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Aún no olvidan la guerra y piden resarcimiento
Por Abner Guoz - Guatemala, 23 de diciembre de 2004

Ancianos, viudas y huérfanos acuden a prestar su testimonio y esperar alguna compensación, pues se consideran víctimas del conflicto armado interno. La mayoría de personas que asisten a dar a conocer sus testimonios son mujeres.

LAS VÍCTIMAS DE UNA GUERRA DE 36 AÑOS EN EL PAÍS

El Programa Nacional de Resarcimiento ha realizado 491 entrevistas de potenciales víctimas. De ellas, el 64 por ciento son mujeres y de éstas, el 60 por ciento se encuentra entre los 50 y los 59 años.

De 491 testimonios, la mitad corresponde a personas oriundas de Quiché.

El 30 por ciento son guatemaltecos que residen en Chimaltenago y un 20 por ciento en diferentes departamentos del país.

Sin que se impulse una campaña de divulgación, hace dos meses, 491 personas que se enteraron de que el Programa Nacional de Resarcimiento (PNR) ya inició labores, se presentaron a sus oficinas.

Mujeres ancianas, viudas y huérfanos han desfilado en forma constante por las oficinas en búsqueda de ayuda o, al menos, para ser escuchados.

Las víctimas de la guerra esperan ser escuchadas, y piden a los encargados del Programa que puedan ayudarlos a aliviar una pena que dicen arrastrar desde inicios de los años 80; algunos, antes.

Según Carlos Aldana, coordinador de la Unidad Técnica de calificación de Víctimas, quienes presten su testimonio deberán saber que el PNR iniciará una investigación de campo para verificar si los datos que aportan son verídicos.

Si así lo fueran, podrán ser beneficiados con el resarcimiento estatal, aunque éste no necesariamente será con dinero en efectivo.

El PNR ha diseñado un mecanismo de evaluación denominado VIVE, cuyas siglas corresponden a las palabras Violación sufrida, Impacto que le ocasionó, Vulnerabilidad en la que se encuentra y Expectativas de la víctima.

Si califica pasará a formar parte del Registro Nacional de Víctimas, para quienes se diseñaron cinco formas de reconocimiento a su situación. Una manera de resarcir será la dignificación, otra la recuperación cultural.

Una tercera es la ayuda sicosocial seguida de las medidas de indemnización económica como pago de becas para hijos o pensiones. Finalmente, la reparación material como construcción de casas y concesión de proyectos productivos.

Aunque una buena parte de las personas que acuden a las oficinas del PNR buscan una reparación económica, Aldana apunta que existen otras que lo único que desean es cerrar su duelo sabiendo qué fue lo que pasó con sus familiares.

elPeriódico presenta el testimonio de cuatro personas que acudieron a esa oficina en busca de resarcimiento.

HACE 23 AÑOS

Ayer, Antonio y Carlos cumplieron 23 años de haber desaparecido. Iban en una posada que se celebró en el departamento de Sacatepéquez cuando varios hombres armados que se conducían en vehículo, les pidieron enseñarles un camino. Las víctimas eran carpinteros y sostenían a sus cinco hermanos. Ell 27 de diciembre de ese año su mamá escuchó noticias acerca del aparecimiento de varios cadáveres. Uno de ellos era el de Antonio, el mayor. Tenía alambre atado al cuello y visibles señales de tortura. Su hermano no apareció. Hoy, la madre de las víctimas tiene 70 años y vive con 2 hijos y 6 nietos. Durante 22 años vendió fruta para sobrevivir. “Mi cabeza no da para nada, quisiera saber dónde está mi hijo”. Ésa fue su única petición.

QUIERE AYUDA SICOLÓGICA

“Quiero que me ayuden a regresar a mi hijo” es la única demanda que planteó Francisco cuando se entrevistó con uno de los integrantes del PNR. Cuenta que en Quiché hace más de 30 años presenciaron junto a su hijo cómo los habitantes de su aldea fueron asesinados. Ambos huyeron del lugar, y el pequeño sufrió desde esa fecha problemas mentales que hoy lo tienen postrado. Ha ingresado en varias ocasiones al Hospital de Salud Mental. Las buenas noticias sobre su salud son sólo una ilusión.

DESPLAZADA POR LA GUERRA

En 1982, Carmen presenció cómo hombres armados entraron a su casa en Chimaltenango. Éstos, junto a un policía judicial que aún vive en la comunidad, amarraron y golpearon al esposo de Carmen y luego se lo llevaron sin mediar palabra. Carmen procreó a un varón con quien huyó a la capital. Años después regresó y sólo encontró nuevos huéspedes en lo que fue su casa, por lo que debió tomar en alquiler una habitación junto a su hijo. Éste pide resarcimiento económico para su mamá, ya que perdió todo, hasta la casa.

SIN SABER DEL LÍDER SINDICAL

Es octubre de 1983 cuando hombres que se conducen en un jeep del Ejército patrullan las calles de Izabal. Luis, un líder sindical de la comunidad, es localizado por sus victimarios, quienes lo desparecen. Días después, la operación se repite contra uno de sus hijos. Ahora, el segundo hijo de Luis dice que lo dejaron sin padre y sin hermano; además, con una madre que aún vive de una pensión que el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social le brinda. Pide saber dónde están sus familiares.

MATARON A TRES HIJOS

Gumercinda es una mujer de 77 años que fue al PNR en búsqueda “de un papel que diga que mis tres hijos desaparecidos están muertos”. Cuenta que para buscar mejores condiciones para sus hijos viajó desde Baja Verapaz a Petén en 1980. En agosto de 1981, uno de sus hijos, líder comunitario, desapareció. Dos días después de la desaparición, la hermana de éste fue asesinada y dos meses después soldados uniformados capturaron a un hermano de ésta y nunca apareció. En total, tres desaparecidos, una hija asesinada y dos nietos que la adoptaron como madre. Además, perdieron sus siembras, enseres de la casa, animales y maíz. Los nietos han debido trabajar y ninguno estudió más allá de tercero primaria.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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