Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 14 - 2019

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Guatemala: ¿Eterna primavera o eterna desnutrición?
Por Iván Aguilar * - Guatemala, 12 de noviembre de 2019

Guatemala es conocido como el país de “la eterna primavera”, y así lo anuncia el Instituto Nacional de Turismo (INGUAT) en su página Web, haciendo alusión a la diversidad de climas, ecosistemas (desde un desierto hasta bosques nubosos) y temperatura templada. Guatemala tiene todos esos atributos, y también el enorme legado de la cultura Maya, elementos que le hacen atractivo para el turismo.

Por su parte, los datos del Ministerio de Salud anuncian una imagen menos paradisiaca: Guatemala ostenta la tasa más alta de desnutrición crónica de Latinoamérica y la sexta más alta del mundo. Según datos oficiales, el 46.5% de la niñez menor de cinco años la padece, cifra que puede llegar al 70% para la niñez indígena y rural.

La alta prevalencia de la desnutrición crónica en la niñez de Guatemala parece eterna, en 31 años tan solo se ha reducido un 15.7%, a un ritmo de 0.5% por año, pasando de 62.2% en 1987 a 46.5% en 2015; de continuar con esa tendencia tomaría al menos 73 años reducirla a los niveles que presenta Costa Rica (6%).

La desnutrición crónica es irreversible después de los cinco años de edad, la reducción y/o prevención es posible durante el período de oportunidad denominado “ventana de los mil días”, que corresponde al período transcurrido desde el embarazo (270 días promedio) hasta los 2 años de vida (730 días). Debido a las consecuencias permanentes de la desnutrición crónica se le suele llamar “la cadena perpetua”.

Los altos índices de desnutrición crónica tienen correspondencia con el tamaño del gasto público del país, siendo el tercero más pequeño del mundo (12.3%) en relación a su Producto Interno Bruto (PIB), solo por debajo del Congo y Yemen. En otras palabras, se invierte tan poco en las personas que se consigue ese nivel tan pobre de bienestar.

La desnutrición crónica es algo más que una enfermedad, es un indicador que refleja el nivel de precariedad de los servicios públicos, especialmente de salud, de educación y de protección social, así como la desigualdad económica extrema, todas ellas, asignaturas pendientes para Guatemala, uno de los pocos países en el mundo en dónde la pobreza extrema se ha incrementado[2] en relación al punto de partida de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Cambio climático

El deterioro de la democracia, de la institucionalidad pública y el incremento de la desigualdad económica extrema, se está conjugando con el impacto de un elemento emergente: el Cambio Climático. La distribución de las lluvias ha sido poco favorable durante la última década para los 4.5 millones de personas que habitan el Corredor Seco de Guatemala, en dónde año con año se pierde un alto porcentaje de la producción de maíz y frijol para autoconsumo, aumentando la población en inseguridad alimentaria que requiere asistencia humanitaria, según las últimas estimaciones de Oxfam al menos 550,000 personas la requieren en 2019.

Es así como la emergencia climática está colapsando los medios de vida rurales, y, en consecuencia, escalando los ya altos niveles de desnutrición crónica. Los resultados del monitoreo nutricional de más de 18,000 niños y niñas menores de cinco años efectuado por Oxfam y organizaciones locales en lo últimos cuatro años, evidencian que la desnutrición crónica ha incrementado 6.9% en zonas del corredor seco, en donde el 67.8% de la niñez monitoreada la padece.

Para buscar soluciones se puede revisar el caso de Perú, uno de los países más exitosos en reducir la desnutrición crónica, en 10 años pasó de 28% a 13%, una reducción anual de 1.5%. Perú incrementó su gasto público per cápita en esos 10 años de 474 € en 2006 a 1,175 € en 2016. El gasto público per cápita de Guatemala en 2017 fue de 479 €, tendría que incrementarlo 2.4 veces para tener las condiciones de inversión que generó El Perú para tener ese nivel de resultados.

No hay fórmulas “mágicas” para trasformar esos indicadores, las soluciones son más “clásicas”, pasan por una inversión pública robusta que permita hacer llegar los servicios de salud, de educación, de apoyo a la agricultura familiar y de protección social a los hogares más vulnerables a inseguridad alimentaria. Esto no está sucediendo, en el presupuesto 2020 del gobierno de Guatemala se está programado invertir 0.27€ niño-a/día, incluido el costo de los servicios de apoyo a los hogares, tales como Transferencias Monetarias Condicionadas, apoyo a agricultura familiar, etc., a todas luces una inversión que no es capaz de generar el cambio deseado.

Para que Guatemala deje de ser el país de la eterna desnutrición crónica, el gobierno tendría que incrementar la inversión al menos a 1.3 € por niño-a/día para llevar los servicios mínimos que se necesitan para reducirla, además de propiciar las condiciones para superar la pobreza extrema (3.5 millones de personas) y pobreza general (8.8 millones de personas).

* Coordinador Humanitario de Oxfam en Guatemala

Fuente: www.lavanguardia.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.