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Alfonso Bauer Paiz: "Yo si soy de izquierda"
Por Julieta Sandoval - Guatemala, 12 de junio de 2005

Dice no arrepentirse de mantener las mismas ideas socialistas que ha defendido durante toda su vida.

Un hombre de 87 años que conoce la historia, no porque se la contaron, sino porque la ha vivido. Durante la conversación menciona fechas exactas de acontecimientos, así como nombres y apellidos de unas 30 personas que participaron en esos acontecimientos. Al preguntarle cómo hace para tener tan buena memoria, simplemente responde: “han sido golpes duros en mi vida.”

Alfonso Bauer Paiz dice que no es fácil ser consecuente con sus ideas, pero prefiere tener la conciencia tranquila antes de poseer una posición económica alta.

“Todos los días me levanto a las cuatro de la mañana, hago gimnasia, voy a nadar y camino. Antes hacía más ejercicio pero ahora voy para abajo”.

¿Cuándo empezó en la política?

Yo entré a la política por la dictadura de (Jorge) Ubico, quien restringió las libertades. No tuve la intención de hacer carrera política sino de cambiar las condiciones del país. Era una época terrible porque la dictadura designaba hasta los decanos y conserjes en la Universidad Nacional de Guatemala, así se llamaba en ese entonces la Universidad de San Carlos de Guatemala, en donde estudié Derecho. La lucha empezó ahí con muchas personas como Manuel Galich, los hermanos Méndez Montenegro y otros.

El movimiento se inició con organizar repasos de baile. Después se hicieron reuniones culturales en donde se hablaba de Rafael Landívar, Francisco José de Irisarri, Mariano Gálvez y otros personajes a quienes se les ponía expresiones que no podían decírsele directamente al dictador. También se solicitó la destitución de decanos y profesores, lo cual era un atrevimiento.

Pero fue en un homenaje a Flavio Herrera, en donde Alfonso Orantes al dar un discurso dijo la memorable frase: “Los intelectuales no tienen más destino que el encierro, el destierro o el entierro”. Esto emocionó a las personas presentes y de ahí se salió a la calle, empezando las protestas.

Los primeros pasos

Cuando Bauer entró a la Escuela de Derecho en 1936, tenía 18 años, empezó la guerra civil española, por lo que la mayor parte de los jóvenes eran partidarios de los republicanos y adversaban a Francisco Franco.

El pertenecer a una clase pudiente ocasionó que sus compañeros pioneros en la lucha universitaria lo vieran diferente. “¡Que culpa tenía yo de haber nacido de dos familias relativamente acomodadas ambas de ascendencia terrateniente!”, exclama y cuenta que su padre fue fundador de dos periódicos en Guatemala y dos en El Salvador. Las ideas revolucionarias tampoco eran ajenas para a él, en especial desde el triunfo del comunismo en la Unión Soviética, en 1917.

Alfonso Bauer dejó su puesto como cronista deportivo en Nuestro Diario porque su padre se negó a aumentarle el salario. En ese entonces ganaba Q10. Fundó la revista Senderos (1938-1942), en donde Manuel Galich publicó muchas de sus obras, las cuales otros medios no se atrevían a hacerlo.

¿Cómo participó usted en la llamada Primavera Democrática de 1944-1954?

Formé junto a compañeros universitarios y de nivel básico el Frente Popular Libertador. Ese fue el primer partido al cual pertenecí.

Cuando Juan José Arévalo ganó las elecciones (1945) yo salí electo diputado al Congreso y fui primer secretario del mismo. Después el presidente me llamó al Ejecutivo, en ese entonces no se podía conservar la curul y renuncié a ella. Creo que mi vida de actuación política ha sido consecuente con las ideas que he tenido; al principio no era marxista pero lo soy desde que conocí la ideología.

¿Qué diferencia hay entre ser diputado en aquella época y ahora?

Completamente abismal. Yo entré de diputado cuando tenía 26 años. Me eligieron primer secretario, pero no tenía experiencia, sin embargo uno de los diputados era Julio Bonilla González, quien había sido mi profesor en bachillerato. Yo recurría a él y aprendí. No teníamos asesores, ni viáticos, ni gastos de representación, y trabajábamos intensamente ganando Q100, yo un poco más (Q115) porque era primer secretario.

¿Cómo se define políticamente?

Como un hombre de izquierda y de pensamiento marxista. Yo sí creo que el progreso de los pueblos depende mucho de la lucha de clases.

¿Se podrá en estos tiempos practicar aún lo que la izquierda y el marxismo promulgan?

Es una ofensa pensar que no. Ahora tenemos el neoliberalismo que es el pensamiento fisiocrático del siglo XVIII, de la clase alta explotadora de toda la vida que ha dicho que la dejen hacer, y no como dice nuestra Constitución en el primer artículo: “el fin supremo del Estado es el bien común”. Ahora lo sagrado para ellos es la propiedad privada.

Tan válido es que el único país verdaderamente libre de América Latina es Cuba, porque todos los demás andan haciéndole la barba a los Estados Unidos o mejor dicho, al imperio. Además, se está viendo el resurgimiento en Venezuela que en menos de dos años alfabetizó a todo el país. Así que eso no es obsoleto.

¿Y cómo está la izquierda en Guatemala actualmente?

Fragmentada y debilitada. Debe formarse una verdadera izquierda porque ahora no la hay. Hay unos cuantos izquierdistas aislados completamente excluidos, pero que no han querido contagiarse. Yo prefiero mantener mi conciencia muy tranquila antes de cualquier otra posibilidad.

¿Usted ingresaría a algún partido o sería candidato?

Actualmente no hay un partido que merezca mi respeto. Ahora dicen que para ser político no hay que ser baboso y para ser diputado hay que tener chequera. Yo, por fortuna, las dos veces que fui diputado jamás ofrecí ni siquiera una playera porque creo que es inmoral. Si van a votar por una persona que lo hagan por su calidad y no por lo que da.

¿Cómo mira el movimiento iniciado por Nineth Montenegro?

No me pregunte por personas en especial. Pero yo estuve en octubre del año pasado en el primer gran encuentro que tuvo ese movimiento y ahí mismo se planteó que no había que hablar de izquierda sino de progresistas, y yo sí soy de izquierda.

De todas las personas que ha conocido ¿a quién admira y por qué?

Políticamente le puedo asegurar que no ha habido presidente mejor que Juan José Arévalo. Ha sido el candidato con más votos en una elección del siglo XX, el 80 por ciento y le sigue Jacobo Arbenz con 70 por ciento.

Desde el punto de vista intelectual o consecuente a Manuel Galich, una persona admirable.

El coronel Carlos Paz Tejada, un hombre que jamás fue inconsecuente, siempre defendió la democracia, vive en México pero con dignidad no como muchos de sus colegas que han llegado a parar en asesinos, ladrones y ahora en entregadores del país.

También admiré mucho a monseñor Próspero Penados del Barrio, un gran personaje y un religioso verdaderamente sincero. Admiro y reconozco a la gente que, aunque no piense igual que yo, tiene una conducta ética que es lo que se ha perdido.

¿Y la persona menos aceptable como político?

Ahora no hay políticos sólo politiqueros. Es una corrupción generalizada. Hay quienes lucharon con las armas en la mano por muchos años pero tristemente ahora están metidos en el sistema de una manera hipócrita.

Como si fuera ayer...

Antes de concluir la entrevista, Alfonso Bauer cuenta algunas anécdotas de su vida estudiantil y política:

“Cuando fue el triunfo de la Revolución no fui de los 14 estudiantes que se alzaron en contra de Federico Ponce Vaides, pues me perseguían y estaba escondido en la casa de un amigo que tenía ideas similares a las mías, era el padre de Carlos Zúñiga quien es ahora representante del Cacif en materia agraria”.

“Muchos de mis compañeros, pioneros en la lucha, no se graduaron conmigo en 1942. Cuando triunfó la Revolución de Octubre se dieron casos curiosos como el que Manuel Galich fue ministro de Educación y todavía no era abogado, en similar situación estuvo Mario Méndez Montenegro y otros compañeros”.

“En la época de Ubico sólo se permitían los partidos de los extranjeros: los alemanes tenían su partido nazi, la colonia italiana su partido fascista y los españoles su falange. A ellos los dejaban circular y hacer actos públicos pero a los guatemaltecos no”.

“Un día la directora del colegio católico donde estudiaba me dijo que debía ir a confesarme. Yo me negué porque no podía creer en algo después de que el profesor Joaquín Pardo me enseñara lo que había sucedido durante la Inquisición”.

“Un empresario poderoso me preguntó una vez si yo era partidario del proteccionismo o no. Y le contesté: recuerdo que cuando fui ministro de Trabajo y Economía había un señor en Quetzaltenango que tenía un tal molino Excelsior; en ese entonces los gringos mandaban cantidades apabullantes de trigo y harina al país y estaba por quebrar esa industria. El gobierno prohibió las importaciones de esos productos. Entonces le pregunté si acaso era su pariente. Me respondió que era su abuelo. ¿Ya vio? le dije, el capital de su familia viene de un acto de proteccionismo de la Revolución”.

“Cuando mi papá vivió en El Salvador combatió a las oligarquías, lo echaron de allá por bolchevique, así le decían a los comunistas. El responsable de la expulsión fue el padre de doña María Vilanova de Arbenz, quien fue después gran simpatizante de las ideas comunistas”.

Para Alfonso Bauer cada persona trae una vocación. La suya era el trabajo intelectual. Recuerda que, mientras muchos de sus amigos y hermanos querían estar en el club Guatemala o el club Alemán, divirtiéndose y pasando el tiempo, él prefería perderse entre libros y escritos. “Yo siempre tiré para el monte, como diría mi mamá”, concluye sonriendo.

Fuente: Semanario de Prensa Libre • No. 49 • 12 de Junio de 2005 - www.prensalibre.com


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