportunidad a la hora de las entrevistas?
Hay una cosa, hay algunos resentimientos hacia los padres y algunos hacia las compañeras que se hicieron cargo del proyecto. Pero, entre nosotros, esas cosas casi no han pasado, no hay resentimiento porque sabemos que no tuvimos responsabilidad en esa toma de decisiones. Nosotros crecimos como hermanos en etapas muy bonitas y muy alegres, eso nos formó y nos hizo crear lazos muy fuertes.

Este es un documental muy personal, incluso el camarógrafo y el sonidista son sus hijos adolescentes, ¿por qué incluirlos en este proyecto?
Creo que hay muchos hijos que no conocen realmente cómo ha sido la vida de sus padres. Carolina, la madre de mis hijos, que también fue colmenera, y yo, decidimos que nuestros hijos debían saber cómo fue nuestra vida, quiénes son sus padres, quiénes fueron o son sus abuelos. Ellos nacieron en Cuba y cuando vinieron a Guatemala empezaron a conocer este mundo, a las personas de las que hablábamos y a comprender esa relación de hermanos. Por otro lado, tengo la suerte de que mis hijos son bastante inquietos, les gusta meterse en mi trabajo y yo tenía ganas de hacer algo con ellos. De repente, se me ocurrió que este podía ser el proyecto. Luego fue beneficioso, porque yo sabía que cuando se hicieran las entrevistas iban a salir cosas que no se iban a repetir nunca más y por muy fuertes que fueran, yo sí quería que ellos lo vivieran. Hubo momentos bien difíciles, que si lo vemos desde el punto de vista profesional, afectaron lo que sería la realización, pero no me importó, era algo que ellos tenían que vivir. Al final, este es un producto muy personal, muy de nosotros.

¿Cuál es el trasfondo del documental?
Quería mostrar cómo una misma experiencia, en iguales condiciones, cada quién la asimila y la procesa de forma diferente. El documental tiene una diversidad de opiniones sobre el proceso, muy rica, están desde las positivas hasta las más negativas, desde las más frías hasta las más comprometidas, también hay quien lo vivió y lo ve desde afuera.

Usted tiene una carrera como documentalista poco conocida en Guatemala, cuénteme un poco de sus trabajos.
Mi primer documental se llama Rostros de tres siglos, que parte de una exposición fotográfica sobre ancianos cubanos de más de cien años. Se presentó en varios festivales cubanos e internacionales, donde se ganó ocho premios. Luego hice un documental que fue mi tesis, que trataba sobre la reestructuración de la industria azucarera cubana y fue titulado De moler. Este golpeó muchísimo, tuvo mucho más recorrido internacional y ganó 20 premios, entre los que se cuentan algunos en Italia, España y Venezuela. Luego está Monteros, que trata sobre una comunidad de cazadores de cocodrilos en Cuba. He realizado también proyectos colectivos y ahora estoy en la postproducción de un documental sobre la vida de Silvio Rodríguez.

“Las colmenas”
>Alejandro Ramírez Anderson.
>Ediciones Del Pensativo y Producciones Canek.
>53 minutos.
>Disponible en Librería Del Pensativo (5a. avenida norte No. 29, La Antigua Guatemala) y en Sophos (avenida de La Reforma y 14 calle, zona 10
).

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 250607


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