La Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú tiene razones para sonreir. El 19 y 20 de abril visitó la Organización de Naciones Unidas (ONU), con funcionarios públicos y miembros de sociedad civil guatemalteca, para hablar sobre los avances que la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) ha logrado en ese país. Su balance hasta el momento: hay resultados positivos a la vista.
El mismo jefe de la CICIG, Carlos Castresana, destacó que era necesario que voces como la de Menchú fueran escuchadas en Nueva York respecto a lo realizado por la comisión.
Menchú dijo a EL DIARIO/LA PRENSA que hechos como la captura del ex presidente Alfonso Portillo, ocurrida en enero pasado, lanzan “mensajes positivos” acerca del trabajo de la CICIG. En este caso, la comisión participó en el proceso de acusación contra el ex mandatario junto con el Ministerio Público.
Raíces de la impunidad
Las redes de crimen organizado, que se sirven de la impunidad, tienen raíces en las estructuras que desde el Estado articularon una violenta política contrainsurgente, durante el conflicto armado interno en Guatemala entre 1960 y 1996, según Menchú. De acuerdo con la Premio Nobel, la vigencia de estas estructuras justifica sobradamente la presencia de la CICIG en Guatemala y el apoyo de la ONU, con el financiamiento de países donantes.
“El pasado no se ha terminado; sigue minando nuestras instituciones”, aseguró, refiriéndose al debilitamiento de la Policía Nacional Civil (PNC) y el Ministerio de Gobernación, por ejemplo, donde complejas redes de corrupción han sido identificadas. “Aunque hay buenas noticias”, advirtió Menchú, refiriéndose a la captura de dos ex directores de la PNC desde 2009, así como la orden de captura contra un ministro de gobernación. Todos, casos relacionados con corrupción.
Lucha contra el racismo
El fortalecimiento de las instituciones guatemaltecas, una de las metas de la CICIG, también debe abarcar la atención a la población indígena, a decir de la Premio Nobel. Hay poco eco a las iniciativas de la Comisión de Pueblos Indígenas en el Congreso, y el sistema judicial no tiene suficientes traductores en los casos en los que víctimas o acusados no hablan español.
Para Menchú este panorama apunta en una sola dirección: “El racismo en Guatemala está intacto”, sentencia. Y tiene cifras para probarlo.
En promedio, los indígenas viven 13 años menos que los ladinos en Guatemala, según Menchú. Esos números indican que la mayoría de las oportunidades que genera el Estado están disponibles casi sólo para ladinos. “Claro, esto también sucede porque los pueblos indígenas lo han permitido”, reconoce.
Sin embargo, advierte que los pueblos indígenas no han tenido una participación más consciente, a la vez que sentencia que Guatemala es el país más racista de Centro América. Asimismo, subraya que son pocos los indígenas ubicados en posiciones de poder en el Estado.
Mujeres indígenas en política
“Cuando fui candidata a la presidencia [en 2007], muchas mujeres [en Guatemala] despertaron y se dieron cuenta de que sí se puede [participar en política]”, dijo Menchú a EL DIARIO/LA PRENSA. Hace tres años, la Premio Nobel participó en las elecciones con el partido Encuentro por Guatemala. En las próximas elecciones de 2011, su nuevo partido—WINAQ—participará por escaños en el Congreso y alcaldías municipales. Menchú es por ahora la Secretaria General provisional. No habla de una eventual candidatura presidencial.
El 70 por ciento de los fundadores de WINAQ está conformado por mayas, xincas y garífunas, tres comunidades que conforman los pueblos indígenas guatemaltecos. El resto son ladinos.
Menchú propone que el partido que dirige sirva como plataforma de apoyo a los migrantes guatemaltecos en Estados Unidos (EE.UU.), indígenas y ladinos. “Nuestros hermanos en EE.UU. también pueden ser fundadores del partido”, dijo la Premio Nobel.
Pensar como ‘mayoría’
En Guatemala, la población indígena alcanza cerca de un 60 por ciento, aunque el censo oficial documenta un 40 por ciento. Las organizaciones indígenas se inclinan hacia la primera cifra y sostienen que la necesidad de integrarse a una vida ladina, por el racismo y falta de oportunidades, entre otras razones, explica el porcentaje variable. Menchú insiste en que las comunidades indígenas en Guatemala “dejen de pensar como minoría, y piensen como mayoría”.
La Premio Nobel apunta a que los indígenas serán reconocidos como una fuerza política, de la cual necesitarán los partidos, y que participará especialmente en los gobiernos municipales y el Congreso. Esto es fundamental, dice, para la solución de conflictos como los generados por la minería. Hoy, mientras tanto, de algo está segura Menchú: “Van a venir tiempos de cambio en Guatemala”.
Fuente: www.impre.com - 220410