Todo vale para satisfacer un mercado que «exporta» al año 5.000 niños, a un precio por cabeza que ronda los 35.000 euros, y en un país donde el 80% de sus 13 millones de habitantes es pobre de solemnidad (vive con menos de 1,6 euros al día). Así, hay menores que son sustraídos arrancándoselos literalmente de los brazos a sus madres —en lo que va de año se han presentado 230 denuncias por el robo de infantes—, y otros bebés son «producidos» exclusivamente para ser «exportados». Como los tres hijos que hasta ahora ha parido Sandra, quien a sus 16 años y con la connivencia de sus progenitores, vive volcada en este cometido del que no pudo ser finalmente rescatada por la organización de apoyo a la infancia Casa Alianza, a quien le fue transferido el caso por un juez. Me cuentan desde esta ong que se les fue de las manos con la misma rapidez con la que la adolescente huyó junto a sus padres. No han vuelto a saber nada de ella. Y dice Claudia Rivera, directora nacional de esta institución, que, después de todo, seguirá procreando para la venta. Un negocio de carne humana que tristemente ha procurado para Guatemala, según ha declarado la coordinadora del Programa de Adopciones de la Conferencia de la Haya, Laura Martínez-Mora, el puesto número uno del mundo, por delante de China, muchísimo más grande, de los países «productores de niños para ser dados en adopción a extranjeros».
Un comercio terrorífico que paga a las «fabricantes» de bebés, según relata Juan Carlos Molina, compañero de Rivera y gran conocedor del problema, «unos 1.500 euros, de los 35.000 que recibirán por la venta final del menor, aunque también sucede que les dan un porcentaje al principio y después, simplemente, les quitan al niño. Los más cotizados son los recién nacidos, por los que el adoptante puede llegar a pagar 41.000 euros. Luego, estas redes, abastecidas de abogados y con la infraestructura de centros como la Casa Cuna Quivira —desmantelada esta semana— los ponen en el circuito legal, donde se concluye el proceso adoptivo con el sencillo acto de una firma notarial, sin que el caso haya pasado por las manos de un juez». Y desde que el pasado 6 de agosto Estados Unidos, principal «importador» de estas criaturas con el 95% de las adopciones extranjeras, exige una doble prueba de ADN —para verificar que el niño adoptado y para el que se ha solicitado la visa de inmigrante es el mismo menor vinculado al proceso de adopción de la madre biológica— se consuman todo tipo de artimañas con tal de conseguir el material genético de la procreadora.
¿Saben los padres adoptivos la procedencia del que será su hijo? Desde luego habría que ser absolutamente estúpido —lo que no parece una generalidad— para no darse cuenta de que con la adopción previo pago de muchos de estos niños previo lo que se cierra es una transacción de comercio humano. En la citada Casa Cuna Quivira, que llevaba operando once años en la ciudad de Antigua, se ofrecía por internet un pedazo de ese fabuloso paraíso de la adopción: se mostraban los retratos de los bebés, su fecha de nacimiento, y en algunos se había colocado el cartel de «Adopted» indicando que el «producto» ya no estaba disponible, y que las oportunidades se acababan cuando realmente estaban al alcance de la mano del demandante y a unos plazos de tiempo inigualables (una vez en Guatemala —se anuncia— se conoce al niño en tres o cuatro días, y en seis u ocho meses el niño es totalmente suyo). Una empresa de venta de regalos a la que enlaza la web ofrece más garantías de autenticidad para la adquisición de sus artículos que con las que Casa Quivira argumenta el desamparo, orígenes y realidad de las criaturas.
Cuarenta y seis niños encontraron las fuerzas de seguridad que irrumpieron en este centro de adopciones de Antigua, regentado por el norteamericano Clifford Phillips y su esposa Sandra González, una abogada de nacionalidad guatemalteca, cuya empresa tiene su sede principal en Florida. Veintitrés niños y veintitrés niñas entre tres días y dos años a disposición, primordialmente, del mercado estadounidense. No en vano, el reclamo más evidente que se podía ver en las fotos de la página web eran los colores de la enseña de las barras y las estrellas con los que habían vestido a los pequeños. Junto a los propietarios del negocio, también fueron detenidas dos letradas, que sufrieron una repentina indisposición que, en vez de su traslado a dependencias policiales, obligó su traslado a un centro sanitario. Fue el principio de la descomposición del mal.
«Lo de Casa Quivira estaba cantado desde que empezara a operar en el año 1996. El rescate de los niños que estaban ahí es sólo el 1% de los casos pendientes de tramitarse. Esperemos que esto siente un precedente —explica a D7 Molina— para que la ley prevalezca. A este ritmo tan lento de cuatro operaciones al año contra las redes de adopción ilegales nos llevaría 25 años rescatar a todos los niños que están atrapados en ellas». El precario sistema legal que sustenta esta exportación de menores ha provocado, según las estadísticas oficiales, que, entre 1996 y 2004, más de 15.000 niños fueran adoptados «en procesos poco transparentes». Frente a los 3.572 pequeños adoptados por norteamericanos en 2004, sólo se produjo un caso en España, cosa que ahora ya ni siquiera sería posible porque tanto nuestro país como el Reino Unido, Alemania o Francia han suspendido las tramitaciones con Guatemala a la vista del maremagnum de anomalías detectado.
Víctima sexual, banco de órganos ¿Y qué pasa con los niños? ¿Cuál es su destino? ¿A todos les aguarda el calor de un hogar y el regalo de un futuro amparado por el amor de una familia? Nidia Aguilar, Defensora de la Niñez y la Juventud de la Procuraduría de los Derechos Humanos, teme que no pocos puedan ir a parar a explotadores sexuales. ¿Leyenda negra su uso para el tráfico de órganos? Aguilar confirma que reciben denuncias en este sentido y Juan Carlos Molina relata cómo el pasado 15 de junio en la población de Camotán, en Chiquimula, se halló el cadáver de una niña de nueve años a quien le habían sacado el corazón y otros órganos. «Los niños son arrebatados de los brazos de sus madres o raptados en el momento de entrar en las escuelas. No queremos atormentar a los padres con los casos de sustracción de niños para el comercio de órganos pero tenemos denuncias... Todo esto tiene en vilo a la población», ha confesado Nidia Aguilar.
Una situación que engorda el caos nacional que se vive en aquel país «porque la gente que no recibe justicia se la toma por la mano y cuando descubren que en su pueblo hay una familia o un abogado que se dedica a esto, lo atrapan, van a la policía, arman un alboroto, queman llantas y lo vapulean...» El pasado mes, cientos de personas participaron en el incendio de la sede de la Policía Nacional Civil y la subestación eléctrica de la ciudad de Cunen, en el noroeste del país, ante la imposibilidad de linchar a un sujeto al que culpaban del robo de un niño, no sin antes prender fuego la casa de la mujer que iba a pagar al canalla 2.500 euros por la venta del chiquillo de cinco años, que pudo ser devuelto a los padres.
«Sólo se erradicará esta lacra —afirma Claudia Rivera y se corrobora desde las instituciones de defensa de la infancia— cuando el Congreso guatemalteco elabore una ley de adopción en condiciones. Desde la adhesión al Convenio de La Haya que marca un límite, hasta enero, para que haya una legislación nacional que regule estos procesos, los traficantes se han acelerado. Son los últimos coletazos del paraíso de la adopción y estamos viviendo de una forma terrible el “apurémonos a hacer negocios que la ley nos va a fastidiar”».
Son muchos años de mirar para otro lado. Fuente de entrada de divisas, intereses creados por elementos cercanos al poder, allegados a personas muy influyentes... Dinero fácil. «Esclarecer esto será importante para poner las cosas en limpio y dar razones al porqué durante tanto tiempo no se ha hecho nada», añade el experto.
Y saber de qué están hechos los vendedores de niños, los productores de bebés y la catadura moral de los «papás» compradores. Mirando los ojos negros de la niña robada de Dominga, que pudo ser rescatada por Casa Alianza de una venta infame, se te hace un nudo en la garganta imaginando de lo que son capaces ciertas bestias con piel de hombre.