La presión de organizaciones civiles y de la comunidad internacional, lograron vencer en agosto de este año 2007 las resistencias interesadas que se oponían a que el Congreso aprobara la creación de una "Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala" (CICIG). Auspiciada por la ONU con recursos internacionales, su finalidad es investigar en colaboración con el Ministerio Público, los grupos paralelos de poder que integran el crimen organizado y actúan impunemente en Guatemala.
Y es que, a los once años de firmar los Tratados de Paz que acabaron con más de tres décadas de "conflicto armado interno", la gente en Guatemala no vive en paz y el crimen organizado se infiltra a sus anchas en los partidos políticos y en las instituciones del Estado, e inmoviliza la administración de Justicia imponiendo una violencia incontrolable en el país. La situación es tan grave, que no son pocos los que dudan de que la CICIG (que piensa iniciar su labor en enero de 2008) pueda llegar a cumplir su noble misión.
Guatemala, paraíso de codicias
Este país norteño de Centroamérica de 109 mil kilómetros cuadrados de extensión, tiene frontera con México y se ha convertido en un corredor del tráfico de drogas hacia Estados Unidos. Esto ha hecho de Guatemala un país consumidor de droga, paraíso de los cárteles nacionales e internacionales del narcotráfico y de otras mafias del crimen organizado. Es también territorio de paso para la emigración ilegal a Estados Unidos desde Centroamérica y Sudamérica, con flujos intensos que ahora son de ida y vuelta por las restricciones migratorias estadounidenses.
El subsuelo de Guatemala tiene oro y otros metales muy codiciados, cuya explotación por Compañías transnacionales crea graves conflictos en varias regiones por deterioro ambiental, envenenamiento de ríos y saqueo de la riqueza nacional. La Iglesia católica es una de las pocas instituciones que defiende en algunas diócesis los derechos de la población, frente a los intereses multinacionales en complicidad con grupos de poder económico y político de Guatemala y del mismo Gobierno.
Guatemala tiene variedad de alturas, desde las costas al altiplano, con la capital a 1.600 metros y a montañas con pueblos a más de 3.000 metros. Goza, pues, de todos los climas: calor tropical en costas, llanos y selvas; clima templado con noches frescas en el altiplano; y frío en las grandes alturas. Su agricultura produce por eso gran variedad de frutas y verduras. Exporta azúcar, café, cardamomo, fresa, frambuesa, moras... El país es básicamente agrícola, más de la mitad de la población vive en zonas rurales; el 54 % son campesinos pobres y poseen apenas el 4 % de la tierra, mientras el 2.6 % son terratenientes dueños del 66 % de la mejor tierra agrícola. Los conflictos de tierras son batallas de una vieja guerra interminable, que la ley y la fuerza pública dirimen siempre en favor de los poderosos.
Guatemala ofrece hábitat al 10 % de las especies registradas en el planeta tierra, con 19 ecosistemas, 300 microclimas y 33 volcanes, 5 de ellos activos. La Biosfera Maya Guatemalteca es una reserva ecológica importante en este hemisferio. Pero es un país vulnerable al paso de tormentas y huracanes, y tiene alto riesgo de temblores y terremotos por el movimiento de las placas tectónicas, por fallas sísmicas y por su cadena volcánica. Los altos niveles de pobreza obligan a mucha gente a vivir en zonas de riesgo con abundantes víctimas por derrumbes en los temporales y lluvias intensas. Toda la región de Centroamérica sufre fuerte deterioro medio-ambiental, contaminación de ríos y lagos, y deforestación de bosques y selvas, lo cual la hace muy vulnerable al cambio climático.
La población y sus condiciones de vida
La población guatemalteca es de 13 millones de personas y tiene un alto índice de natalidad que aceleraría peligrosamente su crecimiento, si no fuese alta también la tasa de muertes y la emigración a otros países, así como el incontrolado negocio ilegal de adopciones de niños, que hace de Guatemala el mayor exportador de niños de América Latina y el tercero en todo el mundo. Este negocio tiene sus mafias, y en este año se han disparado las alarmas por el robo y la venta de niños y los embarazos por encargo en familias pobres.
El 30 % de los nacimientos es de madres solteras, y cada año hay más madres adolescentes desde los 13 años. Es fuerte la desintegración familiar, abundan los hijos fuera del matrimonio y el abuso sexual a menores en el mismo entorno familiar, aparte del tráfico de niños y adolescentes para la explotación sexual. Por la pobreza y por costumbres culturales y religiosas, se descuida la educación sexual y el control de natalidad, con elevada mortalidad materna e infantil.
El 60 % de la población (cerca de 8 millones de personas) son indígenas de 21 etnias mayas y una etnia xinca; también hay una colonia de negros garífunas. Por eso se hablan en este país 23 idiomas, además del castellano. Hay variedad de riquezas culturales, religiosas y de espiritualidad, con grandes posibilidades para el diálogo intercultural e interreligioso. Pero, este factor multiétnico tiene dos características históricas que marcan negativamente el ser y el convivir de la población guatemalteca: hay divisiones entre los grupos indígenas; y hay discriminación y racismo hacia ellos, a pesar del Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas firmado en los Acuerdos de Paz de 1996.
Con eso se relacionan la desigualdad en la propiedad y tenencia de la tierra y las desigualdades económicas y sociales. Guatemala padece la mayor brecha de desigualdad creciente entre ricos y pobres en América Latina. En 1989 los ricos tenían 19 veces más bienes que los pobres, y en 2004, 34 veces más. Desde 2005, Guatemala ocupa el sexto lugar entre los países más desiguales del mundo. La pobreza golpea de alguna manera en Guatemala al 60% de la población, y la pobreza extrema al 30%. El 40% están afectados por la desnutrición, y el 50% de los niños padece desnutrición crónica; en los niños indígenas el porcentaje se eleva al 70%.
En 2002 el 31% de la población era analfabeta; ahora la cifra "oficial" es del 24%, pero en los indígenas sube al 44% de los varones y al 58% de las mujeres. El déficit de vivienda digna es ahora de 1 millón 800 mil viviendas. El salario mínimo es de 1.300 quetzales mensuales (165 dólares) pero el costo mensual de la canasta básica para una familia de 5 personas es de 2.500 a 3.000 quetzales (de 300 a 360 dólares) y abundan las familias de 7 a 10 personas. El 75% de la población económicamente activa trabaja en el sector informal, y el 80% no tiene Seguridad Social. Y al mismo tiempo, Guatemala es el país donde la vida es más cara en América Latina, y el país que, en proporción a su población, importa y compra más automóviles de lujo.
Niños y jóvenes suman el 50% de la población total: cada año se incorporarían al mercado de trabajo 150 mil jóvenes, si hubiera oportunidades para todos y no carecieran la mayoría de ellos de preparación (es muy alto el índice de ausentismo de la escuela primaria y muy bajo el acceso a la universidad, por la pobreza). Por eso cada año, de 150 mil a 200 mil guatemaltecos buscan su vida en otros países, sobre todo en EEUU. Las remesas que envían a sus familiares suman una de las entradas más fuerte de capital a este país: en torno a 3 mil millones de dólares anuales. Pero se sufren rupturas y desencuentros familiares en esta y en otras formas de movilidad de la población de Guatemala, y ahora las redadas de emigrantes ilegales expulsados de Estados Unidos crean serios problemas acá.
Entre los otros factores que afectan ahora la vida de esta población, los más graves y preocupantes a nivel público y privado son la violencia y la impunidad generalizadas.
Alarmante inseguridad, ante la violencia mortal impune
La violencia creciente unida a la impunidad, tienen a la población de Guatemala bajo el síndrome de la inseguridad y el miedo. Se ha tejido una red de violencias tan compleja y fuerte, que ha obligado al presidente Oscar Berger a confesar públicamente que "las fuerzas violentas han desbordado los poderes y recursos del Estado".
Los viejos"escuadrones de la muerte" de los años de contrainsurgencia contra las guerrillas, nunca se desmontaron; han persistido, y, desde las sombras, se han fundido con las fuerzas ilegales del "crimen organizado": narcotráfico y lavado de dinero; tráfico de mercancías y de personas en la emigración y la prostitución; bandas de robo de automóviles, de secuestros y extorsiones, de asaltos a bancos y a sus clientes, a comercios y autobuses; con sus sicarios y matones, y con la mano de obra barata de las "maras" o pandillas juveniles. Ese "crimen organizado" se ha incrustado en las instituciones del Estado e influye en los tribunales de justicia. La Policía tiene a más de 2 mil agentes en procesos de depuración por corrupción, complicidad, delincuencia y criminalidad.
Una evidencia clamorosa reciente ha sido el asesinato en Guatemala (en febrero de este año 2007) de 3 diputados salvadoreños del Parlamento Centroamericano. Fueron interceptados, asesinados y quemados por 4 agentes del Departamento Contra el Crimen Organizado, quienes, una vez detenidos, fueron eliminados en la cárcel antes de que descubriesen a los autores intelectuales. El ministro de Gobernación y el jefe de la Policía Nacional Civil tuvieron que renunciar, pero algunos funcionarios implicados salieron tranquilamente del país.
O sea, que desde algunas instituciones del Estado, actúan "escuadrones de la muerte" del "crimen organizado" y de "limpieza social" que eliminan a delincuentes, sicarios y pandilleros "extrajudicialmente". La gente teme más a los policías que a los ladrones y delincuentes, y de esto se hacen chistes en el rincón de humor de los periódicos.
Los pandilleros han crecido, se han organizado, se han armado y han hecho de la extorsión y el cobro de "impuestos" a choferes y cobradores de buses, a pequeños comerciantes y a vecinos y familias de los barrios del territorio que dominan; y amenazan de muerte y ejecutan a quienes no les pagan. Han hecho de esto su modus vivendi, compran a policías, reclutan a más jóvenes y envían a niños a cobrar el impuesto. Son cerca de 200 mil. Si los detienen, desde las cárceles siguen dirigiendo por teléfono extorsiones, amenazas y ejecuciones. Aterrorizan a barrios y a pueblos enteros. Son "mano de obra" del crimen organizado que fomenta en Guatemala la profesión de sicarios.
Actúan a diario las bandas de asalta-buses, y asalta-bancos, de robo de automóviles y asaltos a clientes que sacan su dinero de los bancos, de secuestradores, de roba-niños y roba-celulares. Actúan y matan en cualquier lugar a quienes se resisten a entregarles el dinero, el automóvil, el celular; y las balas perdidas también matan.
Acá en nuestra Parroquia Claret la gente de clase media tirando a pobre anda obsesionada cerrando entradas, trancando puertas y queriendo contratar seguridad privada (que es un negociazo en alza en el país). Cada semana sufren asaltos en el parking y en reuniones en las salas parroquiales, pistola en mano: celulares, dineros, relojes...
Caldos de cultivo de todo eso son: la pobreza, los vacíos en la educación, la falta de oportunidades de empleo, y la corrupción generalizada. Y en el trasfondo está activo el factor antropológico y cultural de la violencia por resentimientos y venganzas, fruto amargo los 36 años de conflicto armado que dejó heridas abiertas en casi todas las familias. El guatemalteco Samuel Berberián, Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Centroamericana, ha dicho a propósito de la violencia actual que "en Guatemala tenemos una cultura de la venganza y no de la justicia, por eso no tenemos un concepto claro de lo que queremos que haga la justicia". Es un dato importante y grave: en Guatemala tiene más tradición la "cultura de la venganza" que la "cultura de la justicia".
Eso, y el clima de violencia impune, hacen que ahora el 60% de la población sean partidarios de la "limpieza social extrajudicial"; y que el 55 % apruebe la pena de muerte, e incluso que un 34% vean bien los "linchamientos" con que se toman la justicia por su mano los pobladores que (sobre todo en las aldeas rurales) linchan a cualquier sospechoso de robos, matándolos en público a palos y patadas o quemándolos vivos.
En los últimos meses han linchado a 30 personas, y se ha desatado la persecución a quienes roban niños, sobre todo mujeres pagadas por traficantes de niños para adopciones ilegales o para la extracción de órganos. La Procuradoría de Derechos Humanos tiene denuncias por 230 bebés desaparecidos en este año. En 2006 se registraron 5.024 adopciones de niños, 4.757 de ellas para Estados Unidos. Este año sigue el mismo ritmo, ya van cerca de 3 mil, algunos días 25. Muchos se enriquecen en este negocio, en gran parte ilegal, que mueve muchos millones de dólares al año. El Estado de Guatemala tiene avisos serios de Naciones Unidas para que regularice las adopciones, pero las mafias presionan para que el Congreso no apruebe una nueva ley que las regule en conformidad con los tratados internacionales.
Ahora la cifra media de asesinatos es de 17 cada día, con armas de fuego, a cuchilladas o estrangulados, a veces con las manos atadas y tortura o con el tiro de gracia; cadáveres arrojados a los barrancos o tirados en las calles o en el campo. La inmensa mayoría de los asesinatos quedan impunes. Llama la atención el creciente número de mujeres asesinadas en los últimos cuatro años unas 3 mil; se habla con razón de "femenicidio". Pero también llama la atención la creciente participación de mujeres en los delitos del "crimen organizado". Son índices alarmantes de la deshumanización de la vida en Guatemala.
La venta ilegal de armas es un negocio en alza; la gente se arma: "¡Defienda a su familia!", dice la propaganda que reparten en las calles y centros comerciales. Hay de uno a dos millones de armas ilegales en manos de ciudadanos que ya no dudan en usarlas ante asaltos a buses o en marcha desde vehículos particulares si ven un asalto en las calles, y a veces matan sin querer a la víctima que está siendo asaltada. El gasto anual en municiones es de millones de dólares, y las autoridades no controlan las ventas ilegales, hay quienes se enriquecen con esto...
En los doce años que llevo en este país, me impresiona ver que cuando todavía hay gente que busca a sus muertos del "conflicto armado" por los cementerios clandestinos del país, once años después de haberse firmado la paz, al mismo tiempo las nuevas violencias dejan en las calles o en los buses urbanos e interurbanos, o en solares solitarios o en los barrancos, los cadáveres de las personas asesinadas ahora todos los días y todas las noches. Y la mayoría de los matados y de los que matan tienen entre 15 y 30 años.
Testimonios guatemaltecos sobre la vida y la muerte
Para dar a este informe mayor credibilidad y fuerza testimonial, traigo once testimonios de voces guatemaltecas que son más autorizadas y conmovedoras que mi voz. A estas personas, Guatemala les duele en su corazón guatemalteco:
Álvaro Ramazzini, obispo de San Marcos y actual presidente de la Conferencia Episcopal, al leer en mayo de este año el informe de los obispos de Guatemala en la V Conferencia General (Aparecida, Brasil) se presentó así: "Vengo de un país que ha vivido la dura experiencia de más de 30 años de enfrentamiento armado interno, con más de 200 mil personas muertas o desaparecidas, cientos de miles de refugiados en México y las otras nefastas consecuencias de la guerra, entre las que debo mencionar la actual cultura de muerte y violencia que cobra víctimas inocentes día tras día: en cuatro años, 23.450 asesinatos que han quedado en total impunidad; y Guatemala es uno de los 10 países del mundo de mayor desigualdad económica y social; y somos el quinto país del mundo en desnutrición-crónica de los niños de 1 a 5 años."
Dos voces nativas radiografían a Guatemala y al guatemalteco desde la sicología social, la antropología y la política económica actual: "Este es un país obstinado, cuya historia siempre va por el atajo, nunca por el camino ancho y visible. Y eso significa una historia dolorosa y de tropiezos, con ascensos y caídas. Lo malo de la gente de Guatemala es la desesperanza: si les preguntas ¿cómo va a ser su vida dentro de cinco años?, responden que va a ser peor. En Guatemala vivimos ahora el autocumplimiento de esa profecía, y con esa desesperanza nunca se camina." (Edelberto Torres-Rivas, investigador social y escritor)
"Guatemala es un país singularmente mestizo. El imaginario guatemalteco es producto de una mezcla incierta y variable de colonizador y colonizado. En todos nosotros esas dos polaridades coexisten en proporciones diferentes y variables. El colonizador es prepotente y se sirve de los demás; es un ganador, y cuando pierde tira bala, intimida o corrompe. El colonizado es sumiso y permite que lo exploten; es un perdedor, aunque, por compensación, se siente a veces rey. Todos los seres humanos cambiamos de máscara según la ocasión: nos hacemos grandes ante los chiquitos y chiquitos ante los grandes. En Guatemala, esas caracterizaciones alternas y oportunistas se potencian por la compleja mezcla entre colonizador y colonizado. Y estas características de nuestro mestizaje afectan al funcionamiento de nuestras instituciones públicas y privadas. Nuestro mestizaje y el deseo de algunos de vivir como ricos occidentales, nos han llevado a la situación actual de desigualdades inhumanas. Siendo un país agrícola, Guatemala tiene la distribución de tierra más desigual de Latinoamérica. Y esta distorsión de origen histórico y características neocoloniales, repercute sobre el resto de la economía y de la sociedad generando pobreza y falta de oportunidades, y éstas a su vez producen emigración y crimen". (Eduardo Villagrán, columnista del diario El Periódico).
La voz de una mujer periodista advierte: "Es hora de que se tome conciencia del círculo vicioso que relaciona la inequidad y la exclusión con el incremento de la violencia, y de que la violencia se convierte en letal cuando el acceso a las armas de fuego es indiscriminado y sin control, como sucede ahora en Guatemala. Es hora de dotar al Estado de la capacidad de enfrentar el tráfico ilícito y el mal uso de las armas de fuego en manos de cualquiera, así como el aumento alarmante de empresas privadas de seguridad, muchas de ellas ilegales. Pero, también es hora de prevenir la violencia invirtiendo más y mejor en educación y en generación de empleos." (Carmen Rosa de León-Escribano, columnista de El Periódico).
La voz editorial de El Periódico; el diario local más independiente e investigador, ha retratado la situación actual de violencia en el país con este realismo: "La espiral de violencia que vivimos en Guatemala, nos mantiene en auténtica psicosis de guerra. Vivimos a la defensiva, porque en cualquier momento y lugar podemos ser víctimas del ataque criminal. Proliferan los asesinatos por diferentes motivos. Los allanamientos a viviendas y oficinas, los ataques en las calles y en los vehículos particulares y del transporte público, los secuestros, homicidios, linchamientos, violaciones, robos, extorsiones, chantajes, venganzas y fraudes. Todo tipo de delitos se cometen en Guatemala con absoluta impunidad.
La facilidad con que se fraguan y articulan las organizaciones criminales en Guatemala es patética y trágica. No debe extrañarnos que abunden las pandillas armadas, las bandas y mafias, los cuerpos ilegales paramilitares y aparatos clandestinos de seguridad, el crimen organizado, el narcotráfico y los policías corruptos.
El fracaso de la seguridad pública es la mayor prueba del fracaso del Estado de Guatemala. Solamente el 25 % de los delitos que se cometen en nuestro país llegan a conocimiento de las autoridades; y solo una mínima parte de ese 25 % se investiga, y un porcentaje todavía menor llega a proceso penal. Es decir, la posibilidad de que los criminales sean castigados por sus crímenes es realmente mínima".
Helen Mack es una mujer que se hizo activista de los derechos humanos para descubrir y llevar a los tribunales a los autores intelectuales del asesinato de su hermana, la antropóloga Mirna Mack (asesinada en la calle a cuchilladas por orden del alto Mando Militar Presidencial hace más de 20 años). Helen dijo al recibir este año el Premio de Derechos Humanos del Rey de España: "Guatemala vive una época de gran conflicto social, intensa confrontación política y desbordados índices de violencia y criminalidad. La impunidad es generalizada, las instituciones están marcadas por una debilidad histórica que viene de la corrupción, la penetración criminal y las presiones políticas. Diría que el Estado de Derecho en mi país es casi inexistente. En Guatemala la impunidad está protegida por el Estado mismo, y eso impide vivir en democracia".
El Procurador de los Derecho Humanos de Guatemala ha dicho en una de sus últimas declaraciones: "En Guatemala hemos pasado de una violencia política a una violencia criminal: este país vivió un terrible conflicto interno entre 1960 y 1996, años en que el Estado cometió actos terribles al combatir a los grupos guerrilleros. Una vez finalizada la guerra con la firma de la paz en 1996, las estructuras criminales de aquel Estado nunca se desmantelaron, y hoy se ha pasado de la violencia con objetivos político-militares a la violencia criminal con asesinatos igualmente despiadados: muchas familias deben pagar a grupos armados para que no los maten o les dejen seguir con su negocio; o el fenómeno de la ‘limpieza social’ que consiste en matar pandilleros y delincuentes" (Sergio F. Morales).
Una joven periodista que hace valientes denuncias en los medios de comunicación hablados y escritos: "La firma de la paz acabó con el conflicto armado en 1996, pero no desmanteló las estructuras paralelas y cuerpos ilegales o ‘escuadrones de la muerte’: quedaron vivas la espiral de violencia y la impunidad que nos están ahogando" (Marielos Monzón, en su columna de Prensa Libre).
La voz del arzobispo de Guatemala se ha oído este año como un lamento en oración, al celebrar la Pascua de Resurrección en catedral: "Señor: Guatemala no es lo que esperabas que fuese para este tiempo de resurrección: el dolor, la amargura, la impotencia y la muerte, aún nos acompañan". Y ha dicho a los fieles: "Lamento que tengamos que celebrar la resurrección de Jesús en medio de un ambiente cruel, empobrecido, inhumano y violento, porque la mentira, la injusticia y el odio se han apoderado de Guatemala. Si somos seguidores de Jesús, ¿por qué tanta pobreza, tanta miseria, tanta injusticia y tanta inseguridad?" (cardenal Rodolfo Quezada).
Esas y otras muchas voces dejan ver en Guatemala un escenario muy perturbador, con altos índices de deshumanización de la vida. Es una pesadilla de casi medio siglo: los 36 del fratricida "conflicto armado interno" y estos 11 violentos años de falsa paz. El "conflicto armado interno" dejó más de 200 mil muertos, 45 mil desaparecidos (muchos niños y niñas) y más de 1 millón de desplazados, con cientos de miles de familias afectadas, desmembradas, rotas o heridas. Pero lo peor fue para las poblaciones indígenas atrapadas entre los dos fuegos: 626 pueblos y aldeas masacrados y destruidos por el Ejército militar en operativos de "tierra arrasada". Y fue tanto el pánico de los sobrevivientes, que desaparecieron como muertos en el silencio y en la huída.
Una mujer indígena cachiquel, Rosalina Tuyuc, cuando salió del silencio juntó a un puñado de mujeres viudas, y fundó la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala, CONAVIGUA. Rosalina Tuyuc ha dado hace poco este impresionante testimonio: "Cuando me decidí a salir de mi pena y de mi miedo, sentí que las mujeres estábamos juntas, nos unió la misma esperanza de vida. Vi historias más dolorosas que la mía: yo había perdido a mi papá (se lo llevaron los militares el 9 de julio de 1982, nunca apareció, y por eso es la búsqueda en los cementerios clandestinos; supe en el año 2002 que mi padre fue torturado, tres días lo tuvieron los militares y lo ejecutaron, lo colgaron, lo crucificaron). También perdí a mi esposo, perdí toda la unidad familiar, pero muchas mujeres no solo perdieron a sus papás y a sus esposos, también perdieron a sus hijos e hijas, y quemaron su casa, quemaron su maíz, su frijol, sus animales. Mujeres que fueron violadas no solo por cinco militares, por muchos más. Mujeres que fueron torturadas, y vieron cómo violaban a sus hijas delante de ellas. El escuchar todo eso, me llenó de mucha fortaleza. Me dije: por qué me estoy quejando yo, si debo agradecer a Dios que todavía tenga cabales las manos y los pies, tengo posibilidad de mirar, de escuchar, de trabajar, tengo fuerza, tengo fe, tengo esperanza de vivir y ver a mis hijos e hijas y nietos crecer. La esperanza de muchas otras me ayudó a salir adelante. Los golpes de la vida nos enseñaron a defendernos, a buscar a nuestros muertos y a luchar por la paz".
Última hora: votos con balas y amenazas de muerte
Para las votaciones que elegirán en segunda vuelta al próximo presidente de Guatemala faltan poco más de dos semanas, y en los últimos días se han cometido los asesinatos número 58, 59 y 60 de personas vinculadas a este proceso electoral. Dice el Editorial de El Periódico de uno de estos días: "Nuevamente se mata y se muere en Guatemala por causas políticas, ahora sin contenido ideológico sino solo económico. El crimen organizado ha crecido tanto en nuestro país que se ha convertido en un inmenso poder económico que avanza sin ceder un milímetro. Quien se opone a sus designios, pasa a mejor vida. Los capos mafiosos juegan a la política partidista y echan sus cartas. Les interesa que el país siga presa de la anarquía y la impunidad, para que sus negocios prosperen todavía más"
La mayoría de esas víctimas son de los dos partidos políticos que se disputan la Presidencia en segunda vuelta: la Unión Nacional de la Esperanza (UNE) cuyo candidato presidencial es el ingeniero Álvaro Colón, y el Partido Patriota (PP) por el que aspira a presidente el ex-general Otto Pérez Molina.
Los dos candidatos han endurecido su lenguaje de campaña, descalificándose el uno al otro como "corrupto" y "asesino" respectivamente. Ambos se acusan de estar financiados por el narcotráfico o el crimen organizado, y lo peor es que la gente más sensata piensa que ningún partido puede certificar no estar ya infiltrado. Un viejo político de casta, Leonel Siniega Otero (que dice no querer hablar ya "de izquierdas y derechas", pero que siempre fue de derechas) ha dicho ahora que "en Guatemala no hay ‘democracia’ sino ‘dinerocracia’ (porque) ya no hay partidos políticos, sino empresas con intereses de poder económico".
Y ha impactado en estos días de Octubre la renuncia del jefe de estrategia del partido UNE, el joven José Carlos Marroquín, brazo derecho de Álvaro Colón. Sufrió el pasado año un atentado, y ahora le han hecho renunciar con amenazas de muerte contra él y su familia. Y ha dicho: "dejo esta batalla política, pero no la lucha contra los poderes ocultos que mantienen de rodillas a toda Guatemala". A la pregunta de si en el partido UNE se ha podido infiltrar el crimen organizado, ha respondido: "Ningún partido político puede acreditar que no esté infiltrado".
También ha sido asesinado un prominente agente de inteligencia militar, Giovanni Pacay, que fue Jefe de Informática del Ministerio de la Defensa y estaba vinculado al partido Patriota del ex-general Pérez Molina. Y algo muy grave ha ocurrido después en las oficinas del Ministerio Público: "ha desaparecido" la computadora personal de Pacay, una pieza clave para la investigación por la información que podía tener guardada. Cosas así han sucedido ya en otros casos de alto impacto criminal.
Otro hecho reciente es la desaparición de cinco jóvenes pandilleros del barrio El Gallito, territorio urbano del narcotráfico. Mientras jugaban un partidillo de futbol, se los llevaron unos policías en el coche-patrulla ante los ojos y la protesta de sus familiares; tres días después encontraban sus cuerpos en un descampado con disparos en la cabeza. Un inspector y un agente, miembros de la seguridad del Director de la Policía Nacional Civil, están detenidos por este hecho. Otros agentes sospechosos andan sueltos.
Y un dato menor de la crónica de sucesos: en los últimos nueve meses, el Ministerio Público ha recibido 34 mil denuncias de robos de teléfonos celulares, en un país con 12 millones de habitantes, de los que casi el 60 por ciento vive por debajo de la pobreza.
Confesión telegráfica conclusiva
Termino confesando que mi asombro ante la deshumanización que sufrimos acá ahora, se concreta en dos canciones latinoamericanas sucesivamente escuchadas al paso de los años. Cuando llegué a América Latina hace más de 30 años, se cantaba mucho, y con gran gozo, "¡Gracias a la vida, que me ha dado tanto...!"; pero ahora se oye y se siente más, con amarga ironía, "¡La vida no vale nada!".
* Misionero claretiano, teólogo, profesor y periodista.