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“¡No más sangre por petróleo!”
Por Andreas Boueke - 4 de abríl de 2004

Los manifestantes reclamaron: “¡No más sangre por petróleo!”

El 15 de marzo, unas 60 personas cerraron durante 48 horas la calle que une las comunidades Playitas y Rubelsanto en Alta Verapaz. Acusaron e insultaron a la compañía petrolera Perenco. Su demanda: que la empresa quite las armas a los guardianes privados.

¿Qué desató la manifestación? El 7 de marzo, elPeriódico reportó el asesinato del joven Jaime Alfredo Rodríguez en Rubelsanto. Desde el principio, la población responsabilizó a empleados de la empresa francesa Perenco. Hay testigos. Tres habitantes de la comunidad Playitas, cazadores de animales silvestres, oyeron cómo la víctima fue torturada en una troje, un depósito de maíz. Poco después, a las 11:45 de la noche del 21 de febrero, escucharon cómo Jaime Alfredo Rodríguez fue ultimado cerca del pit de quema de la compañía. Recibió un tiro en el ojo y uno cerca del corazón. Por la mañana, el cadáver apareció a pocos metros de las viejas oficinas de la petrolera.

Un empleado antiguo de la compañía encontró el cadáver. Este señor fue despedido pocos días después, presuntamente por no haber ocultado el crimen. Su superior, el jefe de seguridad Ítalo Marroquín, quiso evitar que se responsabilizase a la compañía. Hoy, todavía no se sabe del paradero de Ítalo Marroquín.

Los testigos que escucharon la tortura y el asesinato identificaron a dos de los tres victimarios como empleados de la compañía VISERSA, Vigilancia y Servicio S.A., que presta servicios de seguridad a la petrolera Perenco. A uno se le conoce como El Canche, entrenado en la G2 del Ejército. El día después del asesinato, la compañía trasladó al Canche a otro sitio petrolero cerca de la comunidad Raxujá. El otro, El Zorro, también fue especialista militar. El mismo día en que apareció el cadáver, la compañía mandó al Zorro a trabajar en los campos de Xan, en Petén. Las autoridades de la compañía, sin embargo, aseguraron a los manifestantes que estos supuestos autores materiales del asesinato ya no trabajaban allí. Los pobladores querían tomar la justicia por sus propias manos. Interceptaron una avioneta de Perenco con tiros de rifle cuando iba a despegar de la pista en Rubelsanto, en un intento de encontrar a toda costa al Zorro y al Canche.

Una tortura sanguinaria
Según los pobladores, después de que Rodríguez fue torturado, lo trasladaron en un carro Suzuki Samurai rojo. Durante varios días, este vehículo se encontraba dentro de las instalaciones de la empresa en Rubelsanto. Pero los empleados lo escondieron. Sin embargo, varios niños de la población habían visto que el interior del carro estaba manchado con sangre. También relatan que dentro del carro había alambres teñidos de rojo.

Ya pasaron cinco semanas (desde el 22 de febrero). No fue hasta el 31 de marzo que agentes del Servicio de Investigación Criminal de la Policía se hicieron presentes en Rubelsanto. No pudieron salir antes de su sede en Cobán, ya que su único vehículo disponible no estaba funcionando. Mientras las pistas se agotan y las pruebas siguen desapareciendo, el escritorio del fiscal que está manejando la investigación se llena con otros casos, entre ellos varios homicidios. Así que es probable que el asesinato de Jaime Alfredo Rodríguez sea otro caso más que quede en la impunidad.

Rodríguez sabía que la contaminación petrolera estaba atacando sus derechos. Él quiso divulgar el desastre ecológico que las petroleras habían causado. Pero era un joven de 24 años, no un líder conocido dentro de su comunidad. “Cabalmente, por eso fue escogido como víctima”, opina un investigador de Minugua, conocedor de la situación de derechos humanos en Alta Verapaz. “La empresa buscaba a alguien para enviar un mensaje a la población, para que no se metiera con ellos. Buscaron a alguien que no trascendiera mucho. Esto fue selectivo. Buscaron a una persona que sabía en dónde había mayor contaminación. Lo eliminaron pensando que no iba a haber mayor problema, porque la víctima no tiene mayor presencia pública”.

Los manifestantes en Rubelsanto no tuvieron éxito con su demanda de esclarecer el crimen y quitar las armas al personal de Perenco. Los licenciados Óscar López y Antonio Minondo, jefes del departamento legal de las oficinas centrales en la capital, se hicieron presentes en Rubelsanto. Estos altos jefes manifestaron que no podrían quitarles las armas a sus empleados de seguridad, ya que las necesitan para prevenir robos. Pero tampoco dejaron con las manos vacías a los pobladores. Ofrecieron implementar un proyecto de urbanización en Rubelsanto. Después de una larga negociación, se acordó el arreglo de las calles, la perforación de un pozo de agua limpia y la instalación de drenajes. A cambio, la empresa pidió a los pobladores que terminen con las manifestaciones y que dejen de divulgar información acerca de la contaminación petrolera en el área.

Mientras tanto, el norte de Alta Verapaz sigue minado de sitios sucios. Pobladores de la comunidad Chinahá aseguran que cerca a los pozos 1, 2 y 3 hay varios agujeros en los tubos. A causa del gas y el petróleo derramado muere el ganado y la vida de mucha gente está en peligro. Nadie vela por eso.

 

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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