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Piden poner alto asesinatos de mujeres
Por Sergio de Leon/AP - Guatemala, 22 de agosto de 2204

“Ten misericordia de quienes le hicieron esto a mi hija” fueron las primeras palabras de una mujer de 47 años al descubrir debajo de una sábana blanca el cadáver de su hija Brenda García, que yacía frente a la maquila en donde trabajaba.

Era secretaria, se destacaba en la iglesia a la que asistían desde que tenía siete años y quería ser abogada, pero a los 20 años su nombre se sumó al de más de 300 mujeres que han muerto violentamente en Guatemala desde enero.

Los crímenes son cometidos con arma blanca, arma de fuego, a golpes o por estrangulación. La fiscalía de Delitos contra la Mujer investiga 125 de esos casos en el área metropolitana, “pero no son todos”, explica su titular Sandra Zayas.

Los grupos de mujeres están escandalizados y exigen a las autoridades que detenga esa ola de violencia que parece ensañarse contra el género femenino.

Ester Chávez es una de las dirigentes de Ciudad Juárez, México, que denunció el “feminicidio” que allá las enluta y no dudó en comparar las estadísticas de Guatemala con un “exterminio”, aunque aclaró que no se repiten las características de crímenes seriales observadas en su ciudad natal.

En Guatemala “las matan de muchas formas”, dijo Chávez.

La activista del Centro de Acción Legal para los Derechos Humanos Andrea Barrios manifiesta que “la forma en que las matan expresa saña, ira y odio... han sido torturadas, violadas, maltratadas”.

Señala que lo peor es que “no hay respuestas claras respecto a las investigaciones, queremos que en los asesinatos de mujeres se haga justicia y no sigan en la impunidad”.

La fiscal Zayas y el director de la policía Erwin Sperinsen coinciden en que el repunte de ataques contra féminas es proporcional al aumento que la violencia ha tenido en general en el país.

“Son muchos factores”, pues los motivos de los crímenes van “desde celos hasta iniciaciones en grupos radicales” de pandilleros, explica Sperinsen después de analizar los reportes de crímenes de mujeres, un tema que a su criterio sólo “se ha puesto de moda”.

Los mismos administradores de justicia se quejan de las leyes.

Zayas asegura que las penas para sancionar la violencia doméstica son irrisorias, igual que las que castigan violaciones (8 años) y los “abusos deshonestos” que encuadran agresiones tales como una violación anal (6 años).

Si una mujer es agredida en su hogar, que aparece en el 29% de los casos de asesinatos que investiga la fiscalía contra la mujer, el agresor, casi siempre cercano a la víctima, no recibe sanción alguna.

La agredida recibe una constancia de que hizo la denuncia que a la vez representa una “medida de seguridad” para la víctima, que debería ser protegida de otros ataques.

Zayas describe que cuando en enero Carolina Clavería murió en el baño de un restaurante de comida rápida, tenía esa hoja en la mano. Su ex pareja, que tenía antecedentes de haberla agredido, le disparó a quemarropa.

La fiscal cree que el mejor mensaje a la sociedad es atacar drásticamente a los agresores, pero para lograrlo requiere aumentar los 10 fiscales que la auxilian y que mensualmente tienen que lidiar con 1.500 expedientes de diferente índole que entran a esa oficina. También aboga por un incremento a las penas.

La señora Franco considera la búsqueda de justicia en Guatemala como “un suplicio”.

Tomado de www.eldiariony.com


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