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Jorge Murga: “Es necesario identificar y reconocer nuestros auténticos valores.”
Por Hugo Madrigal - La Hora, 20 de agosto de 2005

Antropólogo de formación, investigador de profesión, Jorge Murga es autor entre otras obras de “Iglesia católica, movimiento indígena y lucha revolucionaria” (Santiago Atitlán, Guatemala), presentada recientemente por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, IIES, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Jorge, el viernes 22 de julio recién pasado asistimos a un acto poco usual de presentación y entrega de un libro: En el Salón Mayor “Adolfo Mijangos López” del MUSAC, el cual cuenta con más de 300 butacas y estaba completamente lleno, vimos a personas de diversos sectores sociales asistir con entusiasmo desde muy temprano y, lo que fue más sorprendente todavía, la presencia de la delegación de Santiago Atitlán quemando pom, celebrando con bellos cantos tz’utujiles y recibiendo el libro que por cierto usted dedica a Gaspar Culán Yataz y Felipe Vásquez Tuiz. ¿Cómo explica usted ese fenómeno?

En primer lugar Hugo, considero que se trata de un libro cuya problemática apela al interés de muchos guatemaltecos. Recordemos que es una obra que se sitúa en la convergencia del movimiento católico, indígena y revolucionario, y que ello concierne en mayor o menor medida a la sociedad guatemalteca. Ese es un elemento importante de explicación. Pero creo además que esta obra fue recibida con entusiasmo por el pueblo guatemalteco, porque responde a sus expectativas: necesitamos saber más sobre lo que vivimos recientemente, encontrar respuestas a muchos interrogantes que se nos plantean, conocer mejor nuestra historia. Y nada mejor que un libro de esta naturaleza para hacerlo. Respecto al fenómeno tz’utujil de aquella noche inolvidable, conjeturo que se explica sobre todo por la apropiación que de la obra hicieron nuestros hermanos: es un libro producto de largos años de trabajo con ellos, de intensas relaciones afectivas y que no pudo escribirse sin su participación directa y decidida. Era normal que el pueblo maya Tz’utujil viniera a recibir su libro y se apropiara del evento. Una vez más, los tz’utujiles hicieron historia y establecieron las pautas de lo que debe ser un acto de tal naturaleza en Guatemala. Y nada más memorable para la Universidad de San Carlos de haber sido ella quien lo presidiera.

¿Convergencia de tres movimientos?

Si, Hugo la problemática central del libro es esa: como en un contexto anticomunista, el neotomismo de Jacques Maritain crea el mantillo propicio para la llegada de la teología de la liberación a Guatemala y cómo esa evolución ideológica de un sector de la Iglesia guatemalteca, sumada al fracaso de las cooperativas y ligas campesinas y a la represión que cae sobre ellas, favorece el encuentro de cristianos, indígenas y revolucionarios.

Pero Jorge, usted se plantea también otro desafío: demostrar que la entrada de las sociedades mayas a la modernidad no se ha traducido forzosamente en el desvanecimiento de sus representaciones ancestrales. ¿Es eso cierto?

En efecto Hugo, nuestra obra intenta mostrar que la individualización de las conciencias no ha eliminado necesariamente las representaciones mayas tradicionales. En Santiago Atitlán, eso se hace evidente cuando el pueblo expulsa al ejército del municipio y recupera un modelo de organización tradicional para velar por su seguridad. Pero además, y sobre todo, en la interiorización por todos los actores políticos del papel central de Maximón en la gestión de la comunidad. Es justamente esa interiorización la que muestra que las representaciones ancestrales forjadas alrededor de una de las más importantes divinidades mayas siguen subordinando al conjunto de conciencias tz’utujiles. Uno podría, si quisiera, hacer una demostración similar aunque con matices y variantes en el resto de comunidades indígenas del país.

¿Y entonces? ¿Significa esto que la Iglesia no ha logrado evangelizarlos, que los mayas siguen resistiendo?

Así es, sus representaciones sociales, es decir, la forma como los mayas se perciben a sí mismos y como perciben a la divinidad, sus modalidades de relación con los demás y con la naturaleza; eso que comúnmente llaman cosmovisión, son las que garantizan la resistencia, las que les han permitido seguir siendo ellos y mantener su especificidad como pueblo.

¿Pero, eso puede interpretarse como una forma de querer permanecer en el pasado, de aislamiento, y de no querer avanzar en la dirección en que lo hace la humanidad?

Puede efectivamente interpretarse así, y hay quienes todavía lo entienden de esa manera, pero ese no es nuestro punto de vista. Más bien, buscamos mostrar que la conquista no ha sido consumada, que los mayas siguen resistiendo y que lo hacen desde lo más profundo de su identidad. En todo caso, debe quedar claro que toda cultura tiene su propia verdad, que no existe una sola dirección hacia el futuro y que los mayas, como otros pueblos del mundo que también resisten la colonización, tienen la suya.

Interesante Jorge, ¿Y por qué esta obra se dedica a Gaspar Culán Yataz y Felipe Vásquez Tuiz?

R. Porque ambos son un símbolo Hugo, porque al dedicársela a estos hombres que lucharon por la liberación de su pueblo, se dedica también a lo que ellos representan. Es necesario que los guatemaltecos identifiquemos y reconozcamos nuestros auténticos valores. Cuando lo hagamos habremos hecho la revolución en Guatemala.

Fuente: www.lahora.com.gt


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