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Investigación: Plaguicidas
Por Amafredo Castellanos - Guatemala, 4 de julio de 2005

Plaguicidas cobran mortal factura en guatemala

El servicio Médico Forense registra que 303 guatemaltecos murieron en 2004 como consecuencia de intoxicación por plaguicidas. El Ministerio de Salud conoció 22 intoxicaciones en niños menores de cuatro años

Antecedentes de pavor
-En 1974 se descubrieron en Guatemala, mediante un trabajo de tesis de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia de la Universidad de San Carlos (Usac), residuos de DDT, un plaguicida del tipo organoclorado, en leche materna. No hubo, sin embargo, estudios en los pacientes, tanto niños como madres.

-En 1991, un artículo de la revista “Envío”, de la Universidad Centroamericana (UCA), dio cuenta que “Guatemala registra el más alto nivel de DDT en la leche materna y en el cuerpo humano que se conoce en todo el mundo, 185 veces superior a los límites que señala la Organización Mundial de la Salud como tolerables”.

-“Es una buena pregunta”, responde con resignación el epidemiólogo del Ministerio de Salud, Manuel Sagastume, inquirido por la suerte corrida por los infantes que ingirieron leche materna contaminada.

-La directora del Centro de Información y Asesoría Toxicológica de la Usac, Carolina de Meléndez, lamentó la ausencia de estudios sobre el impacto de los químicos a largo plazo.

-“Lamentablemente, no existen. Para que tengan resultados significativos, deben ser a largo plazo, con equipo especializado, personal calificado y todo ello representa recursos económicos que no están disponibles”, agregó.

Un mal necesario
El encargado de la Prioridad de Intoxicaciones Agudas por Plaguicidas (Iaps) del Ministerio de Salud Pública, el epidemiólogo Manuel Sagastume, reconoce que los plaguicidas son “un mal necesario”, por tratarse de una herramienta que ayuda al agricultor a combatir malezas, hongos e insectos de sus cultivos, con ahorro de tiempo y dinero.

Un total de 22 niños menores de 4 años sufrieron intoxicaciones agudas causadas por plaguicidas durante 2004, de acuerdo con los registros del Ministerio de Salud Pública.

Este número se inscribe dentro de los 1,043 casos conocidos por la Unidad de Epidemiología de dicha cartera, casi la mitad de los cuales (434) se reportan como “accidentes de trabajo”.

Según el epidemiólogo Manuel Sagastume, encargado de la Prioridad de Intoxicaciones Agudas por Plaguicidas (Iaps), del Ministerio de Salud, la mayoría de los casos de niños intoxicados se debió a que son llevados por su madre a las plantaciones, incluso cuando hay fumigaciones.

Las familias que viven en poblados cercanos a las plantaciones quedan expuestas cuando la dirección del aire arrastra los químicos altamente tóxicos hacia ellos, según Mario Godínez, de la organización Mesa Global.

Lo que no se conoce con certeza son los efectos de los agroquímicos en la salud de las personas a largo plazo, tanto para los trabajadores agrícolas como para quienes consumen hortalizas o granos con excesivas dosis.

De acuerdo con la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud, unos 1,200 casos de intoxicaciones agudas ocurren en el país anualmente, de los cuales, entre 150 y 200 terminan en muertes. Se considera que el subregistro (casos no tabulados) es del 99 por ciento.

Datos de esta dependencia señalan que en 2004 hubo 145 fallecidos por esta causa, 19 de ellos considerados como “accidentes de trabajo”.

Una cifra más contundente es la que ofrece el Servicio Médico Forense del Organismo Judicial (OJ). Un total de 303 guatemaltecos murieron en 2004 a consecuencia de intoxicación provocada por plaguicidas.

El dato no logra mayor impacto. El número de fallecidos por esta causa se disipa entre las 10 mil 148 necropsias practicadas en el mismo período por ese organismo, en su mayoría a causa de la violencia.

No obstante, para Godínez, éste resulta “interesante”. “Estamos hablando de una causa que afecta particularmente a la población rural del país, donde la violencia no golpea tanto como en la ciudad”, dijo.

La Asociación del Gremio Químico Agrícola (Agrequima), la cual agrupa a importadores, fabricantes y vendedores de tales productos, defiende a los mismos.

“Si el producto se usa en la dosis correcta y en la forma adecuada, no debe causar ningún daño, lo cual está demostrado con estudios que sirven de soporte para obtener el registro de cada uno de ellos”, dijo Julio Ruano, gerente de Agrequima.

GUATEMALA, EL MÁS AFECTADO

El estudio Situación Epidemiológica de las Intoxicaciones Agudas por Plaguicidas en el Istmo Centroamericano,realizado en 2002 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), concluye que “la mayor proporción de intoxicaciones agudas es de origen ocupacional, con un 39.1 por ciento”, y que de éstas, Guatemala es el país más afectado, con el 60 por ciento de los casos.

Ante el creciente problema, en 2000 los ministros de Salud de Centroamérica aprobaron un acuerdo sobre restricciones y prohibiciones de plaguicidas; comenzaron con una lista de 12 de ellos, causantes de morbilidad por intoxicaciones agudas. La lista era encabezada por productos como el Paraquat.

No obstante, en Guatemala los controles son débiles y existe trasiego y contrabando de productos prohibidos, según Danilo Ardón, agrónomo especializado en este tema, del Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícola (ICTA).

El enemigo en la sopa
En otros países, la salud de los ciudadanos es cuidada con recelo, y para ello las autoridades extreman sus mecanismos de protección y defensa bajo el criterio de una “duda razonable” que pueda representar una sustancia o producto.

En materia de plaguicidas, el Atrazine es un ejemplo reciente. En 2002, el diario The New York Times avivó una controversia causada por el uso de este químico en Estados Unidos, uno de los más utilizados en ese país en los campos de cultivo de maíz y en la grama de las residencias, pese a ser un producto prohibido en algunos países europeos.

Según el diario, estudios vinculan al químico con el cáncer en los humanos y deformaciones en las ranas. A su vez, los trabajadores de la fábrica Sygenta AG, de Suecia, el mayor productor de Atrazine, presentaron una demanda contra la empresa tras ser diagnosticados con cáncer de próstata después de estar expuestos al químico.

Como resultado de las dudas planteadas, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) restringió severamente su uso.

En Guatemala, éste es uno de los 400 compuestos agroquímicos que se comercializan multiplicados en 10 mil nombres diferentes. Todos cuentan con el registro del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA).

El epidemiólogo Manuel Sagastume recuerda que el negocio es “gigantesco y poderoso”. Según el estudio Situación Epidemiológica de las Intoxicaciones Agudas Causadas por Plaguicidas en el Istmo Centroamericano,“se ha producido (en la región) un incremento constante en el empleo de plaguicidas, alcanza su importación unos 45 millones de kilogramos anuales, los cuales son formulados en 42 plantas ubicadas en la región”.

El estudio da cuenta que la producción de plaguicidas de 1970 se duplicó en 15 años, y las ventas, que en 1970 fueron de US$2,700 millones, alcanzaron al final del siglo pasado US$40 mil millones. Las ventas en los países en desarrollo aumentaron del 20 al 40 por ciento en las últimas tres décadas.

En Guatemala, las importaciones se duplicaron de 4.1 millones a 10.4 millones de kilogramos entre los años 1994 y 2000.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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