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Guatemala, donde la vida no vale nada
Por Pedro Peral - Guatemala, 7 de enero de 2008

Las experiencias del misionero Pedro Jaramillo en Guatemala

Su ancha e intensa experiencia en misiones de Cáritas Internacional le llevaron en otra ocasión a Honduras. Era el campamento de refugiados guatemaltecos de Colomoncagua, la mayoría perseguidos «a causa de la Palabra»; valerosos agentes de pastoral en las zonas en las que el sacerdote no alcanzaba a llegar. Le pidieron que les celebrara la misa y que, antes, se pusiera a confesar. Una larga fila esperaba.

- «Se me acercó uno de los indígenas. Con su sombrero entre sus manos y con una vez temblorosa me manifestó el trabajo que le costaba perdonar. «¿Pues qué le ha pasado»?, le pregunté. «Los paramilitares me han matado a mis dos hijos». Me quedé tan confuso que intenté justificarle aquel resquemor que le había quedado por dentro. Con la sencillez del indígena, pero de manera tajante, repuso: «No, padrecito, no; el Señor nos manda perdonar también a los enemigos y no acierto a lograrlo del todo». «Dios mío -me dije-, ¿cómo es posible llegar a pensar que alguien así pueda ser enemigo?».

MUERTOS SIN NOMBRE.

En Centro América, la vida no vale nada. No sólo las «maras» llevan la violencia hasta la muerte, sino es el propio ambiente que «respira» violencia. Recuerdo que un viaje por carretera desde El Salvador a «Guate», después de que se produjesen asaltos y robos de los propios policías a pacíficos viajeros, el profesor que conducía el «carro» me dijo: «Aquí suelen colocar patrullas de vigilancia. Hoy, no: Estamos salvados». El mundo al revés. Pedro Jaramillo confirma ese ambiente.

- «Acabo de llegar del «Cementerio de la Verbena». El nombre no es un chiste; podría ser otro sentido de la muerte. Pero, la realidad es que aquello era una auténtica verbena. La concelebración de los curas del arciprestazgo, con uno de los obispos, la habían preparado en el terreno de los «difuntos XX». Todos los muertos sin nombre con un promedio de diez diarios.

Cuando decidió dar el paso a éste ya casi «póstumo» servicio misionero, hizo gestiones en el Instituto Español de Misiones Extranjeras, con quienes había tenido mucho contacto como amigo y como vicario. Nuestros misioneros de toda la vida, entre ellos, nuestro querido y recordado Vicente Hondarza, han ido a las misiones por ese cauce. Por ellos tuvo conocimiento de que uno de sus miembros, un aguerrido misionero burgalés, andaba por España, aquejado de una grave enfermedad. Una suplencia, mientras que la enfermedad durara, podría ser un buen comienzo. Y así fue.

Padrecito de los ‘bolos’.

La sustitución duró ocho meses. Se metió de lleno en el contacto con la gente. Algunos, sobre todo, jóvenes, con historias y presentes desgarradores y espeluznantes.

- «El «jefe» de una pandilla me confesó después que haberme tenido dos meses bajo control, para ver si era persona de fiar. Cuando ellos mismos decidieron que sí, fue una avalancha de confidencias que me ponían los pelos de punta. Pronto me llegué a convencer: aquí faltan agarraderos. La gente, sobre todo, joven no tiene donde volcar todo lo que lleva dentro, incluso aquéllos que en las pandillas de «maras» se decidieron un día por el camino de la violencia. Llegué a saber que me habían bautizado como «el padrecito de los bolos» -por aquí así designan a los borrachos-. Borrachos con puro alcohol de farmacia. Conmovedor fue un día el encuentro con uno de ellos. Él es evangélico, de una de las tantísimas sectas que crecen aquí como hongos. Les inculcan lo antievangélico que es que a los curas nos llamen «padres». Por eso, me dijo él: «Mire, usted sabe muy bien que usted no es padre; sólo tenemos a un Padre que es el del cielo. Pero sí le digo una cosa, usted es para nosotros la sonrisa de ese Padre». Es el piropo más hermoso que me han tirado en toda mi vida sacerdotal».

«Perseguido» por cáritas.

En la vida de Pedro Jaramillo, Cáritas ha dejado una huella imborrable. Primero, delegado en nuestra diócesis. Y desde el año 1979 en Caritas Internacional, que le permitió conocer otros mundos, otras gentes, unidas por el factor común de la ignorancia y la pobreza. Posteriormente, secretario general de Cáritas Española.

- «Por eso, no dudé en decir que sí, cuando me propusieron ser el delegado Episcopal de Pastoral Social/ Cáritas de Guatemala. Me buscaron y me dejé encontrar. Cáritas me ha «perseguido». Estoy convencido de que el vacío que dejó una teología y práctica de la liberación no comprendida o no bien encauzada, lo puede y debe llenar la Pastoral Social. La salvación «integral» , de todos los hombres y de todo el hombre..., y de las mujeres ha sido santo y seña de la pastoral de la Iglesia. Cuando la invocación de la presencia de Dios está teñida de «intervencionismo», es preciso que se agrande la categoría bíblica de la mediación. Desde el principio lo comencé a presentar como lema de mi trabajo pastoral: «A Dios rogando y con el mazo dando». Y así la gente entendió que había que desarrollar una «pastoral de la mirada».

Las «maras».

En diciembre del pasado año, vino a España. Tenía que casar a Eduardo, un muchacho mexicano que, en otras de sus correrías de Cáritas por México, se lo pidió una hermana, trabajadora con niños de la calle, que lo llevara para España.

- «De regreso a Guatemala, me fui a ver al cardenal, para ofrecerle mi disponibilidad. «Si usted se atreve -me dijo- váyase a la Zona 7 y ayude allí a un anciano sacerdote que está solo al frente de una parroquia de más de 100.000 habitantes». «¿Si usted se atreve?». Pronto llegué a saber que la parte del Amparo y los Granizos, de la tal Zona 7, donde está enclavada la parroquia, está declarada como «zona roja». «¿Dónde le dejamos el seguro de su carro?» - me preguntaron de la Agencia-. «Es que fíjese hasta ahí no llegan nuestros recaderos por ser zona roja». Y de nuevo a comenzar, con muchísimo más de lo mismo. El día 24 de octubre, me llamó de nuevo el cardenal para comunicarme que monseñor Carrera había presentado la renuncia a causa de los achaques, ¡qué los años no perdonan, y los suyos son ya 87! Y que me nombraba párroco (¡claro, si yo no tenía inconveniente!). Y aquí estoy, estrenándome de párroco, en un ambiente ya conocido, con caras ya familiares, pero con la sensación de estar «como aguja en un pajar». Casi dos veces la población de nuestra ciudad, todo en una sola parroquia, y, como cura, «solo ante el peligro» pues monseñor se ha quedado ya en la retaguardia».

Módulos de esperanza.

Caminar con estas gentes, en esta extensa parroquia fue su primera tarea. El inmenso complejo social llamado Módulos de Esperanza la había fundado un carmelita vasco-alemán, el padre Ramón, en lo que entonces eran literalmente basureros. En pleno conflicto y metido hasta el gorro en la miseria, aquel hombre de Dios hizo de esta zona un rincón carmelitano. Al día hay que sacarle 25 horas: estar con todos y para todo.

Es «el padre». Y, aunque le «expriman» en lo cultual, es verdad que la «paternidad» alcanza a la vida. La ausencia de referencias, les hace «tener» a nuestro paisano de referente para todo..., y vuelcan su vida y su historia, narrando de manera concreta una interioridad atormentada y dura.

- «La multiplicación de capillas es necesidad de cercanía en esta extensión inmensa. Hay quien también ve en ellas una manera «constructiva» de contrarrestar la presencia de las sectas. Es terrible: anoche mismo me comentaban: «Fíjese, padre, que lo de las sectas se ha convertido en un buen negocio. Quien se queda desempleado hace un curso acelerado de predicador y se monta su capilla; ha funcionado la «teología de la prosperidad». ¿Qué y cómo hacer para no caer en la trampa de trabajar como sectas? En unos años, Guatemala está llegando a tener tan sólo un 50% de católicos. Es un caso especial en el contexto latinoamericano. La consigna política había venido del Norte: «Es preciso dividir a la gente». Aquella consigna supuso la invasión de predicadores. Ahora ya los hay autóctonos, ¡y a montones!»

«Marero», universitario.

Las labores del misionero orientadas a la educación ocupan un lugar prioritario en su jornada de trabajo. Pude comprobarlo en una cena con cinco jóvenes, ex «mareros» a las puertas ya de la Universidad. Resulta enormemente esperanzador comprobar no sólo la regeneración de estos jóvenes sino su alegre y tenaz compromiso por dedicarse a sacar del barro a sus ex compañeros.

- «No hay que ser un lince para darse cuenta que en los barrios periféricos la educación es un problema grave, muy grave». Así que, ya en el 2006, comenzamos con el Fortalecimiento Escolar y Psico-social… La sorpresa fue mayúscula: logramos meter a cinco en la Universidad. Creció la autoestima y se pusieron las bases para darle al programa más envergadura. Ya tenemos cuatro centros: dos en las zonas más pobres del país; y otros dos en las periferias de la capital.

Madres, mujeres.

En esta región, la mujer lleva casi todo el peso de la familia, dentro y fuera del hogar. Abundan los padres holgazanes. Y tanto o más los padres «ausentes», lo que desemboca, en muchos casos, en que la madre hace de «papá y de mamá». Pero una cosa es la pareja y otra la madre.

- «Yo creo que uno de los problemas gordos es que la mayoría de estos muchachos no tienen adolescencia. Vienen de una infancia atormentada y pronto tienen que habérselas con problemas de mayores, hasta como prematuros padres y madres de familia... Esa es otra. El papel de la madre es preponderante. El padre desaparece muy pronto de la escena».

Con frecuencia, el sacerdote celebra el sacramento del matrimonio a varias parejas miembros de grandes familias que vivían alejadas de la religión.

-«Con motivo de la Navidad, vamos a dar un especial relieve a la familia. Realidad muy fuerte sociológicamente hablando. Importancia extraordinaria de la madre... siempre te hablo de lugares marginales. Un día les decía a un grupo de ellos: «Extraña mucho que debiendo tanto a la mujer, a vuestra madre, en la vida, luego, a la propia mujer la traten imitando a sus papás». Respuesta: «es que mi madre no es una mujer»...- ¿Cómo así? Mi madre es mi madre... Ellas tienen una paciencia envidiable: ya venga el hijo drogado o borracho, o ex-presidiario..., siempre encuentra a su madre disponible».

Bienes y valores.

Los 11.000 kilómetros que separan Guatemala de la provincia de Ciudad Real se unen y funden a través de la ayuda que los ciudadrealeños prestan a las extensas labores de Pedro Jaramillo.

Apoyado por el obispo, por los hermanos curas, por las religiosas por tantos seglares y agentes de pastoral con quienes trabajó.

La lista es interminable: amigos, su propia familia, paisanos, con un apoyo traducido también en colaboración material, así como numerosas instituciones.

para la edad dorada

Nuestro paisano tiene abiertas las puertas de la colaboración a todos. Nos habla de la Jubilación Misionera, que prevé el posible compromiso más permanente de personas de nuestras tierras jubiladas, pero aún de «muy buen ver» y de un mejor hacer.

Todo eso está tomando forma de Programa, desde la Cáritas Nacional de Guatemala. «Ya os iré teniendo al corriente, ¡por si alguien se anima!, son sus últimas palabras.

Pedro Jaramillo Rivas, misionero por convicción, devoción y ocupación envía un fuerte abrazo a todos/as y su mejor felicitación en estas fiestas y un 2.008 lleno de paz, con el agradecimiento a todos cuantos colaboran en sus humanitarias labores.

Fuente: www.diariolatribuna.com - 060108


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