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Desesperación entre jornaleros en California
Por Isaías Alvarado - Los Angeles, 18 de febrero de 2008

Desesperación entre jornaleros - Cada día hay más gente en las esquinas y menos oferta de trabajo

Si la actual crisis hipotecaria fuera un hilo a punto de reventarse, los jornaleros serían la hebra más débil.

Desde el otoño de 2007, los trabajadores temporales han visto cómo el dinero les llega a cuentagotas con el desplome de la industria de la construcción, a raíz del bache financiero en el que cayó la economía de EU, al grado de la desesperación.

Fernando Vázquez, un jornalero que llegó desde Guatemala hace ocho meses, no entiende de recesiones ni de altibajos económicos, lo único que sabe es que desde hace mucho tiempo no ha podido emplearse en algo.

"Uno nunca se imagina lo duro que es vivir aquí. Allá [en Guatemala] dicen que hay billetes en el norte y piensan que todo es fácil", lamenta este hombre que aún debe 1,500 dólares de los cinco mil que le cobró el coyote, pero como no ha encontrado "chamba" desde el año pasado, su deuda subió a 2,200 por los pagos de la renta que no pudo dar.

Desde que llegó a California, ha pasado más tiempo pidiendo trabajo afuera de una tienda de departamentos en Glendale, que sudando la gota gorda reparando algún techo, escarbando una zanja, clavando alguna madera o pintando una vivienda.

No es el único. Según la Red Nacional de Jornaleros, en el condado se ha registrado una baja considerable respecto a la cantidad de trabajos que realizan semanalmente cerca de 20 mil jornaleros.

"Hay mucha desesperación por parte de los trabajadores, porque no llega el mismo número de trabajos que antes y muchos de ellos inclusive han pensado regresar a su país", dijo el portavoz de la agrupación, José Esquivel.

Repentinamente, un auto se detiene frente a Fernando Vázquez y una avalancha de hombres lo siguen emocionados, pero el chofer no baja la ventana ni abre la puerta. Ni siquiera los ve. Afuera esperan para entablar la negociación tres, cuatro… siete hombres. "¿Tiene algún trabajo? ¿Qué ocupa?", le cuestionan. Al final, arranca sin responderles; sólo se trató de una falsa alarma.

Otros, como Carlos Pérez, se arriesgan ayudando a los compradores de las tiendas para acomodarles los artículos en sus vehículos, a pesar de que un letrero en español e inglés advierte claramente: "Propiedad privada. No pasar. Los que traspasen [sic] serán arrestados".

"Les ayudamos y nos dan cinco o 10 dólares; el chiste es que salga algo... a veces no cae nada en la semana o apenas 20 dólares ganamos", dijo Pérez.

"Es peligroso, porque la policía nos puede llevar a la cárcel, pero cuando no están nos metemos", reconoció Luis, un joven guatemalteco que dice ganar entre 150 y 200 dólares a la semana.

Para Eugenio Hinojosa, un jornalero con 11 años de experiencia, esta situación ha empezado a darse por la crisis económica, la falta de empleo y el cada vez mayor número de hombres que se colocan afuera de las tiendas buscando ganarse el pan de cada día. Tan sólo ayer, este diario contó a más de 150 personas.

"Con tal de ganarse un billete o encontrar un trabajo se arriesgan. Allá afuera caen hasta maricones, hay gente que quiere sexo y vienen discretamente a solicitarles el servicio", mencionó Hinojosa, quien prefiere esperar a que lo contraten a través del Centro de Jornaleros para evitar abusos de los patrones.

Pero si la montaña no va a Mahoma, dice Andrés Gómez, "hay que buscarle por donde sea, porque aquí está muy despacio". Ayer venía de solicitar empleo en distintos negocios de Huntington Park y por las tardes sale a vender refrescos en parques y lavanderías.

"No hay otra opción, tenemos que comer, pagar renta, es lo último que nos queda".

Tomado de www.laopinion.com - 170208


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