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Dr-Cafta, sobre ascuas
Por Marina Menéndez Quintero - La Habana, 15 de mayo de 2005

Las reticencias del Congreso estadounidense a aprobar el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana, obligó a Bush a tomar una medida de urgencia. No lo quieren los pueblos centroamericanos y tampoco lo favorecen muchos en EE.UU.

El “papelazo” no ha pasado inadvertido. Buen ridículo ha hecho W. Bush echando mano a los poco convincentes y aún menos preparados mandatarios centroamericanos para que persuadan a su propio Congreso; así como risible ha sido ver a los mandatarios istmeños, sin apenas un argumento económico que exponer, haciendo uso hasta del chantaje durante sus mal hilvanadas intervenciones en Washington.

Porque no fue otra cosa lo que puso en práctica el hondureño Ricardo Maduro cuando, al término de una de sus reuniones con Bush, “advirtió” a los legisladores que, si no dan visto bueno al DR-CAFTA, “nos harían pensar que no tuvimos el apoyo que necesitábamos de parte de los congresistas norteamericanos. Y eso es importante para las relaciones geopolíticas de la región...”

Quizá ahí dio en el clavo. Cualquiera que conozca la manera en que el DR-CAFTA amarrará a los países pobres a los designios del Norte entenderá que, en efecto, lo que prima en los llamados tratados de libre comercio echados a rodar por EE.UU. —ya que el ALCA no avanza—, es un asunto de geoestrategia.

Las no muy edificantes lecciones que ha dejado el primero de ellos, suscrito por EE.UU., México y Canadá (NAFTA), hace una década, está entre las razones de una desconfianza que alcanza ahora a muchos productores norteamericanos y, por su conducto, al Congreso.

Ya ratificaron el acuerdo los parlamentos de Honduras, Guatemala y El Salvador; pero resulta que los legisladores en Washington, dudan. Y sin ratificación parlamentaria, nada se podrá hacer...

W. Bush encuentra los escollos en patio propio. Así que no halló el jefe de la Casa Blanca mejor manera de sensibilizar a los suyos, que llevar a sus socios chiquitos hasta allá.

Pero todo ha parecido un fiasco. Contando con el punto negro que han significado las manifestaciones de trabajadores estadounidenses, estos días, contra el proyecto, y la presencia en el Congreso de sindicalistas centroamericanos y caribeños que cubrieron el trayecto hasta Washington para exponer, también, las preocupaciones propias. “No vemos nada estimulante en esto. Solo más pobreza”, declaró un dominicano.

La falta de sustento exhibida por los mandatarios en la precipitada defensa que han debido hacer durante la llamada Cumbre de los Seis, hace pensar que posiblemente a ellos les ocurra lo mismo que a sus pueblos, donde se protesta —entre otras razones—, porque no se les ha permitido leer el texto del acuerdo.

Sin saber qué otra cosa afirmar, el vapuleado presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños, dijo que el CAFTA no es solo un asunto de comercio sino “una estrategia de desarrollo especial”.

Por hilarantes, merecerían ser recogidas para la posteridad las palabras del mandatario de El Salvador, Tony Saca, empeñado en convencer a una periodista de que CAFTA y NAFTA no es igual, para aseverar luego que este tratado sí acabará con la pobreza y formular ante los televidentes que seguían la rueda presidencial transmitida por CNN, la pregunta de los 64 000 pesos: “¿Y qué nos ofrecen los opositores al CAFTA?”.

¿Qué podrían ofrecer?, dirían los televidentes.

Claro que las declaraciones del presidente de Guatemala, Oscar Berger, fueron mucho más conminatorias. Si (los legisladores estadounidenses) no aprueban el acuerdo, dijo, “van a impedir que demos el ‘gran salto y salgamos de la pobreza’, y ahí soltó la amenaza: “Y va a haber más inmigración”.

Lo paradójico es que los mal preparados mandatarios de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y República Dominicana, viajaron a EE.UU. para hacer valer las presumibles ventajas de un convenio contra el que siguen protestando sus propios pueblos.

Coincidiendo con su cabildeo en Washington, este fin de semana hubo manifestaciones en Guatemala, Honduras y El Salvador.

“Es irónico que los presidentes centroamericanos se vean obligados a venir hasta Washington para ayudar a Bush, ya que en sus propios países no han podido convencer a la gente. Y la oposición está creciendo tanto en Centroamérica como aquí, en Estados Unidos”, opinó una analista norteamericana.

Las protestas contra el Tratado de Libre Comercio entre EE.UU. y los países centroamericanos ha sido pan de casi todos los días en la subregión, y ahora tuvieron rebrotes.

Con su insistencia en imponer un tratado al que muchos medianos empresarios de los propios EE.UU. encuentran también desventajas, los gobernantes del área, tomados de la mano de Bush como ciegos sujetos a un lazarillo errático e inexperto, solo están fomentando esa “ingobernabilidad” que hoy estremece a América Latina, y tanto preocupa al imperio.

Bush, como siempre, buscando un aire magnánimo, prefirió tocar las fibras sentimentales del Congreso con una frase manida que no logró ocultar la falsedad. “Estados Unidos debe seguir apoyándolos (a los países centroamericanos) en su camino hacia la apertura y la estabilidad”.

ASUNTO DE VIDA O MUERTE

Para los ciudadanos de las pobres y depauperadas sociedades centroamericanas, sin embargo, derrotar al DR-CAFTA se ha tornado en un problema de sobrevivencia donde confluyen otras viejas y también definitorias demandas. Para ellos, el desigual intercambio que propone el acuerdo significará la inmediata quiebra de los productores agrícolas nacionales y, por tanto, más desolación.

Fueron esos los resortes que hicieron de las protestas contra el Tratado de Libre Comercio (TLC) en Guatemala, en marzo pasado, momento culminante de una inconformidad que venía de atrás y que, bajo la consigna de No al CAFTA, encontró organicidad y coherencia.

La misma imposición de las políticas depredadoras contra las masas está forjando la unidad.

En Guatemala, esos reflujos llevaron al surgimiento del Movimiento Indígena Campesino, Sindical y Popular, un espacio que por primera vez en ese país nuclea a amplios sectores sociales entre los que se cuentan la Iglesia, las mujeres, los estudiantes y docentes universitarios.

"Hay que defender el territorio, centímetro a centímetro", afirma Tiney.“La única manera de resolver lo que nos pasa es haciendo actos de resistencia, de defensa de la tierra y del territorio nacional, centímetro a centímetro”, opina Juan Tiney, líder de la Coordinadora Indígena y Campesina (CONIC).

María Dolores, otra líder popular.Él, como María Dolores Marroquín, dirigente del frente de las mujeres en el Movimiento, estuvieron en las movilizaciones de marzo y estiman que nuevos actores se sumarán a una protesta que, al enfrentarse al engañoso tratado, recoge también múltiples reclamos con origen en la misma política de extorsión neoliberal.

“Desde que tomó posesión este gobierno, que es de la oligarquía, presentamos un pliego de peticiones que recogía nuestro deseo de discutir lo concerniente al TLC. Pero nunca nos dieron espacio”, explican.

Para los campesinos y trabajadores rurales, las cortapisas que pondrá el tratado a su producción, se suman a un exterminio que Tiney compara con la “tierra arrasada” de los tiempos dictatoriales de Efraín Ríos Montt.

Solo en el primer semestre del año pasado se produjeron 49 desalojos en fincas de distintos puntos del país. “Quemaban las casas, el maíz; se llevaban el frijol, los animales, la ropa. La gente quedaba sin nada. Se nos fue la paciencia y nos fuimos a un paro nacional”, cuenta.

“Alrededor de este tema logramos unificar a los maestros, a los vendedores, y a otros sectores. Se detuvieron los desalojos; pero no se abrió un espacio real para debatir el tema de los TLC, que habíamos planteado desde entonces”.

Cuando, de forma artera, en marzo, el Congreso aprobó “de urgencia” el tratado —evitando así la posibilidad de cualquier otra discusión— el Movimiento Indígena, Campesino y Sindical, se hizo a las calles y provocó las manifestaciones más sonadas que se hayan visto allí en los últimos tiempos.

“En 56 puntos de todo el territorio nacional logramos hacer paros. Tal fue la articulación. Pero también fuimos muy reprimidos”, recuerdan.

Para los líderes populares guatemaltecos, aquella fue una votación mediatizada del Congreso. Los 122 parlamentarios —de 158— que votaron a favor, son representantes de la más rancia oligarquía, asegura Daniel Vázquez, líder de la organización sindical UNSITRAGUA. Y solo dos del total se habían leído el documento.

“El compromiso de publicarlo completo, ni siquiera se ha cumplido. Todavía la población no conoce qué fue lo que se firmó”, recuerda Marroquín. “Algunos andamos aún buscándolo”.

Además, muchos dudan del verdadero móvil de los tres millones de dólares que circularon en esos días por el parlamento, supuestamente, para realizar proyectos en las comunidades campesinas.

“Vimos al embajador de Estados Unidos haciendo trabajo de convencimiento en el Congreso”, asegura Vázquez.

Se interpusieron ante el poder judicial cuatro recursos de inconstitucionalidad, pero todavía no hay respuestas.

Privatización de zonas con yacimientos mineros mediante las llamadas “concesiones”, y reformas a la legislación laboral que ponen en riesgo la seguridad social para hacer más atractivo el panorama a los “inversionistas” extranjeros, anteceden al depredador efecto que significaría la entrada en vigor del TLC: tumba de los productores locales frente al injusto intercambio que plantea.

Muchos en Guatemala no tienen dudas de que el tratado incrementará una migración de los campos que hoy ha convertido las zonas rurales en áreas casi únicamente pobladas por mujeres. Ante la falta de trabajo, los hombres se fueron.

“Los recursos ganaderos, cafetaleros, cañeros, bananeros, han ido desapareciendo. La agro-exportación destruyó ya miles y miles de hectáreas. Y ahora lo poquito que queda en las comunidades indígenas, donde hay bastante reserva de agua, lo quieren privatizar”, asegura el dirigente campesino.

Cuando W. Bush trata de ganar a sus senadores y representantes en esta, su batalla de hoy por mantener la hegemonía de EE.UU. sobre la Cenicienta del hemisferio, los pueblos de Centroamérica recrudecen la protesta “para seguir haciendo presión, y que se detenga la ratificación del Tratado en Washington”.

Puede que los esfuerzos no sean en vano.

Fuente:www.jrebelde.cubaweb.cu


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