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Rigoberta Menchú/Premio Nobel de la Paz 1992:
Alvarez debe ser juzgado por genocidio
Por Antonio Cerda Ardura - Guatemala, 20 de diciembrede 2004

El precedente internacional que está sembrando la Audiencia Nacional de España es algo invaluable, fundamental y extraordinario. Es un acto de justicia como nunca se había dado en la historia.

El 31 de enero de 1980, un grupo de campesinos de la región de El Quiché, en Guatemala, tomó pacíficamente la Embajada de España en esa nación para denunciar la violencia institucional que ejercía el entonces presidente Romeo Lucas García.

Idiotizado por el poder, el mandatario tomó a esos agricultores por subversivos y ordenó al ministro del Interior, Donaldo Alvarez Ruiz, y al jefe de la Policía, Germán Chupina Barahona, el desalojo violento de la sede diplomática.

Como perros de caza, una horda de gorilas se lanzó a cumplir la misión, pero, en lugar de detener a los manifestantes, prendió fuego al inmueble, asesinando a 39 de sus ocupantes. Sólo quedaron vivos el embajador Máximo Cajal y López y el campesino Gregorio Yujá.

La masacre no sólo provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre Guatemala y España, sino que uno de los inmolados fue Vicente Menchú, padre de la Premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú Tum.

Durante casi 25 años, los tres matones y sus cómplices gozaron de total impunidad, pero el pasado 9 de diciembre la historia dio un vuelco, ya que el juez Fernando Grande-Marlaska, de la Audiencia Nacional de Madrid, emitió una orden de detención internacional contra Alvarez Ruiz, quien muy campante residía en México y hasta contaba con dos domicilios, uno en San Luis Potosí y otro en Tlalnepantla, Estado de México.

Aunque el sátrapa se encuentra prófugo, las autoridades mexicanas ya lo están buscando, aunque únicamente por su responsabilidad en la muerte de tres españoles: Jaime Ruiz de Albol, Luis Felipe Sanz Martínez y María Teresa Vázquez de Villa, que laboraban en aquella embajada.

En entrevista con Siempre!, Rigoberta Menchú, promotora desde 1999 de la investigación de esos crímenes, asegura que aunque la resolución del juez ibérico es parcial, porque sólo dictó persecución penal por la ejecución de los tres españoles, el precedente que está sembrando la Audiencia Nacional es un acto de justicia histórico. También informa que ha interpuesto un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional de España, para que Alvarez y otros siete carniceros sean juzgados por genocidio, por la muerte de un total de 200 mil guatemaltecos.

Fe en el sistema legal

¿Cuál es su impresión sobre la reclamación judicial internacional de España para la captura de Donaldo Alvarez?

Es una bendición el que la justicia universal se esté concretando con un gran precedente, que dignifica a las víctimas del genocidio en Guatemala. Tengo la esperanza de que algún día termine la impunidad y ya no se permita que gente como Donaldo Alvarez, Efraín Ríos Montt, Augusto Pinochet y otros que han cometido delitos de terrorismo de Estado, secuestro, desaparición forzada y tortura caminen libremente por el mundo, sin ninguna persecución. La petición para detener a Alvarez fortalece mi espíritu y fe en la justicia y en el sistema legal.

Este sujeto encabezó el incendio de la Embajada de España en Guatemala, en donde murió a su padre. ¿Cuál es su expediente?

Donaldo Alvarez Ruiz es una de las ocho personas acusadas ante la Audiencia Nacional de España. La querella, que presentamos en 1999, incluye a los personajes que tomaron las decisiones en la desaparición de más de 600 comunidades indígenas de Guatemala. Urdieron un plan contrainsurgente sobre la base del terror, el miedo y la tierra arrasada, como era la consigna de Ríos Montt, para aniquilarlas. En este contexto, los crímenes que cometió Alvarez fueron espeluznantes. Ordenó, por ejemplo, los asesinatos de Manuel Colom Argueta y Alberto Fuentes Mohr, que aspiraban a la presidencia de Guatemala; la ejecución masiva de estudiantes de la Universidad de San Carlos, que fueron ametrallados, y es directamente responsable de la desaparición forzada, la tortura y los crímenes de dos grandes periodistas, Alaíde Foppa e Irma Flaquer Azurdia. Si hacemos el recuento de su historia, resulta que cuando él fungía como ministro del Interior o como miembro del Congreso, Guatemala vivió los tiempos más crueles. El fue uno de los fundadores de los grupos paramilitares conocidos como Escuadrones de la Muerte, que secuestraron, torturaron, asesinaron, y extorsionaron a un gran número de empresarios. Es un expediente largo, en el que destaca la masacre en la Embajada de España, en la que murió mi querido padre, Vicente Menchú. Tenemos testimonios y testigos de que él dictó la orden para que esa representación fuera asaltada, quemada y no quedaran sobrevivientes.

El único que se salvó fue el embajador.

Las personas que se encontraban ahí alcanzaron a arrojarlo por una ventana. Luego se pudo esconder, gracias a que otras misiones diplomáticas lo sacaron de la clínica a la que había sido llevado. Pero eran dos los sobrevivientes. El otro fue el señor Gregorio Yujá. Pero al final fue extraído del hospital, lo torturaron, lo mataron y luego abandonaron su cuerpo en los campos de la Universidad de San Carlos, en donde eran velados los restos de los masacrados en la embajada. En la lógica de la contrainsurgencia, no tenían necesidad de hacer esa matanza, y menos con esa saña.

Al parecer se utilizó algún tipo de arma química.

Existe un gran abismo en la investigación, en cuanto al uso de ese químico. Las pruebas concretas las reunió lo que quedó de mi papá, que sólo fue identificado porque tenía entre las manos el brazo de un radio de plástico. Sin embargo, su mano estaba quemada. ¡Prácticamente estaba quemado el 95 por ciento de su cuerpo! Y hay otros indicios de que los químicos que usaron eran mucho más destructivos que el kerosén o ciertos tipos de gases. Pero los autores de la masacre intentaron borrar las huellas de aquella atrocidad. No volvimos, por ejemplo, a encontrar los restos de mi padre. El fue enterrado en el Cementerio General, pero no pude acercarme. ¡Jamás hubiera vivido si me hubieran puesto a reconocer su cadáver! Sin embargo, años después promoví su búsqueda y encontré que su tumba fue saqueada. ¡Nunca volví a localizar su cuerpo!

Se cuidaron los asesinos.

Fue un operativo bien diseñado. No fue casualidad. Y casi todos los amigos de mi padre, con los que luchaba por la tierra, igual fueron secuestrados y asesinados. Tres meses después, a mi madre también la secuestró un grupo, de los denominados G2. La torturaron y mataron. Su cuerpo fue abandonado en un cerro y devorado por animales. Eso es lo que las autoridades difundieron. Pero yo sigo buscando, porque no me convence esa historia. A estas alturas, todavía no conozco la verdad.

¿Nunca tuvo la certeza de su muerte?

Nunca voy a darla por muerta, porque no me consta que lo esté. Por eso participo en las exhumaciones, por si aparece en alguna fosa común.

Sólo españoles

El juez Grande-Marlaska solicitó a México la detención y extradición de Alvarez, pero sólo por la muerte de tres españoles. ¿Cuál es su posición al respecto?

La resolución de la Audiencia Nacional de España es parcial. Efectivamente, sólo dicta la persecución penal por los españoles asesinados en el marco del genocidio en Guatemala. Pero yo interpuse un recurso de amparo, ante el Tribunal Constitucional de España, para que a Alvarez se le juzgue por los miles de guatemaltecos que murieron.

Hablamos de 200 mil muertos.

Exactamente. Los querellantes alegamos la inconstitucionalidad de la resolución parcial de la Audiencia Nacional, por nuestros derechos y por la justicia para los guatemaltecos. El Tribunal Constitucional aceptó esta solicitud, pero no la ha resuelto. Yo espero que ordene a la Audiencia Nacional la procuración de justicia y la asistencia a las víctimas del genocidio. ¡No se puede separar! Los españoles son también víctimas del exterminio. En la embajada estaban 36 personas más, que fueron ejecutadas con la misma intencionalidad.

¿Entonces, de un momento a otro habrá respuesta a su petición?

Es una exigencia para que el Tribunal repare esa omisión. Sin embargo, también estoy muy contenta de que la Audiencia Nacional haya girado la orden de captura de Donaldo Alvarez.

Hace tres meses, se solicitó también a la Corte Suprema de Justicia de Guatemala, la integración de una Comisión Rogatoria, en la que participen el señor Grande-Marlaska, el juez Baltasar Garzón, o quien tenga que ver con la Sala 1 de lo Penal de la Audiencia Nacional, de manera que estén presentes en el interrogatorio a los acusados que radican en Guatemala, que son Ríos Montt, Humberto Mejía Victores, Angel Aníbal Guevara, Benedicto Lucas García, Pedro García Arredondo y Germán Chupina. Esa Comisión ya fue admitida y también ya se designó al tribunal guatemalteco que realizará el proceso. Sólo falta concretar el procedimiento para que los jueces ibéricos estén presentes.

¿Por qué el presidente de Guatemala, Oscar Berger, no quiere intervenir? ¿Hay alguna protección a los genocidas?

Definitivamente, no. Nosotros no quisiéramos la interferencia de otras entidades que no tengan que ver con la administración de justicia. El presidente Berger está en lo correcto: la facultad de la justicia recae en la Corte Suprema de Guatemala y él no puede intervenir. Deben ser los tribunales, en tanto que la persecución a estos individuos no es política, sino penal. A pesar de que hubiera deseado que desde hace meses operara la Comisión Rogatoria, yo respeto la dinámica de la justicia y quiero que todo se haga con transparencia legal, como lo hubiera deseado mi padre. Estoy segura de que esos hombres son asesinos, genocidas y torturadores, y que deben pagar por cada delito que cometieron, pero sé que tienen derecho a una justicia transparente. En ese sentido, me parece que es como ha hablado el presidente Berger.

Precedente histórico

Durante medio siglo ha habido una gran impunidad de dictadores y asesinos, a pesar de la existencia de la Convención Internacional contra el Genocidio. El Tribunal Penal Internacional no ha servido de nada. ¿Por fin pagarán los responsables de estos tipos de crímenes?

Si no hubiera ocurrido la detención del dictador chileno, Augusto Pinochet, en Londres, las víctimas del genocidio en todo el mundo hubieran quedado fuera de la consideración de la justicia. Su proceso es un precedente valioso para todas las víctimas de genocidio en América Latina. ¡Esto ha sido extraordinario! Creo que la Corte Penal Internacional es una gran idea, pero esa gran idea no está liberada de las presiones de la doble moral con la que funcionan varias instancias internacionales. Imagino que esa corte llegará un día a juzgar a algún asesino, pero siempre estará presionada por quien le aporta dinero o le da funcionamiento. Sin embargo, siento que el precedente internacional que está sembrando la Audiencia Nacional de España es algo invaluable, fundamental y extraordinario. Es un acto de justicia como nunca se había dado en la historia. La ONU considera al genocidio como delito de lesa humanidad y un atentado contra la conciencia humana. Pero jamás se va a cumplir este precepto si no existe un tribunal idóneo que lo cumpla. Uno de los graves errores del hombre, que han permitido el genocidio, es que no ha habido forma de castigarlo, porque no existe una tipificación real de esa práctica. Así que el caso de Guatemala está sentando un gran precedente en el corazón de toda la humanidad.

Esto pone a la vanguardia a la Audiencia Nacional.

¡Totalmente! Creo que es el único tribunal que ha sentado precedentes, como en los casos de Pinochet y de Ricardo Miguel Cavallo, y algunos otros que están ya dando frutos, como el de Donaldo Alvarez Ruiz. Pero es el comienzo. Tenemos que ver a Alvarez en una cárcel de México, luego extraditado a España y después sentenciado. ¡Será un proceso muy largo! Pero es un paso.

Alvarez está en fuga y otros, como Ríos Montt, han logrado evadir la justicia.

La justicia se evade cuando hay complicidad y reina la impunidad, o cuando un sistema judicial es débil frente a los grupos paralelos o mafias corporativas que tienen tentáculos en el Estado. Son quienes presionan. Ese es el caso guatemalteco. Pero estas mafias han ido perdiendo terreno, porque los países están obligados a respetar la legalidad y porque la conciencia ciudadana y, en este caso, el invaluable trabajo de las organizaciones de derechos humanos, han ido contribuyendo a la impartición de justicia. Yo no pierdo la esperanza de que Ríos Montt y los demás acusados sean juzgados. Pero no estoy segura de que la justicia guatemalteca, por sí sola, pueda soportar las presiones de estos sectores, que están vigentes.

La mayoría son militares.

También hay civiles. El expediente de Germán Chupina es más cruento que el de cualquier militar. Pedro García Arredondo no hace mucho seguía encabezando grupos paramilitares. Entiendo la complejidad de la situación, pero no pierdo la esperanza de verlos acusados de terrorismo de Estado, genocidio, asesinato, secuestro, desaparición forzada y tortura. Tampoco pierdo la fe en que sean objeto de una orden de detención internacional.

Suponemos que hoy, más que nunca, su vida está en riesgo.

No hay que descartar la crueldad con la que han actuado estos grupos. Pero, finalmente, ¿qué podrían ganar matándome, cuando los procesos históricos ya caminaron? Esa es mi gran satisfacción. Es como tener hijos. Y cuando uno ve que los hijitos ya crecieron y volaron, queda mucho más tranquilo. Y yo estoy tranquila. Por supuesto, sé en qué país estoy y conozco a esas personas. Pero para ninguno de ellos pido la pena de muerte. Así que ninguno podría condenarme a mí. Yo no actúo con la muerte. Sólo exijo la ley y la cárcel.

¿Cuál es el ánimo de su país?

Que hay señales profundamente alentadoras sobre la persecución penal del genocidio. Siento un poco de resarcimiento a mi propia dignidad y veo lo valioso que es el trabajo rigurosamente profesional, de entrega, cariño y corazón que han hecho los equipos jurídico, político y de investigación, tanto de la Fundación Rigoberta Menchú, como de las organizaciones y asociaciones de familiares que estamos aglutinados en la querella interpuesta en España.

Fuente: www.siempre.com.mx


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