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¿Listos para la foto? ¡Digan Guatemala!
Por Mirja Valdés de Arias - Guatemala, 10 de abril de 2005

Víctimas de discriminación racial coinciden en que de nada servirán los procesos legales por ese delito, mientras no se incluya a todos los guatemaltecos en la foto.

Las palabras

Hay palabras que, dependiendo de quién las diga, adquieren otro sentido. Bajo esa premisa, no es lo mismo insultar a una persona, que simplemente llamarla “india”. Entonces, la pregunta obligada es ¿el Código Penal condena la expresión gramatical o el insulto? “Ése es el desafío, demostrar que una expresión lleve una carga ideológica racista, que busca lesionar la dignidad de la persona”, comenta Amílcar Pop, presidente de la Asociación de Abogados Indígenas.

“Indio” o “indito”: desde la colonia se le da la connotación de seres inferiores, incapaces e inválidos. “Incluso durante los años de la guerra, era la justificación plena de 'exterminémolos', porque 'indio' era sinónimo de medio bestias”, explica Otilia Lux de Cotí, quien formara parte de la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH).

“Indio relamido o igualado”: cuando un indígena hace uso de un derecho que los no indígenas consideran propio.

“Mija / mijo”: tiene una carga peyorativa para hacer sentir inferior a la otra persona.

María / Pedro: forma despectiva de referirse a todo quien vista un traje regional.

“Nuestros indígenas”: los indígenas no son de nadie.

Definiciones por Otilia Lux de Cotí y Virgilio Alvarado.

 

Tres años y dos meses de prisión conmutables, la pena impuesta a cinco personas en el primer debate oral por el delito de discriminación racial en Guatemala. Esperan su turno dos procesos más por la misma causa.

El primero, es el de dos ciudadanos contra un locutor de radio. Se remonta a la noche del 21 de abril de 2003, cuando Sergio Ruano Andrade, un antropólogo, escuchaba por la radio un programa deportivo. Su dial estaba en el 106.1, en “la Porra Roja”. En otra parte de la ciudad, Amílcar Pop, un abogado, hacía lo mismo. “Fue casual, porque nunca escucho ese tipo de programas”, admite.

En eso, los dos desconocidos, hasta entonces, escucharon el comentario del conductor Marlon Puente: “no tiene la culpa el indio sino quien lo hace su compadre”, agraviando a la afición marquense. Pop se ofendió tanto que a la mañana siguiente interpuso una denuncia ante la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH). Para su sorpresa, ese mismo día lo llamó Ruano, un no indígena. “Había que hacer algo, pero sólo no podría, así que me sugirieron abocarme a Naleb -la asociación donde trabaja Pop- para preguntar ¿qué hacer al respecto?”, recuerda quien se sumó a la denuncia.

Luego de estudiar el caso, la PDH resolvió suspender la investigación y trasladarla como denuncia al Ministerio Público, porque encontró elementos constitutivos de delito: discriminación por motivos de raza. Pop y Ruano fueron citados a declarar. Puente asegura que lo hará cuando lo citen y prefiere no hablar por el momento.

El otro caso es el de María Tuyuc, contra el bar La Biblioteca. El 9 de julio de 2004, viajó de Chimaltenango a la Capital para asistir, como cada viernes, a la reunión de Coordinadores de Centros de Justicia, del programa de Justicia de AID, donde trabajaba. Al final de esas jornadas, el grupo se reunía en algún bar, esa vez, además, lo haría para agasajar a un compañero quien recién había aprobado su examen privado. “Los que conocen bien la ciudad decidieron el lugar: La Biblioteca”, recuerda Tuyuc.

Cuando se disponían a entrar a la discoteca, un guardia impidió el paso a dos jóvenes del grupo. El otro hombre de seguridad corrió a una oficina del establecimiento y regresó como a los cinco minutos, se paró a la par de otra de las acompañantes de Tuyuc y le habló al oído.

Tuyuc recuerda cada detalle. “Pregunté qué pasaba y él me dijo: no puede entrar, porque este lugar no está hecho para gente como usted”. El mismo hombre subió su brazo derecho y con un ademán la señaló de arriba a abajo y agregó: “y menos vestida de esa manera”.

Pasmada y atónita ante aquello, pidió salir de allí. “Sólo pensé en que no me gustaría que algo así le pasara a un hijo mío”. Lloró.

El lunes 12 de julio presentó una denuncia ante la defensoría indígena de la PDH y otra ante el Ministerio Público. elPeriódico se comunicó al bar La Biblioteca en donde uno de los empleados indicó que el establecimiento había sido desligado del caso.

De darles luz verde, en los tribunales de justicia, se convertirían en el segundo y tercer casos llevados a debate por discriminación racial en Guatemala. Y probablemente habrá más juicios públicos que sienten precedente, pero Pop está seguro de que esa no es la solución. “Mucha gente racista se abstendrá por medios coactivos de hacer esos comentarios, pero realmente en lo que se debe trabajar es en las nuevas generaciones, para quitar esos prejuicios de superioridad o inferioridad”, propone.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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