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Pablo Monsanto. El comandante. Candidato presidencial por la Alianza Nueva Nación (ANN)
Por Silvia Duarte Amado - Guatemala, 2 de septiembre de 2007

El jefe de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) sonríe poco y habla mucho. Señala tanto al poder económico como a sus contendientes de izquierda.

¿Qué ofrecería su Gobierno?
—Una revolución pacífica y constitucional para incorporar a los pueblos indígenas en el nuevo pacto político y social. Estos pueblos nunca fueron tomados en cuenta en la elaboración, discusión ni aprobación de las constituciones del país. Es necesario convocar una Asamblea Constituyente donde todos los sectores estén representados.

¿Este cambio constitucional se basaría en los Acuerdos de Paz?
—No. Cuando iniciamos las negociaciones, planteamos once reformas a la Constitución; eran sólo para abrir el camino a todas las que el país necesita. Ahora no serían solo esas. Reformaríamos en un 75 por ciento la Constitución actual.

¿Diría que eran débiles los Acuerdos que firmó?
—Es una situación coyuntural. A una negociación, uno debe ir consciente de que va a sacar un porcentaje, no un cien por ciento. Se trata de sacar el mayor porcentaje posible, y nosotros logramos solo eso; no todo lo que queríamos, porque hubiéramos tenido que entrarle al tema financiero, al sistema bancario, incluso, al deporte, que siempre ha sido manejado por una mafia.

¿Quedó insatisfecho con lo firmado?
—No. Sólo se confirmó que quienes firmaron los Acuerdos con nosotros no son capaces de honrar los compromisos que asumen.

¿Se refiere al Gobierno de Álvaro Arzú y al Ejército?
—No. Los gobernantes responden a intereses de sectores nacionales y extranjeros, no son ellos los que deciden. No decide (Óscar) Berger. Eso es falso. Mandan los poderes fácticos. El poder económico es el que decide, es el responsable de lo que ha pasado en el país; es un ente heterogéneo. Hay diferentes intereses que entran en pugna, como se manifiesta en las elecciones. Eso sí, a la hora de defender el sistema se unen, eso fue lo que sucedió en la guerra.

¿Cómo luchará pacíficamente contra el poder económico?
—Nos fortaleceremos como fuerza política y crearemos un gran frente nacional para gobernar. Si no estamos en el poder, no cambiaremos este país. Si para algo me sirvió ser diputado, es para ver cómo funciona el mecanismo de control del Estado.

¿No le bastaron 36 años de lucha para estar consciente de eso?
—Nosotros teníamos un conocimiento teórico, pero ahora lo vi y lo confirmé. Si alguien dice que ese Congreso es democrático, es falso; así como con el Estado, la mafia y el crimen organizado son quienes lo tienen en sus manos.

El crimen organizado tiene tanto dinero, y tanto poder, que le resulta fácil inmiscuirse en un partido político, en un Gobierno. ¿Cómo defenderse de eso?
—Hay que ver lo que ha pasado en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Cuando los pueblos ven con claridad, se deciden a luchar y defender sus intereses. El pueblo debe conocer la verdad y defender sus derechos. (Rafael) Correa, en Ecuador, ganó y no tenía ni un diputado ni un alcalde. Sin embargo, llamó a las masas organizadas y le está dando vuelta a ese país.

Es como Estados Unidos. Podrá tener cohetes atómicos y la tecnología militar más avanzada del mundo, pero el pueblo de Irak lo está derrotando porque está dispuesto a morir para defender su dignidad. El día que este pueblo tenga esa voluntad y esa oportunidad, lo va a hacer.

En seguridad, ¿cuáles son sus planes?
—Un sistema nacional en el que participe de lleno la población guatemalteca. Hay que organizarla para que vele por su seguridad. Hay que depurar la Policía Nacional Civil y aumentarla a 40 mil efectivos, para responder a las normas internacionales. Se debe depurar y reestructurar el Ministerio Público (MP), que para lo único que sirve es para encubrir negocios ilícitos de la mafia y el crimen organizado, incluyendo la cuestión de los bancos. No han hecho nada por investigar y llevar a la cárcel a esa partida de delincuentes. Aquí no se investiga a los que evaden, eluden y defraudan el fisco. Esos deben ser tratados como delincuentes, porque le roban a Guatemala hasta 9 mil millones de quetzales cada año.

Ellos controlan puertos, aeropuertos, aduanas, y una red de contrabando que ha metido más de 15 mil millones de quetzales al año, incluyendo a la familia del Presidente de la República. Nosotros presentamos una denuncia ante el MP hace dos años y ¿qué ha hecho? Nada. Eso, en cualquier otro país del mundo, hubiera sido un escándalo que obligaría al Presidente a renunciar.

Hay que fortalecer el sistema de justicia. Quien diga que va a terminar con la delincuencia en 15 días o 5 meses es un demagogo y un farsante. No se puede combatir con los pocos recursos que tiene el Estado a más de 200 mil delincuentes y tampoco se van a matar. No se puede terminar la rabia matando a los ‘chuchos’. Hay que vacunarlos. Esa concepción represiva de algunos candidatos es una concepción fascista.

Si no ofrece mano dura un comandante, ¿qué ofrece?
—Tenemos mano dura. Nos enfrentamos a un ejército de 60 mil efectivos y a más de un millón de patrulleros civiles. No necesitamos demostrar que somos valientes, “que los tenemos bien puestos”, no necesitamos divulgarlo. Se trata de poner en práctica el Sistema Nacional de Seguridad. Estamos en contra de la privatización de la seguridad, porque sólo pueden tenerla quienes tienen dinero. Es una locura, lo han convertido en un negocio; cada guatemalteco tendría que pagar un policía privado para poderse desplazar.

Habla de organizar a la población para que se encargue de velar por su propia seguridad. Así se vendió la idea de las Patrullas de Autodefensa Civil.
—No. En Cuba existen los Comités de Defensa de la Revolución. En Venezuela, no; pero existen organizaciones de poblaciones que defienden sus intereses y sus propiedades. En Nicaragua surge una organización social amparada por la Revolución. Defienden sus derechos y controlan la delincuencia. Además, echan a andar proyectos que garantizan seguridad, bienestar, empleo, salud, educación y vivienda. Yo hasta ahora lo acabo de ver, y una experiencia así debería realizarse en Guatemala.

Esto último es lo que se espera de los Consejos Comunitarios de Desarrollo (Cocode). ¿No es cuestión de fortalecerlos?
—Lo que pasa es que la corrupción termina por deformar esas cosas. En las negociaciones de paz quisimos cambiarle el contenido a los consejos de desarrollo urbano y rural, porque los controlaba el Ejército. Queremos que los controle la población.

Pero podemos ver casos exitosos entre los consejos comunitarios
—Pero muy pocos. Los demás se deformaron y tergiversaron. No se puede conseguir un sistema de seguridad sin la participación ciudadana. ‘Mano Dura’ dice que va a integrar cuatro fuerzas de tarea, y con eso va a acabar con la inseguridad; lo que va lograr es una guerra; va a producir más de 19 muertos al día.

¿Anuncia otra guerra?
—A mí me han preguntado muchas veces: ¿usted cree que va resurgir el movimiento guerrillero? Y yo me digo, ¿cuántos aguantan en el monte más de 8 días? Yo tuve un año de adaptación en la montaña. Cuando tenía 17, me separé de mi familia, de mis amigos, no iba al cine ni a una fiesta, a nada. Lo único que nos unía al resto de la sociedad era un radio. Eso no es fácil, no lo hace cualquiera.

Aquí se puede dar una guerra en los barrancos, que están llenos de gente armada. Yo le decía al Ministro de Gobernación: “cuando ustedes capturan a los mareros, no los capturan con armas de fabricación industrial, es fabricación casera”. Dentro de esa gente hay algunos que están capacitados para eso. Eso de que “voy crear fuerzas de tarea y en 15 días voy a tener el control”, es demagogia pura.

¿En cuánto tiempo tendría usted el control?
—En uno o dos años. El problema es el desempleo, la desnutrición.

¿Qué Reforma Agraria implementaría?
—Hablamos de desarrollo rural. A mí me gusta poner de ejemplo el caso de Taiwán, una isla del tamaño de El Salvador, con 22 millones de habitantes. En Canadá existe una ley que reglamenta un límite de extensión de tierra. Usted no puede decir yo quiero una propiedad de cien caballerías.

¿Habla de expropiación?
—En los Acuerdos de Paz quedó establecida la creación del Fondo de Tierras con las propiedades obtenidas de forma irregular. Cómo es posible que en Petén haya gente con 500 caballerías de tierras. El Gobierno tiene que poner en práctica la Ley de Catastro, recuperar las tierras obtenidas ilegalmente y venderlas, no estamos hablando de regalarlas. Hay que hacer lo que está haciendo Chávez. Aquí sería menos difícil, porque en Venezuela la gente no quiere regresar al campo. Nosotros no hablamos de una reforma agraria como el decreto 900 (aprobado en el Gobierno de Jacobo Árbenz). Hablamos de una ley de desarrollo rural. Hay estudios y proyectos en el Congreso que podrían implementarse. Yo he estado varias veces en Europa y, por ejemplo, hay que ver los niveles de producción que hay en Holanda. Lo que produce una hectárea en Holanda, no lo producen 100 caballerías en Petén. Es cuestión de inversión y tratamiento de la tierra.
En Petén tenemos una ganadería extensiva: 100 vacas para 2 o 3 caballerías. No puede ser así. Importamos medio millón de toneladas de maíz de Estados Unidos; allá es más barato, porque el Gobierno subsidia a los agricultores. Hay que invertir en el desarrollo económico y no sólo asegurar la producción, sino la distribución, la comercialización, la capacitación, la infraestructura.

¿De dónde van a salir los recursos para invertir en desarrollo económico?
—Del mismo cuero de donde salen las correas. Hay que hacer pagar a los ricos. Si se van a seguir llevando nuestro oro, que por lo menos nos quede el 35 por ciento.

¿Cómo les hará pagar?
—Hay que aumentarles los impuestos. Los ricos no pagan impuestos. La SAT sólo recupera el 60 por ciento del IVA ¿y el 40 por ciento restante? Los ricos dicen que capitalizan el IVA, no que se lo roban. Hay que penalizar la evasión de impuestos. Aquí, los Gutiérrez salen de este país cuando quieren y se roban más de Q2 mil quinientos millones al año.

¿Y dónde están esas pruebas? ¿Ha reunido algunas como diputado?
—Pregúnteselo a la SAT. Las esconden. Es que todo el sistema lo tienen bajo su control. Son una mafia de cuello blanco. Dionisio Gutiérrez dice que Hugo Chávez o Daniel Ortega son delincuentes, y él le robó a su tío, don Arturo Gutiérrez.

¿Y ninguno de los dos le ha ofrecido o negado financiamiento para su campaña?
—No. Cuando me salí de la URNG, algún sector me ofreció pagarme el partido o poner la televisión a mi servicio. Yo no soy Joaquín Villalobos (ex comandante guerrillero salvadoreño).

¿Y qué haría con el Ejército?
—Hay que dignificarlo. Hay que darle su papel: defender la soberanía y la integridad del territorio nacional. Por eso, planteamos cambiar la Constitución, porque se le atribuyen tareas de seguridad interna. Un soldado no está preparado para eso; está preparado para enfrentarse a los combates contra otro ejército.

Hablemos de las relaciones cívico militares que, hasta ahora, se centran en los tratos entre el Presidente y los círculos de oficiales superiores. ¿Podrá ser el verdadero comandante de las Fuerzas Armadas?
—Por supuesto que sí, como lo es Hugo Chávez en Venezuela; como lo ha sido Evo Morales en Bolivia; como lo es Correa en Ecuador. Claro que sí podré lograrlo. Entre nosotros y los militares ha existido una buena relación; ellos saben que nosotros podemos dirigir un ejército. Existe una buena relación entre los militares y nosotros porque nos respetamos. Porque sabemos lo que es ser combatiente, sabemos lo que es compartir una misión. Sabemos lo que es estar bajo la disciplina militar. El Ejército debe corresponder a los intereses del pueblo. Hasta ahora no lo hace; se ha utilizado para reprimir al pueblo.

¿Podrá terminar con el secreto de Estado que tantas veces ha amparado al Ejército?
—Nosotros fuimos uno de los principales promotores en la comisión de Gobernación para que el pueblo y las instituciones tengan acceso a la información. Como Gobierno, estaríamos decididos a lograrlo. Una vez no se declare guerra o estado de excepción, la información debe estar abierta al pueblo de Guatemala.

¿Cómo fortalecer el poder civil?
—Fortaleciendo las organizaciones y creando las instituciones de participación ciudadana. Yo lamento que la llamada sociedad civil no sólo sea tan débil, sino que un gran porcentaje de sus dirigentes sean muy corruptos.

No olvidemos que una de las causas de esa debilidad es el conflicto armado en el que usted participó
—La causa fue la represión. Hay que garantizar la participación de la población.

Varias comunidades denuncian haber sido víctimas de un fuego cruzado entre ambos bandos; no hablan únicamente de la represión del Ejército.
—El Informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico y el del REMHI (Recuperación de la Memoria Histórica) son claros en los porcentajes; la participación y responsabilidad que tuvo el movimiento armado está ahí.

Usted sigue hablando de una sociedad comunista…
—Sí. Pero es una sociedad que no ha existido. Allí es donde yo admiro el proceso chino. Ellos tienen una visión clara de lo que es el socialismo. Los chinos lo tienen claro: hay que distribuir riqueza, no se puede distribuir pobreza.

¿Comunismo? ¿Cuándo fracasó en la ex URSS y en Europa Oriental? ¿Y no puede decir que China no coquetea con el capitalismo?
—Los primeros dos no eran comunistas, existía un capitalismo de Estado. No, yo estuve en China y es interesantísimo. Ninguna empresa extranjera es dueña de una pulgada de tierra. Yo conocí la fábrica Kodak más grande del mundo; además de las instalaciones industriales, están las casas de los obreros.

¿Y qué de los salarios y las condiciones de trabajo en China? ¿Es ese el ejemplo a seguir?
—Son salarios bajos si se toman nominalmente, como dice Fidel. Ni un obrero norteamericano gana lo que gana un obrero cubano, porque este último recibe salud, educación y todos los servicios totalmente gratuitos. Yo tuve esa discusión con los coreanos y los taiwaneses y les dije: “no pueden venir con esas ‘babosadas’, no le pueden pagar a un guatemalteco como a un chino, porque aquí el Estado no les da todos sus servicios”.

¿Defina la izquierda que usted lidera actualmente?
—Una izquierda que cree que el Estado es el rector de la economía y del desarrollo social. Que los ricos paguen y el Estado invierta. Aquí, el capital hace lo que se le da la gana. Hacen quebrar los bancos porque a través de la ‘off shore’ sacan millones de dólares. Por otro lado, no les vamos a quitar su dinero, señores, pero tienen que invertirlo aquí.

¿Tiene la izquierda posibilidades?
—Sí, si no estaría yo aquí. Es lo que necesita el país.

¿Una izquierda con tres presidenciables?
—Un revolucionario es aquel que está comprometido ideológica y políticamente con un proyecto revolucionario. No puede decirse ahora que todo el pueblo de Guatemala es revolucionario.

¿Se refiere a Rigoberta Menchú?
—Sí. Rigoberta dejó de ser revolucionaria hace muchos años. En primer lugar, Rigoberta Menchú llegó a ser Premio Nobel porque nosotros la promovimos.

¿Está restándole mérito a la Premio Nobel?
—Lo digo con toda honestidad porque se lo puedo decir a ella. Rodrigo Asturias y yo la propusimos. Rigoberta jamás va hablar en contra mía, porque ella sabe que ahora está donde está porque nosotros la hicimos. Fue un error del movimiento revolucionario. Ella era miembro del Ejército Revolucionario de los Pobres, y el EGP creyó que tener a la premio Nobel se iba a convertir en su principal fuente de financiamiento. Eso generó problemas internos. El primer asesor que tuvo Rigoberta Menchú fue Miguel Ángel Sandoval, quien por sus características, entró en contradicciones con ella y los separaron. Entonces, pusieron a Gustavo Meoño, que no es ningún tonto; además, es un hombre inteligente, quien la independizó del movimiento revolucionario.

¿Y ahora no lo une nada con Menchú y Sandoval?
—Empezaron a alejarse y alejarse. Rigoberta Menchú llamó a votar por Arzú.

Usted tiene relación con militares…
—No haga esa comparación. Eso no tiene nada que ver. Ella llamó a votar por Arzú. ¿Por qué no llamó a votar por el Frente Democrático Nueva Guatemala?

Entonces, en las próximas elecciones, ¿es imposible que sea compañero de fórmula con Menchú?
—Es que hablando en general, todos los indígenas tienen una conducta que en determinado momento les brota el resentimiento contra el ladino, se vuelven fundamentalistas. Es una característica que no sólo tiene Rigoberta Menchú, lo tiene Rigoberto Quemé, todos ellos.

Esas son palabras de la derecha decimonónica de este país.
—Yo creo que es así. Los indígenas creen que la culpa de lo que les pasa la tenemos la gente de ahora, y no es así. Eso es desconocer el proceso histórico del país. Yo creo que ella tiene un enorme resentimiento, igual que Nineth Montenegro, que culpaba al Partido Comunista de la desaparición de su marido. Ella nunca ha sido revolucionaria, nunca.

¿Qué confianza puede generar la izquierda si sacan “los trapitos al Sol” que debilitan al movimiento?
—Yo no le he sacado ningún trapito al Sol ni las ataco. Yo lo único que dije cuando Nineth decidió irse de la ANN fue que lamentaba que se fuera a la derecha. Ella es una mujer de derecha. No digo que sea igual a Pérez Molina. Eso ya es fascismo. Al igual que en la izquierda, en la derecha hay matices. La unidad se desarrolla sobre ejes que son muy coyunturales. Usted va a Venezuela y se da cuenta que a Hugo Chávez lo apoyaron 5 o 6 partidos de izquierda.

¿No será que usted se alzó en armas por pueblos indígenas que desconocía?
—Gracias a esa lucha es que ahora tienen los espacios que tienen. Son más de 250 organizaciones indígenas. A mí me decía Rolando Morán: “¿Sabés cuál es el problema de los indígenas en Guatemala? Que no saben que quieren”. Mi formación cristiana tuvo mucho que ver en mi lucha. Yo lo que digo ahora es que no es suficiente decir, “esto es nuestro porque hace 500 años nos despojaron de nuestros bienes”. Ni son suficientes la represión y explotación de 500 años para que exista la obligación de darles. Ellos tienen que tener objetivos claros. Un grupo de representantes indígenas llegó a decirnos en la víspera de la firma de los Acuerdos: “Si la URNG no logra la autonomía para los pueblos indígenas, nosotros nos vamos alzar en armas”. Yo les respondí: “Yo se las doy, si los hemos estado llamado durante 30 años”. Antes eran perseguidos por brujería; ahora, en cualquier lugar se reúnen y realizan su ceremonia. Esa es una conquista de los Acuerdos de Paz. A nosotros nos acusaban de querer Balcanizar Guatemala, de crear una serie de pequeños Estados que después desarrollarían una guerra. Son ellos los que tienen que decir lo quieren y luchar por ello. No se trata de darles un regalo. Eso es paternalismo.

¿Cuál es su relación con Hugo Chávez?
—Ninguna. Si tuviéramos financiamiento de Hugo Chávez, tendríamos una gran campaña. Yo lo he visto en varias oportunidades y lo he saludado. Con Daniel Ortega sí tengo relación, además de ser compañero, es mi amigo.

Pero el mes pasado, en Nicaragua, Chávez lo nombraba efusivamente en un acto oficial. ¿Pareciera que han hecho más que saludarse?
—Me mencionó porque es un personaje revolucionario como yo. Yo lo admiró a él, pero no tengo una relación personal con él.

Hablemos ahora de los militares en sus filas
—Tenemos un candidato militar, ¿qué pasa con eso?

Pero Báuer Paiz lo acusó de pactar con 80 militares
—Pero es un viejo mentiroso, sinvergüenza e ignorante. Yo no me voy a meter a atacarlo. Hay un grupo grande de militares con el que tenemos relación, pero ya no pertenecen al Ejército y están conscientes de que fueron utilizados por la institución armada; al final del conflicto, quienes se quedaron con todo el pastel fueron los que están en el Gobierno.

Se da cuenta de todas las imágenes que han cambiado: el Estado es peor de lo que decían sus principios teóricos; los indígenas no son lo que imaginaba; y no todos los militares son iguales.
—Usted está sacando conclusiones falsas. Eso es lógica formal, no tiene nada de dialéctica. Eso de utilizar premisas falsas para sacar una conclusión falsa no está permitido. Yo no dije que luché por un indígena que no conocía; yo conocía la injusticia, y la población que más la sufría era la indígena. Respecto a los militares, yo no tengo nada en contra de ellos por el simple hecho de ser militares. Si llegamos a gobernar, van a jugar un papel importante. Y eso no sólo con nosotros. Mire el ‘show’ de Rigoberta. ¿En realidad va a llevar a Ríos Montt a la cárcel? Eso no es posible. El Estado español no se va a prestar a eso, a mí me lo dijo un embajador de España.

Causó sorpresa la designación en la primera casilla por el distrito central de Ana Lucía Alejos Botrán, ex vocera del fiscal general, Carlos de León, acusado de recibir millonarios contratos a través de empresas ligadas a él.
—A mí me la presentó Amílcar Méndez. Yo no la conocía, sabía que estaba acusada de mandar a matar al marido, que había sido vocera del MP. Yo no conozco la vida privada de Ana Lucía ni me interesa. Ella me dijo a mí: “Mire comandante, yo lo que quiero es entrar al Congreso y luchar desde ahí. Usted sabe que vengo de una familia de mucho dinero y muy reaccionaria, pero si usted me da una oportunidad…” Nosotros lo discutimos en el partido y la aceptamos.

Su nombre figura entre los últimos presidenciables, según las encuestas. ¿Cuántas veces será candidato?
—Lo que tenga de vida voy a luchar por la Presidencia.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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