El mes de julio fue el mes más mortífero para las mujeres que entran ilegalmente a este País
Lucía Sebastián Diego salió del Norte de Guatemala con su hijo de 10 años a principios de julio, con la esperanza de reunirse con su esposo, quien vive ilegalmente en el estado de Indiana.
Nunca lo logró. Su viaje y su vida abruptamente terminaron el pasado 19 de julio en el desierto baldío dentro de la Reservación Tohono O'odham.
De 41 años de edad y madre de cuatro niños, se convirtió en una de las más recientes víctimas de una triste tendencia, entre quienes cruzan la frontera ilegalmente e intentan atravesar el desierto de Arizona: El doble de mujeres, que viajan con niños, murieron en el mes de julio, comparado a otros meses este año.
Las mujeres son más susceptibles al fuerte calor y a menudo se retrasan por llevar a cuestas a sus hijos, creando así una fórmula letal, esto explica el aumento precipitado, dijo Melissa McCormick, investigadora principal especializada en el Instituto Binacional de Migración de University of Arizona (Binational Migration Institute), el cual dio a conocer un estudio sobre las muertes en la frontera el pasado mes de febrero.
Con más mujeres y niños que quieren cruzar la frontera ilegalmente hacia los Estados Unidos cada año para reunirse con sus esposos y padres, la cifra de muertes seguramente se elevará.
Este mes de julio, 16 de los 46 cadáveres encontrados en Arizona, equivalente al 35 por ciento, fueron mujeres, cifras que coinciden con los últimos cuatro años. Del 2004 al 2007, las mujeres representaron el 36 por ciento de todos los cadáveres encontrados en julio, más del doble del 17 por ciento que representaron el resto del año, según muestran las cifras de la base de datos de muertes fronterizas del Arizona Daily Star.
En ausencia de evidencias que sugieran que más mujeres están cruzando la frontera a la mitad del verano y no en otras temporadas, los expertos y analistas que estudian las muertes fronterizas proponen la teoría de que tres factores contribuyen al fenómeno:
Las mujeres no están acostumbradas al calor extremo.
Las mujeres pueden no estar tan acostumbradas al calor o bien acondicionadas, como aquellos hombres que han trabajado bajo el sol en la construcción o en trabajos del campo, aseveró el doctor Bruce Parks, médico forense a cargo de la Oficina del Condado Pima del Servicio Forense (Pima County Office of the Medical Examiner), y el Reverendo Robin Hoover, fundador de Fronteras Humanas (Humane Borders) basado en Tucsón.
"Si no estás acostumbrado a estar en el calor, alguien que sí lo está va a responder mejor", dijo Parks.
Un estudio del 2006 del Instituto Binacional de Migración de la University of Arizona encontró que las mujeres tienen 2.87 veces más probabilidades que los hombres de morir debido a la exposición a la intemperie.
El estudio estuvo basado en una revisión de más de 900 autopsias y reportes de la Oficina del Condado Pima del Servicio Forense de 1990 al 2005.
Las conclusiones refuerzan lo que Hoover había notado anecdóticamente.
"No son tan fuertes como los hombres, sin querer ser irrespetuoso al decir eso", comentó Hoover, cuya organización coloca tanques de agua a lo largo del desierto y traza las muertes en la frontera.
La sobrevivencia en el desierto tiene una correlación con el apoyo social, dice Néstor Rodriguez, uno de los principales investigadores de los innovadores estudios sobre muertes fronterizas a mediados de los años 90s de University of Houston.
Las mujeres muchas veces son abandonadas por el guía que se desplaza rápido, o "coyotes", especialmente si están embarazadas o tienen dolores menstruales, aseguró. Esa es una sentencia de muerte en el desierto durante el verano.
Los inmigrantes ilegales que han sobrevivido luego de enfermar o perder el paso, recibieron ayuda de alguien más dentro del grupo que corrió a la autopista o encontraron a alguien que los auxilió, añadió.
"La variable crítica es: ¿Hay alguien contigo?", dijo Rodriguez, director del Centro para los Estudios de Inmigración de University of Houston (Center for Immigration Research). "Si estás solo, tienes menos probabilidades de sobrevivir".
La única persona que acompañaba a Lucía Sebastián Diego cuando murió era su hijo de 10 años de edad. El "coyote" la abandonó cuando ella no pudo seguirle el paso luego de que se resbaló en un pequeño barranco, comentó su esposo, Valtisar Mateo Felipe.
Las mujeres que viajan con niños corren mayores riesgos.
Viajar con niños frecuentemente las fuerza a caminar más despacio o algunas veces a cargar al niño. También tienen que llevar comida, agua, ropa y provisiones extra.
"Eso es como tratar de caminar a través del desierto con un ancla", dijo Rodriguez. "Crea una desventaja adicional".
En días sucesivos de julio, agentes de la Patrulla Fronteriza encontraron mujeres muertas con niños vivos cerca de ellas. El 18 de julio en la Nación Tohono O'odham, los agentes encontraron el cuerpo de María Resendiz Pérez, de 33 años de edad, del mexicano estado central de Querétaro, junto con cuatro sobrevivientes, incluyendo a su hijo de 10 años. El día siguiente, a unas 15 millas al Sur de ese rescate encontraron a Sebastián Diego.
En ambos casos, sus hijos sobrevivieron y estaban en relativamente buen estado.
El instinto de protección usualmente entra en acción, lo que a veces empuja a las mujeres a darles su propia comida y agua a sus hijos, dijo McCormick, del Instituto Binacional de Migración.
"Ella va a hacer todo lo posible por asegurarse de que su hijo sobreviva, incluyendo cederle su agua", comentó.
Más mujeres están cruzando para reencontrarse con sus esposos.
Las mujeres comenzaron a cruzar con mayor índice a mediados de los años 90s, como resultado de incrementos en los esfuerzos de aplicación de medidas, que hacían más difícil y más caro, para sus esposos, esconderse de ida y vuelta a través de la frontera, aseguró Douglas Massey, un sociólogo de Princeton University, que ha estudiado la migración internacional por casi tres décadas.
"En lugar de enfrentar el calvario nuevamente, la gente que había estado circulando de un lado a otro de la frontera, se resignan y deciden quedarse", dice Massey.
Los hombres comenzaron a pagar a los coyotes para pasar a sus esposas e hijos a escondidas por la frontera, o por puertos de entrada con documentos falsos, dijo. La proporción de mujeres que vienen ha ido incrementando gradualmente y seguirá aumentando, comentó. Entre 20 y 25 por ciento de todos los que cruzan ilegalmente son mujeres, estima.
Las mujeres representan del 15 al 16 por ciento de todos los arrestos efectuados por la Patrulla Fronteriza desde el 2003, por encima del 11 al 14 por ciento de 1996-2002, de acuerdo a estadísticas de la agencia.
Una base de datos del Arizona Daily Star – que incluye muertes en los condados Pima, Cochise, Santa Cruz y Pinal – muestra que las mujeres representan el 22 por ciento de los cuerpos de ilegales que cruzan la frontera encontrados del 2004 a julio del 2007.
Sebastián Diego se dirigía a una reunión con su esposo, Mateo Felipe, de 43 años, quien ha estado viniendo a trabajar a los Estados Unidos desde 1993. Él se quedaba por un par de años cada vez y luego regresaba a Guatemala, dijo en una entrevista telefónica. Él ha estado viviendo en Logansport, Indiana, y trabajando en una planta empacadora de carne por los últimos dos años y cinco meses.
Este año decidió mandar traer a su esposa con la que ha compartido 23 años de matrimonio y a su hijo menor, Valtisar Mateo Sebastián.
Él tenía planeado que su familia se quedara otros cuatro años antes de regresar a Guatemala a comprar terrenos, dijo.
Las oportunidades económicas son escasas en su ciudad natal de San Sebastián Coatán, Huehuetenango, en Guatemala.
Mateo Felipe habló por última vez con su esposa cuando ella estaba en el estado de Chiapas, México, la segunda semana de julio.
Sebastián Diego y su hijo viajaron en autobuses a lo largo de México y cruzaron con un coyote y otras 20 personas hacia Arizona, indicó. Habían estado caminando por unas 18 horas cuando ella se resbaló y cayó en un pequeño barranco y se lastimó la espalda, le dijo su hijo.
En la mañana del 19 de julio, un agente de la Patrulla Fronteriza encontró al niño vagando solo una milla al norte de la frontera en la Reservación Tohono O'odham. Él les dijo a los agentes que su mamá había muerto. Ellos siguieron sus huellas y encontraron el cuerpo de ella.
Era su primer intento por cruzar y no sabían del calor extremo, que el médico forense dictaminó como causa de su muerte.
Ella murió el día final de la ola de calor que casi marca un record, durante la cual la temperatura alcanzó al menos 100 grados Fahrenheit, por 37 días consecutivos en el área de Tucsón. Alcanzó 110 grados el 18 de julio cuando ella comenzó a caminar y 104 el 19 de julio cuando ella murió.
El hijo de Mateo Felipe está con él en Indiana pero él llora por la pérdida de su esposa y no sabe qué va a hacer, dijo.
El cuerpo está programado para ser regresado a Guatemala esta semana para el funeral, dijo Patricia Meigham, vicecónsul de Guatemala en Phoenix.
"Gracias a Dios, mi hijo tiene la vida por delante y no le pasó nada y está conmigo", dijo Mateo Felipe.