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La revolución guatemalteca y la intervención yanki
Por la Joaquín Rivery Tur - La Habana, 21 de octubre de 2004

Alberto Prieto, profesor titular de la Universidad de La Habana, abrió anoche la Mesa Redonda Internacional presentada por el moderador Randy Alonso, y se refirió al contexto en que se produjo hace 60 años la revolución guatemalteca capitaneada por los mandatarios Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz.

Guatemala estuvo dominada en los tiempos previos a la revolución por dictaduras de corte fascista que oprimían salvajemente al pueblo. La primera organización estudiantil fue fundada solamente en 1944, pero surgió con muchísimo vigor y se hizo sentir inmediatamente en la lucha.

La rebeldía estudiantil llevó a las huelgas obreras y luego a un alzamiento de jóvenes cadetes que condujo a la presidencia a Juan José Arévalo, bajo el cual se aprobó una Constitución bastante adelantada, que llega incluso a prohibir el latifundio, aunque se preocupó fundamentalmente por el área urbana, mediante el fomento de la industrialización.

Al terminar el mandato de Arévalo, inició su período Jacobo Arbenz, cuya obra principal fue decretar una reforma agraria que por primera vez se aplicaba en América Latina y quitaba sus latifundios a las grandes empresas norteamericanas.

Piero Gleijeses, profesor de la Universidad John Hopkins, en Estados Unidos, consideró que en Washington se equivocaron con Arbenz, pues pensaron que, al asumir él la presidencia en 1951, Guatemala regresaría a las buenas relaciones con el imperio.

El Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT, comunista) era entonces el único que propugnaba la reforma agraria y apoyó decididamente al Presidente. Inicialmente la embajada norteamericana pensaba que la ley no avanzaría, pero en 1953 reconocieron que era una legislación que se fortalecía rápidamente, y entonces ya el Gobierno de Washington decidió revertir las cosas, pues la situación era una amenaza para sus intereses en Centroamérica, donde imperaban condiciones similares a las de Guatemala.

Uno de los cubanos que se ven envueltos en los acontecimientos es Jorge Risquet, quien como representante de la Confederación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD), estuvo varias veces en Guatemala en ese período

En Cuba, en esos meses, se efectuaban los preparativos finales para el asalto al cuartel Moncada.

En opinión de Gleijeses, el único elemento que los norteamericanos consideraban serviría para derrocar a Arbenz era el ejército, acostumbrado a hacerle caso a Estados Unidos, pero que no se decidía a actuar porque respetaba al Presidente, por lo que la CIA tuvo que recurrir al coronel Castillo Armas para organizar el derrocamiento.

Jorge Risquet recordó cómo, ya bajo el peligro de la invasión, los guatemaltecos no estaban ya para las cuestiones del Festival Mundial de la Juventud que él había ido a promover, pues pronto comenzarían los bombardeos dirigidos a derrocar a Arbenz.

El Che Guevara llegaría a Guatemala atraído por lo que sucedía y desde el principio conoció a los moncadistas, entre ellos a Ñico López, con quien compartió una habitación que pagaban con la venta ambulante de objetos. Allí Risquet conoció a quien luego sería el Guerrillero Heroico. Durante un tiempo se dedicó a tareas revolucionarias junto a los jóvenes guatemaltecos, hasta que su Partido le dio orden de salir de Guatemala y volver a Cuba.

Al desatarse la represión, hubo jóvenes que prefirieron alzarse al inicio de los años sesenta, como Luis Augusto Turcios Lima, junto a un grupo de cadetes que iniciaron la lucha guerrillera en Guatemala, y quien moriría tempranamente en un accidente, aunque otros grupos reiniciaron el combate en los años setenta.

La igualdad de objetivos los llevó a formar la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), una organización integrada por las distintas fuerzas guerrilleras. Como forma de eliminar esa amenaza, los gobiernos iniciaron negociaciones de paz con la URNG, que alcanzó un grado de empuje militar que preocupó al régimen.

Los acuerdos de Paz eran una aspiración de la sociedad guatemalteca y, después de firmados, se convirtieron en el programa de la URNG.

Orlando Oramas subrayó que han pasado gobiernos y nadie representa una alternativa verdadera para el pueblo guatemalteco. Washington no pierde de vista nada de lo que sucede en Centroamérica y son muy conocidas las armas que utiliza el Imperio.

Recordó las manos de la CIA en el derrocamiento de Allende, la guerra sucia contra los sandinistas en Nicaragua, hasta que financiaron a la oposición para que la vieja oligarquía volviera al poder, métodos a los que no renuncia como demuestra el bloqueo de más de cuatro décadas a nuestro país

Tomado de www.granma.cubaweb.cu


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