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Julio Hernández: “Dejé el trabajo y me dediqué a escribir” - Entrevista
Por Hilda Rodas - Guatemala, 18 de agosto de 2008

Su carta de presentación es ser genuino que, aunque se califica como tímido, tiene el empuje de echar a andar importantes proyectos.

Su conversación es natural, nada preparada. Ve hacia el vacío, evocando recuerdos, y los externa tal cual son, los mismos que un día soñó y, ahora, son parte de su historia que motiva un brillo en sus ojos.

La falta de dinero no lo detuvo en lo imposible. Jamás pensó en las consecuencias negativas de dejar su trabajo. Se centró únicamente en lo que creía. Vio la oportunidad en el Festival de San Sebastián, en España, y la tomó como el recurso para cumplir su meta: tener su primer largometraje a los 32 años.

¿Cómo llegó San Sebastián?

Desde que estaba escribiendo la historia ya sabía que el festival tenía la sección de cine en construcción para ayudar a las películas de bajo presupuesto. Era mi caso. No tengo dinero ni el apoyo de un instituto de cine.

¿Cuál era tu expectativa?

Normalmente me repito “chicle y pega”, para mí lo lógico era intentarlo. No perdía nada más que lo del Fedex, y las impresiones si no lo lograba, en cambio si ganaba era mucho. La fecha límite para entregar el trabajo era mediados de junio.

¿Ya lo tenías hecho?

Empezamos la película en marzo, y la terminamos el dos de junio del 2007, cerca de la fecha límite para enviarla. Pero hablé con mi editora y, simultáneamente, rodamos y editamos.

¿Existía temor de no dar la talla?

Sí, porque Guatemala es un país pequeño. Empecé a verlo así: “si hubiera una película hondureña en cartelera ¿usted la iría a ver?..” Pero me llené de esperanza cuando me llamaron por ser uno de los seis elegidos de 129 trabajos. Para ellos era un milagro tener una película guatemalteca. Fue muy emotiva esa llamada, después de la serie de problemas y deudas que me dejó la película. Nunca había estado en un festival de esa magnitud. Me impresionó. Nos recogieron en un auto de lujo en el aeropuerto con el logo; la gente se paraba a ver quien iba, seguro se decepcionaron al vernos.

¿Estabas seguro de ganar?

No. A las películas se les notaba el dinero.

A la hora de la premiación, ¿qué había en tu cabeza?

Estuve cuatro noches allá, las primeras no dormí nada, y la última no me dio tiempo de cambiarme, así que llegué a la premiación con mi sudadero y mojado por la lluvia. Así, en medio de trajes y corbatas…

¿Qué pasó cuando te lo dijeron?

Eran cinco premios y el primero (de Cicae) era para Gasolina. Subí todo nervioso, nunca pensé en un discurso antes para no desilusionarme, y me encontré con caras de asombro, era como si en el mundial un país chico le gana a la potencia. Solo quería bajar de ahí. A los 40 segundos, el premio era otra vez para Gasolina… ya era suficiente. Por último me entrevistaban de EFE, y sentí las miradas de la gente, y es que no me di cuenta de que el premio mayor también era para mí.

¿Y lo más impactante?

Todo. Al bajar del escenario me llovieron las tarjetas de presentación. Fue raro, 50 fotógrafos delante de mí diciendo que sonriera, y yo “todo fachoso”. Al siguiente día, miles de mensajes en la contestadora de gente que quería reunirse conmigo. Me costaba asimilarlo.

¿Tan inesperado fue?

Cuando entré a la sala sentía que el jurado me veía. Uno espera muchas cosas de su trabajo, pero pocas veces coincide lo que uno piensa de éste con lo que la gente externa nota. Yo sabía que Gasolina era una propuesta sincera, pero estoy consciente de que el arte es subjetivo. En el fondo tenía cierta certeza, pero no lo quería decir en voz alta.

¿Cómo viste los demás trabajos?

Muy fuertes. Llegué al festival sin tarjetas de presentación, sin kit de prensa, con mi primera película y sin celular, eso me puso nervioso, porque veía al resto más alto.

Después de eso, ¿qué piensas de que usen adjetivos para referirse a tu persona como el Osado, en Costa Rica?

Es exagerado. Yo soy muy tímido y no me gusta esta vitrina, pero sé que es para promocionar la película, además en Guatemala hay mucha gente que está trabajando. Veo el cine tan importante como la educación y la salud, y es el gremio más abandonado. Siento que es porque existe hambre en Guatemala de que las cosas no salgan bien.

¿De qué se trata Gasolina?, ¿en qué te inspiraste?

Estoy enfocado a un cine íntimo y personal. Esta idea vino en 1994, cuando tuve una experiencia con unos amigos en una gasolinera. Trata sobre la intolerancia, social, económica, racial y la violencia usada como un arma para “solucionar” cosas.

¿Qué tenía sobre las demás propuestas del festival?

Cuando se proyectó, creó un momento de silencio. Fue impactante y fuerte. Había argentinos que decían “cuidado con los chapines, porque nos pueden patear”. Habla de Guatemala de manera honesta. Creo que sucitará un diálogo. Es diferente, contada con planos abiertos, tomas amplias; la música son los sonidos de la ciudad, la oscuridad y los disparos de las madrugadas. Los actores no son profesionales. Es una ficción y un documental. Los jurados dijeron: “Es una película fresca, contemporánea, con sentido del humor y, a la vez, fuerte”.

¿Cómo supiste que ya era el momento de hacer un largo?

Sentía que estaba un poco tarde estudiando lo que me gusta y debía hacerlo, sin importar nada, antes de los 32 años. Dejé de trabajar en un noticiero que me consumía de 9 de la mañana a las 11 de la noche, hablé con mi esposa y me sometí a Cinergia. Todo el mundo me decía “espérate”, pero no. En San Sebastián la gente estaba asombrada de lo que hice en unos meses.

¿Qué te hizo sacar fuerzas para seguir?

Las veces que me deprimí más fue cuando trabajé haciendo lo que no disfrutaba. El horario de rodaje fue de 11 de la noche a tres de la mañana, pero me hizo feliz. Ahora, sé que tengo que tener paciencia y ya.

¿Cómo va el proceso?

La película ya está terminada, el estreno mundial fue en Suiza la semana pasada, en el Festival de Locarno, en una sección de cine independiente. En septiembre estará en San Sebastián, y en octubre, en Guatemala.

Fuente: www.prensalibre.com


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