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El nombramiento de Negroponte suscita malos recuerdos en el sur
Por Róger Lindo - Los Angeles, 18 de febrer o de 2005

La jefatura general de los servicios de inteligencia estadounidenses parece ser la que más se aviene con la trayectoria y el carácter de John Dimitri Negroponte.

La primera experiencia decisiva del embajador empezó durante la Guerra de Vietnam, donde estuvo destacado como primer oficial de la embajada en Saigón y, más tarde, al lado de Henry Kissinger. Negroponte, actual embajador en Irak, fue virtualmente el procónsul estadounidense en Honduras en los años 80. El presidente Ronald Reagan había invocado la teoría del efecto dominó, según la cual los sandinistas en Nicaragua y la guerrilla salvadoreña, la cual supuestamente iba a seguir sus pasos, representaban un peligro inminente para la seguridad de EU.

Desde la embajada estadounidense en Tegucigalpa, Negroponte jugó el papel de padrino de la contra, que operaba cómodamente en Honduras, con el financiamiento de Estados Unidos. Bajo la égida del embajador, como dijo un crítico de entonces, Honduras se convirtió “en un portaaviones estadounidense a prueba de hundimientos”, desde el cual se atacaba a Nicaragua y que, además, servía de apoyo a las operaciones contrainsurgentes del Ejército salvadoreño cerca de la frontera entre ambos países. En esos días, centenares de hondureños fueron torturados y asesinados a manos de unidades como el Batallón 316, entrenado por asesores estadounidenses y argentinos.

Al surgir el tema durante las audiencias para confirmarlo como embajador de EU en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Negroponte alegó que no recordaba que hubiesen ocurrido violaciones a los derechos humanos durante el tiempo que estuvo al frente de la legación en Honduras. Pero Jack Birns, su predecesor en Tegucigalpa, ha declarado que puso al tanto al Departamento de Estado, y posteriormente a Negroponte, sobre los excesos cometidos por las Fuerzas Armadas hondureñas, que querían aplicar en esa nación centroamericana el modelo argentino de “guerra sucia”.

Una vez que los sandinistas perdieron el poder en Nicaragua y los bandos en pugna firmaron la paz en El Salvador y Guatemala, el embajador se refugió en la empresa privada como ejecutivo de McGraw-Hill, y no volvió a salir a la palestra pública hasta después de los ataques del 9/11, cuando el presidente George W. Bush lo nombró como representante del país en la ONU.

“Negroponte es como el bombardero Stealth... sigiloso”, expresó Larry Birns, director del Consejo de Asuntos Hemisféricos, un centro de análisis sin fines de lucro que ha seguido la carrera del diplomático. En su opinión, Negroponte es un personaje de tal envergadura que será capaz de integrar los servicios de espionaje del país, un papel que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estaba llamada a jugar al finalizar la Segunda Guerra Mundial, pero lo perdió de vista.

Riesgos del país

Ray McGovern, un veterano de 27 años de trabajo en la CIA, opinó en entrevista telefónica que, poner al diplomático en la jefatura de los servicios de inteligencia entraña graves riesgos para el país.

“Es una decisión catastrófica, un desastre. Con el récord que tuvo en Honduras, esto va a traer ataques a los derechos civiles aquí”. Su temor es que Negroponte no sólo estará a cargo de la CIA, sino que su poder se extenderá al FBI, razón que llevó a los legisladores de la comisión que investigó los sucesos del 11 de septiembre a pedir que se estableciera una junta para monitorear el respeto a los derechos civiles y a la privacidad de parte de la nueva junta de inteligencia que presidirá el elegido del Presidente.

“Esta es la primera vez en mi experiencia en que las funciones de la CIA y el FBI se combinan en una sola, al menos legalmente, porque durante la Guerra de Vietnam se hizo una vez de manera ilegal a través de la operación Cointelpro”, declaró, McGovern, quien sospecha que fue Elliot Abrams, consejero de Bush y uno de los principales responsables de las políticas de la administración Reagan para Centroamérica en los años 80, quien recomendó a Negroponte como jefe máximo de inteligencia.

“El y Negroponte trabajaron juntos en la cuestión Irán-contra; a Negroponte no lo agarraron, pero a Abrams sí; fue convicto de mentir al Congreso y luego perdonado en la víspera de Navidad de 1990 por George H. W. Bush [el padre del actual presidente]”, dijo McGovern.

Peter Kornbluh, un analista de los Archivos de Seguridad Nacional en Washington, hizo ver que, según documentos desclasificados sobre la operación Irán-contra, Negroponte gestionó en secreto armas para la contra, una acción expresamente prohibida por el Congreso.

Pese a estos antecedentes, el senador demócrata de Nueva Jersey Jon Corzine, integrante del Comité de Inteligencia del Senado, aplaudió la nominación, diciendo que el escogido “es un individuo dedicado y valiente que ha demostrado un gran compromiso durante su servicio y es poseedor de credenciales muy fuertes”.

Los talentos de Negroponte también fueron ponderados por otra senadora demócrata, Dianne Feinstein: “Creo que es muy valioso que llegue a este puesto alguien que viene de fuera de la comunidad de inteligencia”, dijo la legisladora californiana.

Kornbluh asegura que Negroponte se apartó de sus funciones de diplomático en Honduras al gestionar armas para la contra, pero que, irónicamente, esa actuación lo convierte en el candidato ideal para presidir la comunidad del espionaje estadounidense.

Tomado de www.laopinion.com


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