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Desastres y migración
Por la redacción de Adital - Guatemala, 30 de noviembre 2005

Los desastres naturales y sus implicaciones migratorias que han afectado sobretodo a las poblaciones de Centroamérica y Caribe son motivo de preocupación de la Mesa Nacional para las Migraciones en Guatemala. Un análisis de Álvaro Caballeros afirma que en los últimos años una serie de acontecimientos naturales se convierten en desastres por la magnitud del impacto sobre la ecología humana: terremotos, maremotos, incendios, deslaves, tsunamis, sequías, olas de calor, huracanes y tormentas.

Son fenómenos naturales que forman parte del proceso geológico experimentado por el planeta tierra durante miles de años, pero que ahora suceden de forma y continuada, con más intensidad y duración. En ese sentido muchos de los peligros están aumentando en frecuencia y en intensidad.

Caballeros señala que será necesario que los controles migratorios de sellamiento fronterizo se desvanezcan al mismo tiempo que sucedan los desastres naturales, porque lo que está claro es que los desastres naturales efecto del calentamiento global expresados en sus diversas y múltiples formas, aceleran la migración internacional, interna y fronteriza.

Según el experto una característica propia de la globalización además del calentamiento global, del desarrollo de las telecomunicaciones, de la internacionalización del capital y de la multiculturalidad global, lo constituye el proceso creciente de migración internacional. En esta dinámica sociodemográfica, amplios sectores de la población de los países subdesarrollados se dirigen hacia los países desarrollados con el objetivo de trabajar y obtener mejores salarios.

Según datos emanados de los consulados de algunos países latinoamericanos se calcula que en la región de Luisiana, Misisipi y Alabama, afectada gravemente por el huracán Katrina, viven al menos 300.000 ciudadanos provenientes de México, Centro y Suramérica, entre inmigrantes legales e indocumentados. En las áreas dañadas residían entre 8.000 y 10.000 salvadoreños, o más, unos 150.000 hondureños, un número no determinado del resto de países de Centroamérica y cerca de 160.000.

Este contexto migratorio, que conecta al norte con el sur, provoca la simultaneidad de los efectos, es decir que, lo que ocurre en los Estados Unidos repercute en la mayoría de países expulsores, porque un porcentaje de su población, radica ya en aquel país.

Los inmigrantes indocumentados sufrieron con el embate del Huracán, no solamente la fuerza de la naturaleza, sino las inclemencias sociales en las que les toca subsistir. Según fuentes noticiosas la voz tardía de alarma y alerta se transmitía solo en inglés, por lo cual muchos no entendieron la información que se distribuyó por la radio, las autoridades daban instrucciones en ingles sobre dónde conseguir agua, hielo, comida o generadores eléctricos. Muchos de los inmigrantes se enteraron de la llegada de Katrina cuando el huracán prácticamente estaba encima de ellos, y no tuvieron tiempo para almacenar víveres o agua.

Además, el temor y la inseguridad provocada por la amenaza latente de ser deportados influyeron a que muchos inmigrantes indocumentados no se atrevieran a pedir ayuda en los refugios que se improvisaron y mucho menos a la policía.

En Guatemala de alguna manera se vive en una situación de riesgo permanente, no solo por los fenómenos naturales, sino porque las condiciones socioeconómicas agravan esta vulnerabilidad latente. De hecho, el Stan fue una tormenta natural categoría 1 que ha tenido efectos sociales de huracán grado 5. La razón es que fue una tormenta que cayó sobre una geografía humana empobrecida y degradada ambientalmente.

La mayoría de las personas afectadas por las lluvias del huracán Stan fueron campesinos pobres de la zona suroccidental del país, de los departamentos de Quetzaltenango, Retalhuleu, San Marcos, Sololá y Suchitepéquez, donde, en promedio, solamente el 20% de la población escapa de la pobreza y 38% es extremadamente pobre. Además, fueron dañados los municipios más pobres del país; los del sur de Huehuetenango, como Téctitán, donde 97 de cada 100 personas viven en pobreza y 78 de cada 100 en extrema pobreza.

Stan dejó altas pérdidas humanas, 669 oficialmente muertos, y 844 desaparecidos, con lo cual la cifra aumentaría a 1.513 víctimas directas. 3,5 millones de damnificados, 1,5 millones de ellos de forma directa de los cuales 285 se encuentran en situación precaria y alarmante, en 15 de los 22 departamentos, entre los cuales 25.832 viviendas fueron dañadas; 1.200 niños quedaron huérfanos.

Este escenario perfila la posibilidad de gestión de algunos mecanismos estratégicos entre los que destacan la gestión y aprobación del Estatuto de Protección Temporal (TPS), que entre otros beneficios podría detener las deportaciones y quizá lo menos abordado pero no por eso menos importante será la redefinición de una estrategia global de largo plazo relativa al derecho de migrar en situaciones de desastre y riesgo.

El TPS permitiría a migrantes guatemaltecos que ya se encuentran en Estados Unidos una protección contra la deportación, mejores oportunidades de conseguir empleo que se traducirían en mejores ingresos salariales, garantiza estabilidad emocional ante la amenaza de la deportación, facilita la movilización, el acceso a programas educativos y a retornar al país de origen en casos de emergencia, entre otros beneficios que mejorarían las condiciones de vida de por lo menos unos 150 mil guatemaltecos radicados en aquel país.

Fuente: www.adital.org.br - 281105


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