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El dolor en la experiencia del miedo en la época de la violencia en Chuabajito.
Por Juan Carlos Domínguez Domingo - Guatemala, 26 de octuibre de 2006

Los ámbitos de la experiencia humana de ser y estar en el mundo son complejos y variables. Una de esas esferas se relaciona con las emociones, en las cuales intervienen procesos biológicos, sociales y culturales en tanto que cualquier estado emocional fundamentalmente se siente, se expresa, se simboliza y se transmite entre los individuos.

En Guatemala, país centroamericano, durante los primeros años de la década de los años ochenta del siglo XX, en el contexto de una guerra civil que se extendió a lo largo de 30 años, el miedo fue un instrumento estratégico y sistemático del Estado para evitar que la población se adhiriera a las filas de la insurgencia. Esta política gubernamental traducida en masacres, asesinatos en plazas públicas y demás usos de violencia intimidatoria difundió en las comunidades profundas experiencias de miedo, mismas que se insertaron dentro de un panorama de muerte e incertidumbre.

Una de las muchas comunidades afectadas en el entorno antes descrito fue la de Chuabajito, caserío de poco más de mil 200 habitantes perteneciente al municipio de San Martín Jilotepeque, en el departamento de Chimaltenango, cuya población es preponderantemente indígena, de origen maya-cackchiquel. Su porcentaje se calcula en 80%, en tanto que el 20% restante es ladino, término con el que se denomina a la población no indígena, la cual es principalmente de origen mestizo. Cabe señalar que el lugar en el que se localiza la comunidad fue una de las regiones donde existió mayor intensidad militar dado su valor estratégico. En este texto se realiza una breve revisión de algunos aspectos que se detectaron en la experiencia del miedo relacionados con el dolor a raíz de una serie de entrevistas hechas a profundidad –realizadas en diciembre del 2002 y abril del 2003– a diversas personas que habitan en la comunidad mencionada y que permanecieron en ella durante la época de la violencia.

Miedo y cultura
En la literatura acerca del miedo hallamos definiciones y conceptos en los cuales se enumeran componentes delimitados que generalmente pueden ser agrupados en aspectos fisiológicos y psicológicos. Una de las concepciones derivadas de dichos planteamientos y que ha influenciado el estudio del miedo es la perspectiva que ha tomado el conocimiento biomédico, en la que el cuerpo es estudiado a partir de sus componentes orgánicos y funcionales. Estas concepciones, si bien han permitido avances insospechados de la ciencia médica, no han dejado advertir otros referentes que encierran la experiencia de vida en la persona y su cuerpo. En este sentido, las emociones y, por lo tanto, el miedo no deben ser vistas solamente como una serie de sustancias o reacciones fisiológicas que ocurren en el interior del organismo y que pueden ser traspuestas entre los individuos o de un grupo a otro. Por el contrario, la emoción debe ubicarse necesariamente entre los diversos repertorios culturales para su mayor comprensión, dentro de los cuales resulta esencial conocer sus respectivas concepciones del cuerpo.

La construcción de la experiencia xibij
Tras reconocer que la comunidad que estudiamos presenta un porcentaje mayoritariamente de población cakchiquel, nuestra revisión parte de relacionar el término cakchiquel xibij –que significa miedo y susto– con el vocablo xibalbay, que se deriva a su vez del término maya antiguo Xibalbá, cuyo significado remite a lo que muchos investigadores llaman en la cosmovisión maya inframundo o el otro mundo e incluso a lo que en la tradición cristiana se ha identificado con el infierno. Cabe mencionar que la raíz xib se encuentra presente en todas las lenguas mayas y se utiliza para referirse al miedo.

Los escritos mayas señalan que con la creación de la superficie terrestre el cosmos se ordenó verticalmente en tres niveles: el Xibalbá o inframundo, la tierra y la región celeste. Uno de los elementos que tiene mayor importancia dentro de la cosmovisión maya es donde confluyen o se conectan las líneas que van del punto más alto en el cielo, el cenit, hasta el centro del inframundo. Ambos, como extremos del mundo, tienen un punto de contacto en el que se comunican todos los espacios cósmicos; de esta forma, “la tierra es el centro de ese eje y hacia ella convergen las fuerzas creativas del cielo y las del inframundo, así como las que habitan los cuatro rincones del mundo”, además de ser el lugar por el cual se puede pasar de uno hacia otro nivel. Se trata pues del centro del mundo, un “centro inmóvil, el umbral donde se hacen posibles todos los cambios de nivel” (De la Garza, 1998:63) y cuyo acceso no está permitido a todos los hombres, pues sólo los sacerdotes mayas serán capaces de cruzar los peligrosos umbrales de acceso a los otros niveles, particularmente los de Xibalbá

Fuente: www.intramed.net


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