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Explotados, jornaleros agrícolas de Guatemala en los campos mexicanos
Por María Trinidad Zaragoza - Yurécuaro, 4 de julio de 2006

Piden la intervención de Derechos Humanos, sin embargo señalan que ninguna autoridad ha vigilado de cerca su situación, mucho menos cuidar de sus derechos y evitar la explotación de la que han sido víctimas

Jornaleros agrícolas de Guatemala dijeron ser explotados en los campos mexicanos, concretamente en los suelos de Michoacán, en Yurécuaro y sus alrededores.

Ellos piden la intervención en su caso de personal de Derechos Humanos, sin embargo, hasta hoy día advierten que ninguna autoridad ha vigilado de cerca su situación, mucho menos cuidar de sus derechos y evitar que sean explotados como hasta ahora han sido.

Los jornaleros entrevistados por este medio mientras llegaban de los campos de cultivo, sostuvieron que de los más de ocho mil trabajadores del campo que llegan de diversos puntos del país a laborar en los campos michoacanos, más del 20 por ciento son centroamericanos.

Recalcaron que de ese porcentaje (20), el 18 por ciento son de Guatemala y todos ellos han decidido regresar a su país, aunque reconocen que en aquel lugar las oportunidades para una mejor vida son mínimas, pero añadieron «allá estaremos en nuestra tierra».

Es importante mencionar que el propio alcalde José Barajas en distintas ocasiones ha sostenido que podría haber centroamericanos entre los jornaleros que laboran en su municipio, pero que nadie hasta hoy ha hecho nada por la gran cantidad de recurso económico que eso le representaría a las autoridades.

Los jornaleros representados por José Jiménez y Mario Ochoa repusieron que están cansados de la manera en que han venido trabajando y de cómo han sido explotados, pero aseguraron que lo que más lamentan es ser víctimas de toda clase de abusos sólo porque la mayoría de ellos no cuentan con documento alguno.

Relataron que de los aproximadamente ocho mil jornaleros, los que son mexicanos de nacionalidad no cuentan con documentos de identificación, la gran mayoría no poseen actas de nacimiento, mucho menos credencial de elector ni algún otro documento que les ampare identidad.

Expusieron que han decidido por lo tanto solicitar la repatriación a su nación, toda vez que temen alguna redada de las autoridades locales y que se lleven a personas mexicanas que pudieran ser confundidas debido a su falta de identidad.

Por otro lado al ser cuestionados sobre el salario que perciben tras sus jornales en los campos de cultivo, señalaron que son muy raquíticos y para sostenerse deben poner a trabajar a los menores de edad, que de acuerdo a las condiciones de vida de sus familias no pueden acudir a escuela alguna.

Tras mencionar que perciben un salario poco honroso, que no cuentan con el adecuado servicio médico, ni los albergues adecuados para continuar laborando en los campos michoacanos, solicitaron la ayuda de alguna visitaduría de Derechos Humanos que vele por sus derechos y que incluso acuda a ver la manera en que son tratados día con día en sus espacios laborales.

Crónica
Con nulas posibilidades de una vida digna
La ardua jornada de trabajo, la ausencia de una alimentación adecuada y las nulas posibilidades de una vida digna, son el semblante de los cientos de jornaleros que cumplen día con día en los campos de Yurécuaro.

Las prisas por bajar de la unidad que los transporta día con día, hacia alejados terrenos de cultivo del municipio citado y el intenso calor que se registra en esa hora de la tarde, son factores indispensables para no reparar en la presencia de la prensa.

Los jornaleros lo que más añoran tras bajar de los enormes camiones que semejan grandes hornos, es una comida calientita, una refrescante bebida que los hidrate y un techo dónde descansar hasta el siguiente día.

Sin embargo, sus bolsillos muy poco se los permiten y muchos de ellos se deben conformar con una fría torta, una botella de agua y un espacio a un costado de las vías del tren para descansar.

Los que corren con mejor suerte y que por el número de miembros de una familia perciben mayores recursos, deben habitar en los albergues, que no son más reconfortantes puesto que carecen de distintos servicios básicos, aún cuando deben pagar cantidades considerables como renta.

Ellos deben madrugar y esperar en las vías del tren, donde llegan en punto de las 5:00 horas, los distintos vehículos que los llevarán a sus trabajos y los regresarán hasta las 18:00 horas, aprovechando las escasas horas de la tarde para prepararse con alimentos para el siguiente día.

Esta es la vida de los jornaleros, familias que no difieren los días domingos del resto de la semana, puesto que de igual manera deben salir a laborar si los campos se los demandan y lo peor de todo, afirma la mayoría de ellos, «que jamás perciben sueldo alguno al laborar horas extras».

Entre los jornaleros no hay edades, lo mismo percibe un adulto que un menor de escasos seis años, ellos ganan por jornadas y solamente, por lo que los jefes de familia para que les reditúe mayor ganancia el trabajo en las parcelas, ponen a trabajar a todos los miembros de la familia «buscando un futuro prometedor».

Pero ese futuro se esfuma como el viento cuando deben reunir el recurso para cubrir el pago de la renta, ya que por cada miembro de una familia deben cubrir 50 pesos diarios, lo que le representa a cinco miembros 250 pesos diarios, mil 750 pesos por semana.

Por lo tanto, el poco recurso que les queda deben administrarlo en su alimentación y un poco de ropa, aunque la mayoría de los jornaleros afirma no adquirir una sola prenda desde hace años, pues prefieren gastarlo en alimentos y medicinas cuando su salud lo amerita.

Esta es la triste realidad de los jornaleros, ahora una parte de ellos cansados de las condiciones en que habitan los suelos michoacanos buscan la manera de volver a su país de origen, en tanto los que se dicen mexicanos, esperan la atención de las autoridades que puedan ofrecerles mejores condiciones de vida.

Fuente: www.cambiodemichoacan.com.mx


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