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Entrevista a Ana María Cofiño
Por Jessica Masaya Portocarrero - 22 de marzo de 2004

jmasaya@sigloxxi.com

LA MUJER EN EL CENTRO DE SU VIDA

Fundadora del periódico La Cuerda, y de la librería El Pensativo, Ana María Cofiño es un personaje fuera de lo común: feminista, antropóloga, amante de los libros, columnista y editora. Se le señala de "tener el corazón en la izquierda pero la billetera en la derecha".

Encuentro a Ana María Cofiño muy a gusto rodeada de libros. Su actitud es relajada pero también a la expectativa; su porte es elegante y seguro. Mientras la escucho hablar se me ocurre que con su grave voz podría dedicarse también a la locución.

Orgullosa feminista, ha desafiado los estereotipos con los que se nace dentro de una familia pudiente y conservadora en Guatemala.


¿ Es difícil declararse feminista en este país?

Desde luego; hay un enorme prejuicio y una ignorancia inmensa, lo cual crea una imagen negativa del feminismo poniéndolo como el opuesto al machismo. A mí no me costó mucho porque ya tenía la actitud rebelde, por eso cuando me enteré de qué era una feminista dije: yo soy eso.

Hay quien dice que el feminismo está superado, ¿es eso cierto?

En el primer mundo se habla ya de posfeminismo; pero en Guatemala la mayoría de mujeres son analfabetas y las más pobres de la población. Hay un incipiente movimiento feminista que está trabajando, si no nadie siquiera hablaría de eso. También es cierto que hay muchas mujeres que no conocen el cuerpo teórico del feminismo, pero por sentirse topadas, independientes, se dicen a sí mismas feministas, pero no hay reflexión.

Entonces, ¿se estudia para ser feminista?

No necesariamente, pero parte fundamental del feminismo es el conocimiento que se ha acumulado. Se puede comparar con mucha gente que se llamaba marxista y nunca leyó El Capital. Lo que pasa es que hay gente que se inclina más al activismo.

¿ Es diferente el feminismo de una mujer pobre del de otra mujer que tiene recursos económicos?

En esencia no. Una mujer burguesa que tiene sus propios recursos es diferente de una mujer pobre que no tiene ni para comer. Sin embargo, ambas compartimos esta maldición que pesa sobre el género femenino: la opresión. Aun en las familias más ricas de este país hay opresión sobre nosotras. Hay familias de mucha plata en las que no se les hereda la tierra a las mujeres, por ejemplo. Y sucede simplemente porque así ha sido siempre; es gente que prefiere no cuestionar.

En donde más se evidencia esto es en la sexualidad. Se puede ser esposa del gerente del banco e igual él puede disponer de tu cuerpo cuando quiere. Otro tema es el trabajo doméstico. Una mujer puede tener un séquito de empleadas a su disposición pero, al igual que la pobre, es ella la que tiene que disponer y estar lista para cuando lleguen las visitas de su marido. La maternidad es otro ejemplo y es algo que comparten las mujeres de todas las clases. Son ellas quienes asumen toda la responsabilidad, y los hombres se desentienden, aunque hay excepciones. Es por eso que dentro de la actividad política el feminismo es pluricultural.


Estudió en un colegio católico para niñas pudientes. ¿Tenían contactos con doctrinas revolucionarias en aquel entonces?

En el Monte María pasó algo que nos marcó a muchas. En 1967 hubo un movimiento llamado CRATER, integrado por jóvenes de colegios católicos. Allí estaba el movimiento renovador de la Iglesia católica que empezaba a hacer trabajo con la juventud para sensibilizar sobre la problemática social. Al descubrir la realidad, al salir de sus casas de la zona 10 y descubrir la cruda realidad, muchos de ellos entraron en jaque y quisieron hacer cambios. Participamos muchos pero los que se radicalizaron y tuvieron contactos con la guerrilla fueron una minoría.

Y en México usted estudiaba, a diferencia de los exiliados que tuvieron que salir de aquí huyendo. ¿Cómo sucedió ese contacto con ellos?

Mientras estudiaba en la Escuela Nacional de Antropología de México hice un estudio crítico de la realidad guatemalteca, de su historia, y además, con la llegada de los exiliados empezó a tomar relevancia en México. Entre los exiliados guatemaltecos había grandes literatos como Carlos Illescas o Alaíde Foppa, entonces iba a escucharlos, a aprender. Cuando vi a Foppa, sólo imagínate: ella era una feminista guatemalteca con una trayectoria impresionante; uno ve eso con gran admiración.

¿ Así empezó su acompañamiento a los exiliados?

No creo que deba llamársele acompañamiento a los exiliados; era más bien involucrarse con mi país y con lo que pasaba. Después, cuando terminé la carrera me fui a San Cristóbal de las Casas porque quería hacer mi tesis allí, en el área maya, cosa que en Guatemala era imposible. Yo había conocido ese lugar desde niña y me pareció maravilloso, para tener hijos y demás...

¿ Cuál fue la reacción de su familia cuando se enteró de sus amistades en México?

No les gustó para nada.

¿Temían por su seguridad?

No quisiera hablar de mi familia porque es algo que uno tiene que respetar. Mi familia es muy tradicional, anticomunista. No les gustaría que hablara de ellos.

¿ Fue un viaje que le cambió la vida?

Sí. Me hizo la persona que soy ahora. Probablemente en Guatemala hubiera tenido un proceso parecido, pero quizá con más dificultades, con más dolor. Si hubiera seguido estudiando en la Universidad de San Carlos, por ejemplo, me hubiera vinculado con las organizaciones de izquierda. Me hubiera visto afectada entonces por la violencia.

¿ En qué año regresó a Guatemala?

En 1987, cuando ya estábamos en época democrática. Me pareció interesante que en el gobierno de Vinicio Cerezo había muchas mujeres trabajando. Todos teníamos esperanzas de más transformaciones, pero fue una gran decepción.

A su regreso, ¿encontró un país diferente?

Sí. Yo había pensado que volver a Guatemala iba a ser fácil. Pero no. Porque Guatemala es una sociedad muy confrontada, agresiva, muy conservadora y muy rígida. Para otros fue un regreso más difícil todavía porque venían sin chamba, sin casa, encontraron a la familia muerta, con amenazas que pesaban sobre ellos. En cambio lo mío era más bien dolor por ver cómo estaba el país.

Con los años, ¿ha mejorado la relación con su familia?

Sí. Con madurez, que es la receta para todo. Ahora está claro que tengo mis posiciones, y sigue siendo difícil cuando escribo mis posturas. Lo bueno es que hay también mucho afecto. Finalmente lo que prevalece es el respeto.

Por sus convicciones tiene relación con gente de izquierda, pero por su familia, con el extremo opuesto. ¿Cómo es esa experiencia?

(Pausa, mira hacia el cielo y sonríe como para sí misma).

Yo no diría que tengo una disyuntiva entre mis amistades de la izquierda y la derecha. Cuando eres chiquita te relacionas con el mundo de tus padres, de tu escuela, pero cuando ya eres una persona individual y autónoma eliges tú mismo con quien juntarte. Yo no elijo precisamente a mis amistades por ser de izquierda, porque ahí hay gente también muy prejuiciosa. Es por afinidades, no sólo políticas sino por afectos. Tus cuates del alma, tu gente, son los que comparten tus ideas, tus sueños.

¿ Por qué cree que la gente encuentra fuera de lo común a una persona pudiente con tendencias de izquierda? ¿Ha oído la frase "con el corazón en la izquierda y con la billetera en la derecha"?

Gustavo Porras decía algo parecido, "corazón de masas". Creo que se necesita ser muy ciego, muy cerrado para no ver la injusticia que hay en este país. Además, si tus intereses intelectuales buscan que el mundo cambie, tanto desde el punto de vista económico como desde el social, hay que hacer cambios en tu vida también. En mi caso no es nada más que tenga relaciones con gente de otras clases sociales, de otro pensamiento político, sino los cambios en la vida cotidiana. Cuando eso no sucede surgen, por ejemplo, los revolucionarios machistas.

Es la rebeldía, que una ya tiene metida en el alma. Ya no te contentás con lo que te dicen, querés indagar, saber si lo que te dicen es cierto. Por ejemplo, en mi caso, y aunque se enoje mi mamá, tengo que decir que mi rompimiento con la Iglesia Católica fue fundamental y fue un proceso. Si te educan como cristiana o católica, lo primero que acarreás, sobre todo las mujeres, es la culpa. Sólo liberarte de ella es una revolución. Cuando empecé a cuestionar la existencia de Dios, me daba miedo que de repente me iba a partir un rayo. Esas rupturas suelen ser dolorosas, son un esfuerzo intelectual tremendo. Si rompés debés tener muy claro las cosas, sino sólo estás asumiendo una pose.

¿ Qué le diría a las que están en la disyuntiva de romper o no con lo establecido?

No les diría que lo hagan; es una decisión individual, muy personal. Para las mujeres en general es muy importante ponerse en el centro de sus vidas, agarrar las riendas. Hay que hacerle caso al corazón, no dejarse llevar por el deber ser. Si se la pasan siendo buenas con los demás pero no consigo mismas, se van vaciando y vaciando, y es lo que les pasó a las generaciones anteriores que se consumieron atendiendo a sus familias, y ya mayores cuando los hijos se fueron se quedaron sin qué hacer.

" Hay un incipiente movimiento feminista que está trabajando, si no nadie siquiera hablaría de eso"

Tomado de Siglo XXI - 22 de marzo de 2004
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