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Sobre poesía y Centroamérica: Entrevista al poeta Alan Mills
Por Amalia Gieschen - Buenos Aires - París, 3 de septiembre 2005

No digo que hayamos olvidado nuestra historia inmediata, ni nuestros muertos, o que estemos insensibilizados; es más bien una ruptura de corte estético, contra cierta retórica, contra una manera de decir las cosas.

¿Cómo es la relación particular que existe entra la poesía actual y la historia literaria y política de tu país?

Puedo decir que hay una relación, como siempre y como en todas partes, de ruptura y asimilación. La mayor ruptura es, quizás, frente al discurso que predominó en los últimos años en la lírica guatemalteca, hablo de la retórica de la lucha armada o la relacionada directamente con el conflicto armado interno que vivimos por más de 3 décadas y que finalizó en 1996. No digo que hayamos olvidado nuestra historia inmediata, ni nuestros muertos, o que estemos insensibilizados; es más bien una ruptura de corte estético, contra cierta retórica, contra una manera de decir las cosas. Sin embargo se lee con cierta atención a las figuras más originales que surgieron en esa etapa: Francisco Morales Santos, Luis de Lión, Isabel de los Ángeles Ruano, Ana María Rodas, Mario Payeras, Gerardo Guinea. Es importante también para varios de nosotros el trabajo de un outsider como Francisco Nájera, que es de lo más sólido y arriesgado.

Adivino que la mayor influencia sobre lo que se hace en poesía actualmente la impone la obra de Luis Cardoza y Aragón, de quien casi nadie reniega: es lectura obligada y de moda. Los más jóvenes, en su mayoría, prescinden de Miguel Ángel Asturias en su faceta de poeta, quizás con razón.

Supongo que tampoco puede decirse que exista una asimilación manifiesta de la vasta herencia de lo maya (de tradición oral, además), mas es algo que a nivel “kármico” quizás salte por ahí.

Como dato curioso, informo que de los 5 escritores más importantes que Guatemala produjo en el siglo XX (Miguel Ángel Asturias, Enrique Gómez Carrillo, Luis Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso y Mario Monteforte Toledo) sólo uno (Cardoza) era propiamente poeta (y, en lo personal, lo prefiero como ensayista).

En definitiva, creo que el más grande poema que ha dado Guatemala es el Popol Vúh, y fue dictado por Dios.

- Breve análisis sobre lo que ocurre en la poesía actual, entre los jóvenes.

En términos generales se escribe una poesía mestiza, heterogénea, desigual, que poco a poco toma conciencia de sí misma. Hace poco prevalecía el juego neo-dadaísta (si cabe el término); el ambiente juvenil era dominado por una lírica que yo llamo “autista” que ya va de salida y que apenas subsiste a través de ciertos grupos o festivales de amigos. También hay algún gusto por otro tipo de poesía que podríamos apellidar “de taller”, más seria y acartonada, continuadora de figurones locales. Las (de)formaciones, intereses y extracciones sociales son bastante diversas aunque existen ciertas vibraciones anímicas, intelectuales y culturales comunes (independientemente del nivel poético alcanzado). Se sabe que en buena parte de la producción de los menores de 40 hay una tendencia a exaltar la existencia en un medio urbano, la vida en una metrópoli rapsódica, violenta e inhumana como Ciudad de Guatemala. En algunos casos tal leitmotiv ha sido llevado al paroxismo y no es difícil encontrar repetidos acólitos de Bukowsky predicando su desolación por los bares. En suma, quizás hablemos de una poesía en desarrollo que subsiste en un medio adverso y exótico. Todavía se notan muy pocos productos bien logrados, cierto, pero a pesar de todo ya los hay.

-¿Hay un boom de la poesía en Centroamérica?

En toda Centroamérica ha habido desde hace tiempo (Roque, Martínez Rivas, Antonio Brañas, etc.) excelentes poetas, no es algo novedoso. Lo que sucede es que ahora un nuevo bloque de vates (Javier Payeras, Fabricio Estrada, Luis Chaves etc.) saca la cabeza y obtiene cierta atención en sus países y un poco en México y España. Pero eso no significa que haya un boom. En algunos países de Centroamérica lo que se percibe es una re-valoración medianamente fuerte de la poesía como constructora de ciudadanía, como alimento espiritual y como actividad cultural de trascendencia. Hablo sobre todo de Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, que organizan festivales con participación internacional (aquí el papel de gente como Otoniel Guevara y Federico Hernández es invaluable). Es visible el interés creciente en este tipo de festivales en la región, con la excepción de Guatemala, donde persiste una idea endogámica, localista, “marginalista” y precaria de los encuentros de poesía (sólo rescatando el Festival Cardoza del Centro Cultural de México). En Honduras, por su lado, hay esfuerzos interesantes como el de Paíspoesible, que ojalá logre más apoyo y difusión. Obviamente, estas iniciativas son positivas en tanto crean vínculos entre poetas y producen acercamientos con grandes de otras latitudes.

Entonces, lo que puede notarse es el surgimiento de las nuevas voces centroamericanas que se visibilizan un poco más gracias a los festivales de poesía, las revistas web y una que otra antología ; pero dicho surgimiento es un proceso natural y, a lo sumo, un indicador del relevo generacional obligado. Añado que en el caso particular de Guatemala el prestigio de la poesía luce bastante minoritario con relación al que despierta la prosa (contrario a lo que sucede en Nicaragua o El Salvador donde buena parte de la movida literaria, me parece, gira en torno a la poesía).

Y bien, siendo el “boom” un término que se aplica normalmente en relación con las ventas y cantidad de lectores, no creo que tal cosa exista en Centroamérica. Quizás haya dos o tres poetas con su boom editorial particular, y aún lo dudo.

- Comentario sobre vos como poeta y tu poesía.

Para mí la poesía ha significado una herramienta de auto-conocimiento, un escrutinio que el lenguaje efectúa en mí y que me comunica hacia afuera. Como poeta mi labor es ser fiel a mi verdad y a mi mentira, trasladar el desconcierto que emana de todo lo vivo y lo muerto, ayudar a pensar o a desesperarse. Si hablo de influencias pienso en muchos, casi incontables y no sólo poetas. Admito que me interesa una poesía que no desdeña el cerebro, creo en la técnica y me fijo mucho en la exploración de nuevas posibilidades lingüísticas a través de variaciones rítmicas. Pero también creo en una poesía con diablo y con sangre. Ante todo, intento ser un animal que aprende de su poesía, permito que la poesía me eduque.

Fuente: www.alanmills.blogspot.com - 010905


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