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Cerca de cielo; a orillas del mar
Por René Tamayo León - Guatemala, 27 de noviembre de 2005

Gabina Pilar González vio cómo la montaña se venía abajo y sepultó a su esposo y a casi un centenar de víctimas. La doctora Lourdes Leyva Rodríguez la visita en su casa.Cerca del cielo; a orillas del mar

En los primeros 40 días de trabajo en Guatemala, donde alivian las consecuencias del devastador paso de la tormenta Stan, los miembros del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve atendieron alrededor de 400 000 casos, salvaron más de 1 200 vidas y visitaron más de 400 comunidades. Se cuentan por miles las actividades de promoción de salud, como las más de 27 000 charlas impartidas, las más de 11 000 audiencias sanitarias realizadas y los más de 161 000 encuentros cara a cara

La doctora Mariela Vázquez Domenech cumple su segunda misión internacionalista como parte del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve.ALDEA CUA, San Marcos, Altiplano guatemalteco.— Desde el 3 de octubre el cielo estuvo botando agua como si fuera río, pues. Pensábamos que la casita vieja no iba a resistir, y toda la familia se fue para la grande, al lado de la iglesia, donde teníamos una tiendecita, pues.

Estábamos bien allá, el 6 de octubre ya no había agua. Nos dijimos que no iba a pasar nada, pues. Pero a las tres de la tarde vino el derrumbe. Mi esposo dormía en el tercer cuarto y nosotros estábamos en la tienda, cerca de la puerta, cuando oímos el tumbo y cuando estaban cayendo las casas, pues.

Mejor nos salimos y ya no pudimos entrar a buscarlo a él. Si entrábamos, nos quedábamos también, pues.

Además del trabajo de terreno en las aldeas, como la de Cua, los partos están entre las urgencias y complejidades que el doctor Lázaro Small González debe enfrentar en el puesto de salud de Tacaná, un municipio del altiplano guatemalteco con alrededor de 75 000 habitantes.De la iglesia casi todos salieron, pero los que estaban en las casas de los alrededores no podían correr ni para un lado ni para otro ni para nada. Todos murieron, casi cien, pues.

Ahora está siendo una tristeza grande, pues. No se siente uno bien, porque uno de la familia se fue. Y todas esas familias, toditos se fueron, pues. No estoy comiendo.

No tengo dolor pero no tengo hambre. No hay ganas de comer algo. Se siente uno que la familia ya no es igual. El padre ya no está, pues. Es el susto por el derrumbe que se vino.

Creímos que todos nos íbamos a acabar, pues, toditos. Pero no fue así, unos que se murieron y otros que quedamos para doler. Cuando ocurrió el derrumbe nos llevaron e inyectaron, y agüitas nos dieron, pues. Solo eso. Nos inyectaron; dos ampolletas nos pusieron, no sé qué inyección fue.

Pero me sigue doliendo el corazón, pues.

(Gabina Pilar González, habitante de la aldea Cua, Tacaná. El deslave de una montaña aledaña al asentamiento, debido a las lluvias de la tormenta tropical Stan, dejó allí cerca de cien víctimas, entre muertos y desaparecidos.)

***

Suxchay.— Siempre ocurre lo mismo. Salimos en camioneta hacia las aldeas y a mitad de camino debemos continuar a pie. Las carreteras están tapadas por los deslaves.

Las condiciones de vida son difíciles; la situación de emergencia, también; pero para mí lo más duro son las montañas.

Kilómetros y kilómetros bajando y subiendo lomas; cruzando ríos y saltando precipicios. Las montañas de aquí son dos veces más altas que el pico Turquino. Y no son tres o cuatro, casi todas están por encima de los 3 500 metros de altura.

Al llegar a la aldea Suxchay, un hombre se acercó corriendo y preguntó si éramos doctoras cubanas, que lo ayudáramos: “Mi esposa está pariendo y la comadrona no sabe qué hacer”, dijo.

Aquí las mujeres dan a luz en casa. Las parteras se ocupan. Si hay complicaciones, tienen dos salidas: la muerte o la suerte.

Llegar a donde vive fue difícil. Su choza está a unos 600 metros loma abajo, por un camino sinuoso, escarpado, húmedo. Fue un parto complejo, pero logramos hacerlo y sacar de peligro a la criatura y a la madre. La visitamos con frecuencia. Le damos charlas como si fuera cualquier puérpera cubana.

Ella está bien; compensada. El niño es una dulzura.

A pesar de lo difícil que está todo, continuaremos luchando y trabajando hasta que el pueblo guatemalteco lo necesite. Somos del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve.

He estado en San Antonio de la Laguna —en carro, el viaje de Tacaná hasta allí dura tres horas y media, imagínense caminando—, en Toxchó Grande y otras aldeas. También di consultas en Cua, donde casi cien personas murieron o quedaron desaparecidas.

Todavía en el lugar del deslave se sigue echando cal y la peste a podrido se mantiene, aunque no tan fuerte como al inicio. Dicen que hace unos días encontraron el cuerpo de una niña. Un perro escarbaba; lo descubrieron comiéndole la cara al cadáver de la pequeña. Fue casi un mes después del desastre.

(Doctora Mariela Vázquez Domenech, Niquero, Granma. Misión internacionalista en Venezuela.)

***

San Antonio de la Laguna.— La semana anterior la pasé en esta aldea. Hacía un frío terrible. Hubiera sido lindo ver la nieve, aunque tampoco hay que exagerar; estamos cerquita: cada mañana, al amanecer, la hierba estaba a punto de escarcha.

En la aldea Las Nubes es peor, pero aquí también estamos a casi 4 000 metros sobre el nivel del mar. El frío hinca como cuchillo. El aire se te congela en la garganta. La neblina se hace agua en los ojos como lloviznita de una pequeña tormenta.

Estuvimos en un puesto de salud hermoso. Lo inauguraron hace unos seis meses. Tiene todas las condiciones, pero hasta ahora no hubo médico allí. Solo hay una enfermera. Muchas de las medicinas se vencieron por falta de prescripción facultativa.

Un consultorio sin doctor es como una flor sin abejas: muere infértil: nunca dará frutos a pesar de su belleza.

...Un frío que hacía tiritar. Por suerte, todas las mañanas salía el sol, y como el consultorio demoraba en calentarse, sacábamos los buroes para afuera. Atendimos a los pacientes en el césped: con los rayos de sol calentándonos poquito a poco.

Vimos a mucha gente. El caso más difícil fue un niño de un año de edad. Hacía diez días que estaba con fiebre muy alta. La mamá no refirió que tenía ningún síntoma específico: solo fiebre.

Carecemos de condiciones para hacer un examen de sangre, una plaquita, nada. Le puse tratamiento con antibióticos y lo mandé para la casa a fin de darle seguimiento. Al otro día fui en trabajo de terreno, continuaba mal y lo remití para San Marcos.

Después vi en Tacaná, la cabecera del municipio, a su papá. Le pregunté por el estado de salud de su hijo. Me comentó que en el hospital le hicieron exámenes y lo regresaron. Quizá estaban escasos de dinero o sin nada con qué pagar.

El niño requería de ingreso y tratamiento por vía endovenosa. Por el examen clínico tenía la impresión de que era una neumonía. El papá dijo que continuaba con fiebre. Le sugerí dejarlo en Tacaná y no llevarlo para San Antonio de la Laguna. Que si había problemas, nos viniera a buscar. Ayer me comentó que siguió nuestras prescripciones y medicinas. El pequeño mejora.

(Doctora Lourdes Leyva Rodríguez, Niquero, Granma. Misión internacionalista en Venezuela.)

***

Tacaná.— Guatemala me ha deparado varias cosas. Desde el punto de vista social, impresiona la humildad del guatemalteco; desde el punto de vista práctico, en la primera semana tuvimos una experiencia importante y difícil.

Creo que era el augurio de lo que me esperaba en el Centro de Salud de este pueblo, que es la cabecera de un municipio de casi 75 000 habitantes. Se supone que este sea el núcleo de atención médica de la región, y solo tiene un doctor, que a su vez es el director del puesto.

Sobre las dos de la tarde de un viernes, cuando almorzaba, las enfermeras vinieron a buscarme para un alumbramiento urgente. Una muchacha había comenzando con las contracciones a las nueve de la noche del día anterior y a las cinco de la mañana la comadrona la envió porque el parto venía complicado.

Valoramos remitirla hacia San Marcos, la ciudad principal de la provincia, pues las perspectivas de tratamiento a pacientes con un parto transverso, como el de ella, eran pésimas.

No había ambulancia para enviarla, ni carro, ni apareció el marido de la parturienta... En conclusión, tuve que asumir.

Hicimos el trabajo de parto en el piso, porque en el puesto no hay camillas para estas emergencias. Afortunadamente todo salió bien. Guatemala cuenta ahora con una nueva criatura.

(Doctor Lázaro Small González, Holguín. Misión internacionalista en Venezuela.)

OCÉANOS DE DOLOR

Tecún Umán, San Marcos, Pacífico Guatemalteco.— Mi casa estaba en las afueras. Cuando los ríos empezaron a llenarse en las montañas y decidieron bajar para el mar, nada quedó en pie. Los cerros se cayeron en el altiplano y vinieron a parar aquí.

Ahora me queda poco. Mi mujer, mis hijos y una hernia discal que amenaza con dejarme inválido. Casi estoy viviendo de pura caridad, ahora mismo estoy en un cuarto de hotel que, gracias a Dios, me brindó la dueña de esta propiedad.

Tengo 45 años, dicen que una mala fuerza me hizo estallar la espalda. La operación me cuesta entre 25 000 y 30 000 quetzales. Ahora soy un damnificado de la tormenta tropical Stan. Un hombre sin hogar. Y posiblemente un futuro lisiado.

(Omar Jonatan Orantes Ramos, habitante de Tecún Umán, damnificado por la tormenta tropical Stan.)

***

Tecún Umán.— Estamos en el centro de salud de esta ciudad, fronteriza con México. Hay una gran afluencia de pacientes. Las enfermedades más frecuentes son infecciones respiratorias y enfermedades de la piel agravadas por las malas condiciones higiénico-sanitarias que quedaron después del huracán Stan. Se suman cuadros digestivos, otras infecciones y diarreas.

Es nuestra segunda tarea de emergencia en menos de un año. El drama de Indonesia y el océano Índico, cuando el tsunami de diciembre, fue más terrible. Casi 300 000 muertos, centenares y centenares de niños huérfanos, miles de rostros marcados por un profundo sufrimiento; habían perdido hasta la capacidad de expresarse, de articular una palabra.

Era impresionante. El agua arrasó con todo, árboles, edificios. Solo escombros y cadáveres. Fue una experiencia dura y las condiciones de vida eran peores. Trabajábamos en un hospital de campaña, con restricciones de agua y comida, y un calor más sofocante que el de aquí, donde las temperaturas llegan hasta 40 grados Celsius.

Del Índico al Pacífico. En menos de un año hemos vivido entre océanos de dolor. Y al Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve le quedará mucho por ver aún.

Esta iniciativa es una suerte para los pueblos. Se trata de un equipo bien preparado en programas de desastre, con capacidad para movilizarse con rapidez, con dominio de idiomas, con una experiencia que crecerá a través del tiempo y, sobre todo, con una gran voluntad, entrega y compromiso hacia los más sufridos del planeta, que son la mayoría.

Todavía aquí en Tecún Umán hay gran cantidad de personas en estado de calamidad, albergados. Al lado de nuestra habitación —en un modesto hotel que su dueña nos brindó generosamente, sin pago mediante—, vive una familia de damnificados.

Lo perdieron todo. El jefe de la casa tiene una hernia discal severa. Le produce bastante dolor en los miembros inferiores. A medida que pase el tiempo, perderá la movilidad; y el trabajo. Está asustado. No sabe cómo mantendrá a su familia.

Los doctores Tania Bolaños Valladares y Nicolás Morales Pérez departen con la familia de Omar Jonatan Orantes Ramos, damnificado del Stan. Ambas familias, la de médicos cubanos y la guatemalteca, viven en habitaciones contiguas de un hotel en Tecún Umán.El tratamiento definitivo requiere de operación. No la puede asumir; le costaría unos 4 000 dólares. Cuando supo que éramos médicos cubanos, se acercó para una cita. Trajo tres radiografías; le cobraron por esas, 400 dólares. Confirmamos su diagnóstico y que la única alternativa es quirúrgica.

Lo estamos ayudando con analgésicos y vitaminas. Todos los días nosotros mismos lo inyectamos. Es mecánico. En las mañanas que amanece bien, sale a trabajar. Ayer nos prestó una pequeña neverita para enfriar el agua y otras cosas. Fue el único pago que recibió esa jornada por la reparación que hizo.

(Doctores Tania Bolaños Valladares y Nicolás Morales Pérez. Matrimonio cienfueguero. Misión Internacionalista en Zimbabwe y participación en la emergencia por el tsunami en Indonesia.)

CATÁSTROFE QUE NO ABANDONA

La Alcaldesa de Ocós les da abrigo, alimentación y sala de consulta en el edificio municipal, a los doctores Rosa Pérez Fonseca y Carlos Marín Pacheco. Durante un receso, aprenden con la cocinera de la Alcaldía a preparar tortillas de maíz.Ocós.— El pueblo está rodeado por dos ríos. Cuando el Stan, ambos se juntaron y cubrieron toda el área. Es increíble el grado de destrucción que dejó la tormenta. A nuestro arribo, quisimos dictaminar la situación de salud local, contactamos a los principales líderes de la comunidad y visitamos casa por casa, para tener una idea del cuadro higiénico-sanitario.

Estamos yendo también hacia las aldeas. Se volvieron casi inaccesibles por los cortes de carretera y la destrucción de puentes. Hemos atravesado ríos, viajado en canoas, caminado días enteros bajo un sol ardiente a casi 40 grados de temperatura en la sombra y 50 al sol, aunque exageremos.

Cuando llegábamos a un asentamiento, encontrábamos poblaciones muy angustiadas. No habían podido recibir aún atención médica. Al saber que éramos médicos cubanos, se sentían estimulados. En cada jornada atendemos entre 80 y cien casos.

Abundan las enfermedades de la piel, infecciones respiratorias agudas y hay gran número de pacientes con parasitismo intestinal.

Las micosis son frecuentes, vinculadas a los largos días de inundación que debieron soportar los habitantes de esta región costera. Muchos hongos en la piel, sobre todo en los pies. Ha resultado muy eficaz el miconazol, una de las pomadas que trajimos en las mochilas desde Cuba.

También es grande la afectación psicológica, el trauma del desastre. Llegan con cuadros nerviosos, solicitan ansiolíticos y otros medicamentos. Temen una nueva catástrofe. Hemos tenido que enfrascarnos en acciones de apoyo psicológico. Aún son poblaciones victimizadas. Nos hemos convertido en consejeros. Nuestra presencia les da ánimo y seguridad.

(Doctora Rosa Pérez Fonseca, Bayamo, Granma; misión internacionalista en Mali. Doctor Carlos Marín Pacheco, Campechuela, Granma, misión internacionalista en Gambia.

***

Ocós, San Marcos, Pacífico guatemalteco.— Gracias a Dios aquí no tuvimos ningún fallecido. A pesar de que se desbordaron los ríos, mantuvimos la calma. Nos quedamos completamente aislados, pero nos dio tiempo a subir a los techos y los árboles. Nos libramos de ser arrastrados por la correntada.

El daño económico sí es enorme. Se destruyó toda nuestra infraestructura, con pérdidas millonarias en la agricultura, nuestro potencial económico. La pobreza está ahora más latente. La gente necesita subsistir, pero no tiene dónde trabajar.

El lodo permanece en las casas; no tenemos una vida normal.

En medio de este desastre, llegó la ayuda cubana. Como alcaldesa y ciudadana guatemalteca, agradezco a Don Fidel Castro el apoyo incondicional que ha dado a nuestro país al enviar a un numeroso grupo de médicos a colaborar en la emergencia provocada por el huracán Stan a inicios de octubre.

Los especialistas cubanos han venido a solucionar el gran problema sanitario actual, muy especialmente en el municipio de Ocós. Han estado en los caseríos y comunidades donde más se necesitaban. Les hemos dado todo el apoyo posible, pero también hemos visto cómo se proyectan hacia la comunidad, atendiendo a todas las personas sin importar la hora ni el día.

Como autoridad local no tengo palabras para exteriorizar y agradecer ese apoyo incondicional que ha dado Cuba a Ocós. Solo deseo que ese apoyo continúe. Hemos tenido dos doctores permanentes en el parcelamiento La Blanca; sin embargo, el municipio es muy grande, muy pobre, y muy necesitado de cobertura médica.

Edilma Navarijo Preciado, alcaldesa de Ocós.Espero que esos médicos permanentes vengan cuanto antes. La salud es lo más importante para el desarrollo de los pueblos.

Los cubanos han hecho un trabajo extraordinario. Gracias a ellos no hay un brote epidémico. Y a esto se agrega la gran ventaja de que trajeron medicinas. Nuestra población es pobre, no puede comprar los medicamentos, y eso siempre se agradecerá.

Nunca había tenido oportunidad de acercarme a los cubanos. Hoy sé que ese país es diferente a lo que se dice. Los felicito, adelante. Y reitero mis agradecimientos a Don Fidel Castro. Que siga siempre así, porque las semillas están germinando. -Edilma Navarijo Preciado, alcaldesa de Ocós.-

Fuente:www.jrebelde.cubaweb.cu


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