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Pierden cosecha de todo el año
Por Jorge Morales Almada - Tajumulco, San Marcos, 11 de noviembre de 2005

La destrucción de Stan ha agravado la desnutrición crónica de miles de campesinos


La población en esta zona noroccidental del país se ha quedado sin sus reservas de comida para todo el año. Los deslaves de cerros provocados por la tormenta Stan hace un mes, arruinaron la mayoría de los sembradíos de maíz y frijol que las familias de aquí cultivan para el autoconsumo.

La cosecha que pretendían levantar durante diciembre y enero se ha perdido y no ha quedado tierra disponible para sembrar.

“Quedó pura piedra”, dice don Álvaro Romero mientras observa lo que antes fue su milpa y que hoy es una losa de roca.

Su maizal, al igual que el de la mayoría de los habitantes de este municipio localizado a 320 kilómetros al noroeste de la capital guatemalteca, fue arrasado por los deslaves generados luego de más de una semana de intensas lluvias a principios de octubre.

El señor Romero vive en el caserío Chechán, descendiente maya de la tribu indígena Mam, está casado y con seis hijos por mantener.

Las cuatro cuerdas (una cuerda mide entre 400 y 500 metros cuadrados) donde tenía sembrado de maíz y frijol fueron arrastradas por el agua. La cosecha de esa superficie iba a ser su abastecimiento de alimento para el próximo año, pero debido a que la tierra quedó inservible para cultivo, ya no podrán sembrar ni papa, ni zanahoria, ni cebolla, ni repollo, ni coliflor, ni ninguna de las hortalizas que regularmente se producen de noviembre a abril.

“De esto dependemos para comer, con esas cuatro cuerdas hubiera cosechado unos 15 quintales (750 kilos) para unos 10 meses”, dice.

Así como Romero se encuentran la gran mayoría de los habitantes de los departamentos de San Marcos y Sololá (al noroeste del país), los más afectados por la tormenta, según comenta Arnulfo Sandoval, oficial de proyectos en Guatemala del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El ministro de Agricultura, Álvaro Aguirre, declaró hace unos días que sólo el 2% de la producción del país había sido afectada por Stan.

El funcionario de PMA considera que ese porcentaje oficial pudiera ser la producción nacional de caña, azúcar o café, porque la realidad en esta zona es diferente. En este país se estima que el 80% de las mejores tierras de cultivo están en manos del 4% de la población.

En un recorrido por los municipios de Tajumulco y Tacaná, en la zona alta del departamento de San Marcos, se pudo constatar la afectación de las milpas que fueron destruidas en su gran mayoría. En estos dos municipios de aproximadamente 140 mil habitantes en conjunto, se han contabilizado 84 muertos y hay 19 desaparecidos. Se estima que el 60% de la población fue afectada por la destrucción de sus viviendas.

Los habitantes, campesinos e indígenas que comen de lo que cosechan, se ven desesperados.

En Tacamá, municipio fronterizo con el estado mexicano de Chiapas, una docena de hombres habían caminado ayer hora y media desde su aldea en Chactelá, para recibir ayuda alimentaria a través de la organización Save The Children, que distribuye raciones de comida de PMA, pero que sólo alcanzan para tres semanas.

Pedro Verdugo es uno de esa docena, trae los zapatos llenos de lodo de tanto caminar porque los carros no pasan por su comunidad, están prácticamente incomunicados desde hace un mes. Él también perdió su milpa y en sus reservas sólo le quedan tres quintales de maíz.

“Pero eso sólo nos alcanza para marzo, ahora ya no podemos sembrar porque no hay tierras, ahora ni para comer va a haber”, dice angustiado.

La dieta de la mayoría de los que aquí viven se basa en el maíz y el frijol. Por lo general desayunan, almuerzan y cenan una tortilla de maíz con crema o frijol o chile o sal y café, según cuenta el niño Giovani Gudiel.

“Comemos tres veces al día, a las 8:00 a la 1:00 y otra vez a la 8:00… ¿Que qué comemos? Tortilla con frijol… Sí, las tres veces”, dice este chamaco de 12 años de edad con manchas en la cara, reflejo de la desnutrición que la mayoría de los niños sufren en esta zona de Guatemala.

Romero dice que también el caldo de yerba mora es sabroso, más si alcanzan a ponerle un poco de papa.

¿Y carne?

“A veces, por ahí una vez al mes”, dice.

¿Y leche para los niños?

“No pos ahí sí ya no, leche no”.

De acuerdo con el funcionario de PMA, Guatemala se encuentra en el segundo lugar a nivel continental en problemas de desnutrición crónica, sólo por debajo de Haití, y en el décimo lugar a nivel mundial.

Tomado de www.laopinion.com - 091105


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