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“Estamos listos para vernos en las pantallas” - Entrevista con el cineasta Rafael Rosal
Por Cristóbal Véliz - Guatemala, 5 de septiembre de 2006

El cineasta guatemalteco Rafael Rosal comenta el desarrollo del cine local y anuncia la segunda parte de La Casa de Enfrente.

Que los guatemaltecos están listos para verse en las pantallas y que el país debe explotar aún más la belleza de sus paisajes para locaciones, son algunas de las impresiones de Rafael Rosal.

Rosal es cineasta chapín, director de la recién estrenada película Las Cruces, poblado próximo, y codirector del colectivo Casa Comal, una de las pocas instituciones dedicadas al séptimo arte nacional.

¿Cuál ha sido la trayectoria del cine guatemalteco?
Para que haya una industria cinematográfica es necesario que haya una producción constante. Eso es lo que hace del cine una industria. Yo considero que en los años 30, 40 y 50 el uso que se le dio al cine fue fundamentalmente de registro histórico y lo usaron los gobernantes. En películas de ficción hubo intentos aislados, producciones que nunca llegaron al público y artistas desconocidos que se perdieron.

Luego en los 60 empieza la época del conflicto armado interno que impidió el desarrollo del cine. Para que exista el cine realmente es necesario que exista libertad. Es en un ambiente de libertad que hay posibilidades de empezar a vernos en las pantallas.

¿Por qué?
El cine tiene una característica, al ser un evento masivo genera identidad. El cine como tal es un generador de identidad nacional. Nos guste o no lo que veamos, lo cierto es que nos entendemos con partes de esa realidad que se está exhibiendo en la pantalla. Si no miremos a los Estados Unidos o a Italia, que están a la vanguardia de la cinematografía. Aquí, según lo considero, estamos empezando a romper el cascarón.

¿Cuál es el antecedente más reciente de ese rompimiento?
Creo que podemos verlo con El Silencio de Neto, de Luis Argueta. Sin embargo, tienen que pasar 12 años para que salga La Casa de Enfrente, en 1993, y suscitadamente, en ese mismo año Lo que soñó Sebastián, de Rodrigo Rey Rosa. Sigue Donde acaban los caminos, del mexicano Carlos García Gras, bajo la producción de Mario Monteforte Toledo. Ahí, hace unos tres años, comienza a haber un crecimiento también en los corto metrajes. En esto último existen importantes directores como Mario Rosales, Méndez Samayoa, Julio Hernández, Domingo Lemus y Luis Urrutia. Pero para llegar a un público masivo estamos en este momento editando VIP, la otra casa, que es nada más que la segunda parte de La Casa de Enfrente, la cual saldrá en noviembre.

¿Cuáles son los retos que se enfrentan ahora?
El primero es la institucionalización del proceso que se ha iniciado. Necesitamos una Ley de Cine, la creación del Instituto Nacional de Cine, y así darle el marco jurídico para que existan los fondos necesarios para que esto continúe, pues no podemos seguir dependiendo del apoyo económico de la cooperación internacional para la producción cinematográfica. Lo más inmediato es crear un marco institucional y legal que permita darle continuidad al incipiente movimiento del cine guatemalteco.

¿Cuál sería el siguiente paso?
La creación del Instituto Nacional de Cinematografía. Hacia esas cosas grandes debemos de apuntar, pues sí no le apuntamos al Sol no le llegamos ni al cerrito de enfrente.

Y en cuanto a los actores, ¿cómo está el país?
Esa es una muy buena pregunta, sobre todo porque en Guatemala no tenemos una escuela de actores para cine. La Escuela Nacional de Arte Dramático (ENAD) va dirigida a teatro. Pero hay algunos de estos actores que no por casualidad han estado repetiendo en las últimas películas, entre ellas Mariam Arenas, Giacomo Buenafina, Daneri Gudiel, Gerber Ignacio y Roberto Díaz. Sin embargo, lo mejor sería tener una escuela especializada, pues no es lo mismo saber de teatro. Eso ayuda, pero debe reentrenarse a los actores para hacer cine.

¿Cómo incorporar esa enseñanza?
Hay que pensar en grande. Necesitamos que la gente, desde secundaria, canalice sus inclinaciones artisticas, como lo que se ha empezado a hacer en coordinación con la Universidad de San Carlos al abrir una escuela de Cine y Televisión, la cual inició en febrero y será reabierta la inscripción en ese mismo mes, cada año, para que al final exista una carrera de tres años.

En medio de esas carencias, ¿qué representa para el país ser locación de producciones extranjeras?
Guatemala es una locación bellisíma y está muy cerca de Estados Unidos. Pudiera ser un gran negocio y una muy buena fuente de trabajo, pero lo que sucede es que no hay seguridad. La industria cinematográfica, para importar producciones, tiene que dar márgenes de seguridad, cosa que en el país no existe. Looking for Palladin es un buen precedente.

¿Vamos por buen camino hacia una industria cinematográfica?
Creo que sí. Para nosotros en Casa Comal, el estar editando nuestra tercera película en tres años, quiere decir que estamos produciendo una cinta cada año, pero también veríamos con buenos ojos que surgieran más colectivos como el nuestro.

Fuente: www.sigloxxi.com - 010906


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