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La selva de Guatemala también se quema (como la Amazonía) y estas son algunas de las causas
Por Carlos Manoel Álvarez - Guatemala, 29 de agosto de 2019

Pese a los esfuerzos y mejoras en los programas para prevenir y combatir los incendios las autoridades reconocen que los recursos para enfrentarlos son insuficientes y resaltan que la pérdida de biodiversidad es invaluable y que las consecuencias a mediano y largo plazo para la sociedad pueden ser desastrosas.

Datos de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) precisan que durante la temporada de incendios forestales 2018-2019 —noviembre a junio— se registraron mil 410, de los cuales mil 44 fueron forestales y 366 no forestales.

Todos los siniestros destruyeron 473.67 kilómetros cuadrados de bosques. Para dimensionar el daño, el área consumida por el fuego sería casi la mitad de lo que actualmente ocupa la Ciudad de Guatemala.

Los registros también detallan que los departamentos más afectados son Petén, con 26 mil 692.34 hectáreas destruidas; Zacapa, 6 mil 904.19; Baja Verapaz, 2 mil 227.99; Jalapa, mil 862.43, y Alta Verapaz, mil 463.48.

En la temporada 2017-2018 se registraron mil 30 incendios; 738, forestales, y 292, no forestales. Durante ese lapso se destruyeron 13 mil 379.3 hectáreas de bosques.

Qué los provoca

Kenny Martínez, subdirector de Incendios Forestales de la Conred, explicó que esta es una situación de país que “lastimosamente va en aumento año con año derivado a que es una problemática provocada por el hombre”.

“El 98 por ciento de los incendios forestales son provocados por el mal manejo del fuego. Dentro de ese porcentaje se incluye aquellos incendios que son para el aprovechamiento de tierras o para la comisión de actos delictivos, como pasa en Petén”, explicó el experto.

Agregó que en los demás departamentos el mal manejo del fuego tiene que ver con las llamadas quemas agrícolas o rozas controladas pues “muchas veces las personas no tienen el conocimiento básico de cómo realizar una quema, en qué condiciones y qué medidas debe tomar y el resultado es que estas se salen de control”.

“Esto daña nuestros recursos naturales, pone en riesgo las comunidades, la flora y fauna de los ecosistemas. Hay instituciones que se dedican a generar sensibilización para que las personas que ponen en riesgo su vida y su entorno”, afirmó Martínez.

Explicó que el sistema Conred se apoya en varias instituciones para combatir los incendios, estos son los tres cuerpos de bomberos, el Ejército y las brigadas de respuesta a incendios forestales que trabajan de forma coordinada durante la temporada.

Expuso que el trabajo que se desarrolla para el combate de los incendios es gradual porque no ocurren todos al mismo tiempo ni en todas las regiones y como ejemplo señaló que en mayo de este año se trabajaba en combatir incendios en Petén, pero en simultáneo se tenían problemas de inundaciones en occidente.

“Aún con este comportamiento gradual en los meses de marzo, abril y mayo es insuficiente el personal para combatirlo, tanto de Conred como de las instituciones que unen esfuerzos de manera integral. A veces hay 15 o 20 incendios activos y se divide al personal y no es suficiente”, lamentó Martínez.

Nunca ha sido un tema prioritario

Los incendios forestales no han sido prioridad para el Gobierno, pues es evidente que las administraciones no se han preocupado por generar una institucionalidad para combatirla.

En 2001 se creó el Sistema Nacional para la Prevención y Control de Incendios Forestales (Sipecif), mediante el acuerdo gubernativo 63-2001 y durante ocho años estuvo a cargo de la Secretaria de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia.

En el 2009 el Gobierno decidió que la Conred era la que debía hacerse cargo del Sistema, pero en el 2014 esta salió de ahí porque las autoridades consideraron que era mejor que estuviera bajo el mando del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).

El Sipecif estuvo vigente hasta el 2017 cuando desapareció mediante el acuerdo gubernativo 156-2017. Durante sus poco más de 16 años de existencia nunca se le asignó presupuesto y sobrevivía con los recursos que le asignaban las instituciones donde estaba.

Mejoras no son suficientes

A partir del año pasado el control de los incendios forestales se le asignó de nuevo a la Conred. David De León, vocero de la institución, explicó que en 2017 se asignaron Q20 millones para fortalecer esta área.

“Este año las brigadas —contra incendios— que anteriormente se contrataban durante seis meses fueron contratados permanentemente y ahora las personas ya pasan a ser parte de Conred como tal y ya no solamente realizan una función temporal”, explicó el vocero.

Con el aporte del 2017 se adquirieron dos helibaldes los cuales se utilizan para combatir incendios vía área con el apoyo del Ejército y otro equipo. “La idea es tener los recursos listos para combatir los incendios, pero hace falta otro tipo de apoyo con las otras instituciones”, acotó el portavoz.

De León explicó que actualmente se destinan Q6 millones para el combate a incendios y las 15 brigadas contraincendios que ya hay de planta lo conforman 150 personas, que están distribuidos en todo el país y se mueven según la necesidad.

También es un tema de gobernanza

Cesar Beltetón, director de Manejo de Bosques del Conap, explicó que bajo el nuevo esquema de trabajo —luego de desaparecido Sipecif— la institución es de apoyo y durante la parte del año que no es temporada de incendios se dedica a fortalecer las capacidades del personal.

“Esto se hace con personal del Conap, guardarrecursos y con otras instituciones que trabajan en el tema de conservación y a través de sus sedes regionales hace trabajo de concientización”, explicó el experto.

Beltetón destacó que este trabajo solo es efectivo cuando las causas del incendio son desconocidas, pero no evita los incendios intencionales donde se pretende sustraer recursos o cometer acciones delictivas.

“Con esas personas pasa lo que pasa en la Amazonía, lo que se sabe en comunicados es que son incendios provocados con el afán de ganar la frontera agrícola con el bosque y meter plantaciones de soja y otros cultivos que benefician solo a unos cuantos”, apuntó el funcionario.

Resaltó que para combatir esta problemática la única solución efectiva es “el fortalecimiento de los sistema de gobernanza en los territorios”.

“Lo único que se puede hacer es reforzar la presencia de las instituciones que tiene que ver con la aplicación de la ley, porque con más presencia es más probable que alguien con mala intención se anime a prender fuego”, acotó Beltetón.

El experto destacó que la pérdida de la biodiversidad que tiene el país con los incendios forestales es invaluable, pues un incendio puede provocar la extinción de especies endémicas muy focalizadas que posteriormente harán falta en los ecosistemas y afectarán el equilibrio natural y que nunca más podrán reponerse.

Problemáticas a largo plazo

Roger Agustín, encargado de incendios forestales de Instituto Nacional de Bosques (Inab), explicó que el apoyo que da la institución se enfoca en la capacitación a sus usuarios, para que puedan gestionar de buena forma los bosques y evitar incendios.

Explicó que esto se hace con base a los lineamientos técnicos y legales que rigen el Instituto y lo que se busca es evitar los grandes daños a largo plazo que puede sufrir la sociedad cuando los incendios destruyen los ecosistemas.

“Los daños de momento y que se ven son el área quemada y la afectación de flora y fauna, pero poco se habla de los efectos a futuro ya que estos pueden perjudicar las economías locales, nacionales y poner en riesgo a poblaciones”, explicó el experto.

Agustín indicó que los incendios en zonas boscosas pueden provocar baja de asistencia en lugares turísticos, lo que podría afectar las economías locales, la destrucción de los bosques puede afectar el aprovechamiento de recursos naturales.

“Otros efectos que ya hemos visto ocurre en las áreas con pendientes, cuando el incendio destruye la vegetación y la materia orgánica deja a la intemperie la tierra y provoca erosión, cuando llega la lluvia, ocurren deslaves y desprendimiento de material el ejemplo más cercano se dio en el volcán Chingo”, afirmó Agustín.

El experto indicó que aunque estos daños no son inmediatos situaciones como están afectan las finanzas del país pues luego se tiene que desarrollar planes de mitigación para proteger a las comunidades cuando en algunos casos la solución es evitar los incendios.

Pulmones bajo amenaza

Los llamados pulmones del planeta son los bosques y selvas cuya función principal es la producción de oxígeno y la captura del carbono libre en la atmósfera lo que repercute en una mejor calidad del aire.

En la actualidad son considerados los principales pulmones del planeta los bosques de Centroamérica, la selva tropical en Sudamérica —amazonia— y los bosques húmedos de África. También son importantes para el planeta las selvas de Asia ubicadas en Malasia, Indonesia, Filipinas y otros países cercanos.

Recientemente ha tenido mucha cobertura mediática los incendios forestales que han afectado la amazonia y que han levantado las alertas a nivel mundial, sin embargo, lo cierto es que este no es el único lugar que tiene una emergencia.

Según el Sistema de Información de Incendios para la Gestión de Recursos (FIRMS por sus siglas en inglés) de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), además de la amazonia, los bosques africanos están en una emergencia.

El cuadro también detalla que los bosques de Centroamérica también sufren por los incendios, de la misma forma que los bosques asiáticos y otras partes del mundo como Madagascar, oriente de Australia y el norte de Europa.

El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) presenta un mapa de amenaza de incendios forestales para las próximas horas donde destaca las áreas más vulnerables.

Según las condiciones climáticas Insivumeh prevé que los lugares más vulnerables a que ocurran incendios forestales son Petén, la zona semiárida del país —corredor seco— y el altiplano del país principalmente Huehuetenango y partes de Quiché y San Marcos.

Fuente: www.eleconomista.net


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