Recuerdos de una madre guatemalteca
Por la redacción de el Diario el Montanes - Guatemala, 6 de julio de 2010
Igual le dijo adiós desde la cocina. Sin más. Quizás estaba muy atareada con las enchiladas y el ceviche. No siempre puedes dedicar todos y cada uno de los pensamientos a los hijos. A veces, es normal, no les prestas atención. Somos humanos. Blanca Hernández era una madre cualquiera en 1984. Tenía un chaval llamado Óscar David que salió una mañana de casa... y ya no volvió. Guatemala era un infierno desde los años 60, cuando se convirtió en un polvorín en el que militares y bandas guerrilleras prendían la mecha un día sí y otro también. Las masacres en nombre del orden nacional y los ataques de los movimientos filocomunistas no daban tregua.
Bien lo sabe el cuerpo diplomático: el primer secretario de la embajada española en Guatemala, Jaime Ruiz del Árbol, murió el 31 de enero de 1980 durante el ataque de las fuerzas de seguridad guatemaltecas contra las oficinas en las que trabajaba. Tenía 38 años. Por no hablar de los asesinados anónimos: 37 indios que sólo querían atraer la atención internacional y dar a conocer el genocidio que estaban sufriendo en el campo. El color de la piel todavía marca las diferencias en Latinoamérica. No todos tienen el mismo derecho a la vida.
Se calcula que entre 1978 y 1986 fueron exterminadas más de 250.000 personas. Unas 45.000 continúan desaparecidas. Óscar David es una de ellas. Su madre quizás no le dio un beso en la mejilla antes de salir de casa. Han pasado 26 años y ahí la tienen, con la mirada clavada en la foto de su niño. Parece que fue ayer. No le hace falta marcar en rojo el 21 de junio (Jornada Nacional de los Desaparecidos) en el calendario de la cocina. Cada día de la semana, año tras año, le dice adiós a Óscar David.
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