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“No debemos conformarnos” Entrevista a Ricardo Arjona
El cantautor confiesa en exclusiva sus sentimientos por Guatemala
Por Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa - Guatemala, 5 de marzo de 2007

Las elecciones, la candidatura de Rigoberta Menchú, violencia, migrantes y la visita del presidente George W. Bush no son temas ajenos al cantautor guatemalteco Ricardo Arjona, quien hizo una pausa en su gira internacional y concedió una entrevista a Prensa Libre, la cual aprovechó para instar a sus paisanos a no ser conformistas y soñar por una Guatemala distinta.

Alejado por un momento de las luces, el público y los aplausos que por más de seis meses ha recibido en su gira por Latinoamérica, Arjona tomó un respiro para responder preguntas poco comunes en el medio artístico, y por 45 minutos habló de cómo ve al país, qué le provoca y lo que cree que hay que hacer para cambiar una realidad que le duele.

Un Arjona sonriente, de ropa casual, con tenis, sin calcetines y con el “vos” característico de los guatemaltecos, llegó al camerino del Auditorio Nacional de la capital mexicana, donde después deleitaría a miles de espectadores, en el último de 12 conciertos que ofreció.

“¿Por dónde comenzamos?”, preguntó.

Pocos guatemaltecos han alcanzado el éxito como usted..., ¿qué se siente?

No me gusta asumir el éxito ni creérmelo demasiado. Yo sigo haciendo lo mismo que hacía cuando estaba en Guatemala, cuando era más difícil tener cómplices para mis canciones, tenía menos posibilidades. Ahora tengo más aliados de mi música en más países.

Cuando visita Guatemala, ¿ hay alguna sensación diferente?

Yo, frente a los guatemaltecos, me siento más débil. (…) Podría soportar una crítica terrible a mi trabajo en cualquier país del mundo, pero si me la hacen en mi país, me dolería el triple. El staff que viaja conmigo lo sabe. Aunque hemos tenido la suerte de estar en muchos lugares, como el Madisson Square Garden, en Nueva York, Argentina y Chile, ocurre algo diferente cuando nos paramos en Guatemala; a mí me tiemblan las piernas. Es el lugar donde yo me pongo más nervioso.

¿Por qué?

Siento al país como parte de una familia que dejé de ver hace muchos años, por eso, si cualquier cosa mala me puede pasar en el escenario, prefiero que me pase frente a gente que no conozco.

La Guatemala de ahora no es la misma que dejó hace más de 15 años, ¿cierto?

Esa Guatemala que yo dejé, que conocí como un peatón y como un tipo que andaba en camioneta, agarrado de los dos tubos de afuera, o en los ruleteros; que conocí con dos piedras en la mano para poder atravesar un puente donde asaltaban regularmente, que viví como un tipo normal y como parte del pueblo, es una Guatemala que sigue habitando en mi memoria de una forma muy fresca, y eso me ha permitido reconciliarme con la calle.

¿Qué extraña de Guatemala?

Me extraño a mí en sus calles, y lo que yo era cuando vivía allá. A veces me siento demasiado lejano de ese muchacho. Para cualquier persona que me conoció en esa época resulta increíble ver quién soy hoy, porque nadie creía en mí. Yo era un muchacho irresponsable, jodón y que iba sin ningún rumbo, que no tenía nada.

En el pasado, usted escribió: “Los políticos viven de las mentiras, y los compositores, de meterse en el pellejo de la gente”. ¿Sigue pensando igual?

Creo que debemos defender la posibilidad de escoger a la persona que nos va a manejar, pero también tenemos la obligación de exigir que estos cambios de nombres cada cuatro años no representen el seguimiento a dictaduras o partidos que modifican nombres y colores, y la realidad sigue siendo la misma.

¿Votó alguna vez?

Lo hice una vez, pero no me recuerdo. Me parece que la posibilidad de encontrar fe dentro de un voto es algo que no se le debe negar a ningún país. Como pueblos, estamos en ese momento en que debemos salirnos de esa olla en la que por años nos hemos venido cocinando.

Guatemala vive un año electoral, ¿hay un mensaje que enviar?

No podemos dedicarnos a sufrir, debemos entender nuestra historia antes de salir a la calle y protestar; tenemos una historia de dirigentes interesados en saquear y marcharse, y eso es algo por erradicar.

¿Qué debería suceder en Guatemala para que la realidad cambie?

Hemos visto en los últimos años que hay gente que se atreve un poquito más a trasladar sus buenas intenciones hacia el cambio. Lastimosamente, muchos se quedan en el intento o se pierden en las arenas movedizas que ha significado una historia de corrupción y malos manejos. Creo que Guatemala padece una de las enfermedades más graves que puede padecer un país, y es la de conformarse y que los ideales de muchos ya no apuntan a ninguna parte.

La premio Nobel Rigoberta Menchú, su amiga, decidió competir por la Presidencia del país, ¿qué opina de esto?

Yo lo platiqué con Rigoberta, me parece que hace mucho que se lo negaba a sí misma, a sus amigos y a los grupos que la apoyan. Pero detrás de ella hay un líder que no la deja en paz, que en algún momento la iba a llevar a asumir el reto.

Esta candidatura ha generado aplausos y críticas a la vez.

Cualquiera puede manifestarse y tratar de ocupar un sitio, pero es importante que se atrevan a proponer cambios con propuestas sociales para cambiar el país. Después será el voto el que va a definir si la propuesta de Rigoberta convence a la población, pero esto será una decisión que va más allá de las buenas intenciones que ella pueda tener.

¿Cómo pretender que la población tenga fe, si la mayoría de promesas nunca se las han cumplido?

Las guerras civiles se han evitado por los ofrecimientos de la Iglesia Católica, que asegura que aquí se puede tener una vida jodida, pero en el cielo todos estaremos contentos, y por la institución del voto.

La gente pone su fe en esta novela que se da cada cuatro años, que desde que tengo uso de razón es igual: el primer año la gente dice que esa persona era la que estaban esperando, y pone todas sus expectativas en él. El segundo, que es muy poco lo que lleva, que le falta tiempo. El tercero, que es un vago, y el cuarto, un hijo de... y al final de su mandato todos quieren que se largue.

¿Está informado de la violencia e inseguridad que afecta a Guatemala?

La violencia se fue para otro lado. Los acuerdos de paz han jugado a resolver el problema, pero lo que han hecho es ponerle un velo, como un final feliz, pero el problema continúa.

Después de tanto tiempo de guerra no se le pueden quitar a la población las armas y dejarle las manos vacías. Debe tener algo a qué aferrarse, un azadón, un pincel, una guitarra. Si no, tiene suficientes motivos para asaltar a la gente y resolver sus problemas día a día.

Está por llegar al país el presidente estadounidense, George W. Bush, ¿qué piensa de esta visita?

Un tipo como Bush no debería ser bienvenido en ninguna parte, menos en Guatemala. Estamos muy lejos de que este gobierno (el de Bush) pueda entender que el armar guerras en otros países es crearse enemigos para ellos mismos, en lugar de tomar como socios a los migrantes.

Y de los migrantes guatemaltecos...

No conozco a ningún migrante que no tenga esperanza de volver a su país; siempre está de paso, y eso no le permite tener una buena vida. EEUU sigue aferrado a la figura del desalojo, sin tener conciencia real de la fuerza que tendría su país si los hiciera sus socios.

Más del 60 por ciento de los guatemaltecos son jóvenes, ¿qué les diría?

Tenemos que encontrar la forma de aferrarnos a la autenticidad, porque las cosas que se ven en televisión son enlatadas. Guatemala debería emprender una lucha para que los medios estén en manos de guatemaltecos y que se puedan transmitir ídolos que hablen y digan cosas como nosotros. Debemos sentirnos orgullosos de nuestros artistas, de gente que hable como nosotros y no que las soñemos y estén a miles de kilómetros.

¿Podría vivir en Guatemala otra vez?

Por supuesto que no lo descarto, pero no en el corto plazo, tengo que esperar a que las aguas bajen. Me encantaría que me vieran más como un tipo normal que como el artista, poder ir a tomarme un atol de elote al parque, que mis amigos me trataran como el cuate aquél; ahora me tratan demasiado bien.

Éxitos

Es el único guatemalteco que ha obtenido premios Grammy. Ricardo Arjona nació el 19 de enero de 1968 en Antigua Guatemala.

El 2 de noviembre del 2006 ganó un gramófono dorado Grammy Latino en la categoría Mejor Álbum Pop.

El mes pasado obtuvo el Grammy Award estadounidense, por el Mejor Álbum Latino.

En la gira para promocionar su disco Adentro, 900 mil personas lo han visto. Ha dado más de 100 conciertos.

Concierto popular

En mayo próximo, Arjona vendrá al país, y prometió dar un concierto popular. “Tengo la obligación de hacerlo”, aseguró.

Explicó que la mayoría de veces ofrece los conciertos en el Teatro Nacional, como si fuera un “capricho”, para recordarles a los guatemaltecos que “tenemos uno de los teatros más hermosos de América Latina”.

Además, dará detalles de la Fundación Adentro, con la que espera “poner algo en las manos de los guatemaltecos que no tienen a qué aferrarse”.

El cantautor comentó la necesidad que tiene de colaborar para cambiar la realidad del país, en especial la de aquellos que tienen vocación artística y no reciben apoyo.

Frases: “Estoy muy orgulloso de ser guatemalteco”

Arjona comentó sobre diversos temas:

“Yo tuve que padecer esa ingrata pregunta de qué sentís ahora que te volviste mexicano. A mí me molesta mucho eso. Yo siempre dije que era guatemalteco. Estoy muy orgulloso de serlo”.

“Me sigue doliendo Guatemala” “Cada vez que voy a una reunión de guatemaltecos hay una fuerza de debilidad que me habita, que me hace sentir como extraño porque sigo siendo guatemalteco, sigo pensando en los guatemaltecos”.

“A mí me dicen que me conocieron, y muchas veces les sigo la corriente porque yo comprendo que hay una parte de emoción, y sigo la conversación hasta que las mentiras no dan para más. Me he encontrado a compañeros de equipo que yo no me acuerdo jamás de haberlos conocido o que dicen que estuvimos en la misma clase. La selección juvenil de los años 1980 en la que yo participé debe haber tenido por lo menos cinco mil jugadores”.

“Yo llegaba a mi casa y me ponía a escribir canciones, porque era lo que más me gustaba hacer, y ahora sigo haciendo lo mismo, sólo que tengo más cómplices en más países”.

“Yo era un tipo verdaderamente irresponsable, era mucho más divertido. Ahora me he vuelto víctima de muchas cosas, de convertirte en un foquito de luz que significas muchas cosas para un montón de gente”.

“He hablado de ese miedo que te da presentarte en tu propio país con muchos colegas, y ellos aseguran que les pasa lo mismo. Todos padecen la misma enfermedad, pero yo considero que estoy más enfermo. Pero a todos nos cuesta cantar cuando estamos en nuestra tierra”.

“Yo sigo teniendo muchísima más relación con la gente del pueblo, del barrio, que con los que habitan las altas esferas y que están cerca de los que nos volvimos un poco famosos, haciendo este trabajo que antes hacíamos en banquetas”.

“Me siento mejor con la gente sencilla. A mí me gusta subir los pies en las mesas de centro cuando voy a la casa de mis amigos, y poder hacer las cosas que no puedo hacer en las casas donde, por el respeto que me representan, no me siento cómodo”.

“No fui a la gala de Grammy porque ya tenía compromisos en México que me lo impidieron”.

Fuente: www.prensalibre.com - 040307


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