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Cárceles con poca población estudiantil
Por Gerson Ortiz - Guatemala, 5 de octubre de 2008

Programas educativos en el SP

Un porcentaje mínimo de la población carcelaria opta por el plan de educación como alternativa para la redención de penas; las prisiones del país muestran debilidad en la aplicación de programas de estudio y trabajo.

En América Latina existen prisiones que han logrado que un 99% de la población privada de libertad estudie o trabaje. Es en esas cárceles, donde una mínima parte de reos está desocupada, donde no ha habido un solo intento de motín en muchos años.

En algunos países latinoamericanos cuando se implementaron leyes de humanización del sistema carcelario que contempla la redención de pena por estudio o trabajo; triplicaron en tres meses el número de reclusos que estudian y trabajan.

Bernardo Kliksberg, asesor principal del Programa de Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD) cita en su informe llamado Mitos y Realidades sobre la Criminalidad en América Latina: "cuanto más altos son los niveles educativos de una población, menor será el número de delitos".

Según Kliksberg, diversos estudios comparados han demostrado que "una de las inversiones preventivas de más impacto respecto a la delincuencia es la educación".

En 1998, la Organización Panamericana de la Salud concluyó que las intervenciones que aumentan el rendimiento académico y los años de escolaridad "pueden reducir el número de incidentes de violencia durante la niñez y la adolescencia". El estudio citado por PNUD añade: "Cualquier cosa que mejore la educación reduce también el riesgo de violencia entre niños y jóvenes".

En el caso de Guatemala las condiciones de las cárceles son deplorables: la sobrepoblación que ha rebasado la capacidad de las prisiones y la administración con enfoque militar, entre otros factores, son, según analistas, los ejes sobre los que gira el colapso. Las mismas autoridades del Sistema Penitenciario han declarado el debilitamiento del sistema carcelario nacional.

El artículo 25 de la Ley del Régimen Penitenciario refiere: "Las personas reclusas tienen derecho a recibir educación y capacitación de todos los niveles académicos. Los certificados de estudios aprobados, no deberán contener ninguna indicación que denote que hubieran estado recluidos".

A cara o escudo
Marleny Lucero es una interna del Centro de Orientación Femenina (COF) y se encuentra guardando una pena de 30 años de prisión por el delito de plagio y secuestro, de los que ha cumplido 12.

En el transcurso de estos 12 años Lucero ha estudiado la primaria, básicos y logró completar la carrera de bachiller en computación más un curso profesional de repostería.

Lucero perdió a su cónyuge en circunstancias muy difíciles; así que quedó sola con varios hijos: la menor de sus hijas nació en el Centro Preventivo para Mujeres Santa Teresita. Como a la mayoría de reclusas, Marleny debió elegir entre trabajar y estudiar. Esa es la razón por la que ya no continuó con sus estudios universitarios en la prisión.

Adentro de la prisión, cerca de un mural elaborado por las reclusas por el mes de la patria, Marleny cuenta: "Me gusta aprovechar el tiempo que puedo en aprender de todo, es por eso que continué mis estudios de computación que son otorgados por el Sistema Penitenciario".

"Estar en este lugar no es una razón para tirarme a llorar y sentirme derrotada, tengo una familia que necesita también de mí y por ellos tengo que salir adelante y cuando salga de aquí les voy a contar que aproveché el tiempo en superarme", agrega la mujer con un rostro muy cálido.

Marleny Lucero considera que los estudios que adquirió en la prisión han cambiado su forma de ver y entender el mundo y coincide con su compañera en indicar que el bajo nivel académico incide en cometer delitos.

Sin embargo, la proyección, desde el punto de vista laboral, que Lucero tiene para cuando salga de la prisión y deba readaptarse es un tanto lúgubre, ya que, además de saber que la oferta de trabajo no es nada fácil para la gente de su edad, reconoce el rechazo al que puede enfrentarse por haber estado en prisión.

Libre albedrío
Rudy Esquivel, portavoz del Sistema Penitenciario (SP), cita: "La Ley norma el beneficio de brindar las oportunidades de trabajo y capacitación a las personas privadas de libertad".

Lo anterior en el marco de las condicionantes que permiten a los reclusos estudiar. Esquivel reconoció que existen prisiones cuya estructura no permiten que los estudios sean una realidad absoluta.

La educación en las prisiones se enfatiza en las y los reos que se encuentran cumpliendo una condena y busquen ser beneficiados con la redención de penas. El vocero del SP refiere que son los reclusos quienes deciden si estudian o no: "ellos deciden: No quiero, no me interesa", indica.

Alejandro Giammattei, ex director del Sistema Penitenciario, criticó a las actuales autoridades del SP en cuanto a la regulación del tema educativo y laboral que impera en las diferentes cárceles del país.

El ex funcionario refirió, en primer lugar, que en su administración, el 30% de la población reclusa estudiaba. "Si hay oportunidades y condiciones para que los reos estudien, la gente opta por aprovechar esa oportunidad", declaró.

Giammattei considera que debe haber un "factor de disciplina", el cual explica: "El trabajo tiene que estar ligado con la exigencia. Que las oportunidades de trabajo se den en condición de la educación. Sólo se puede trabajar si se estudia", expresó.

El entrevistado insistió en que el SP debe generar controles que exigen el estudio dentro de las cárceles para "encarrilar a las personas a la educación", y agregó que de lo contrario "será más productiva la extorsiona desde la cárcel que el estudio".

Giammattei dijo finalmente que la población carcelaria relativa a las pandillas tiene grado de escolaridad promedio de tercero primaria y que estas personas inician sus actividades delictivas entre los 9 y 12 años, por lo que considera que "la prevención tiene que iniciarse en la primaria y a esas edades. De 16 o 17 años la prevención ya no tiene resultados positivos", manifestó, y criticó, además, la política educativa de los gobiernos

Mario Barrios, subdirector de los centros de estudios del Sistema Penitenciario, manifiesta que ha tenido alumnos que ingresan a la prisión con un nivel académico intermedio; sin embargo, vuelven a cursar todos los grados desde el principio, lo que cambia la forma de ver el delito.

"La mejor escuela es estar aquí", considera Barrios, eso porque las condiciones en las que subsisten los reclusos son muy diferentes a las de afuera: "La mano de obra es muy barata, la oportunidad de empleo es muy limitada, las condiciones de algunas prisiones son infrahumanas", citó entre otras el entrevistado.

Condiciones deplorables
A la fecha, la población total de las 19 cárceles del país de 7 mil 662 hombres y 421 mujeres, que suman 8 mil 83 privados de libertad. En el caso de las cárceles públicas el número de reos es de 894 hombres y 76 mujeres; que suman 970 reos.

En el caso de El Salvador, un país con igual número de cárceles que Guatemala, y con 19 mil 800 reos, con un 33% de personas procesadas y 67% de condenados; hay 5 mil 203 reclusos inscritos en programas de educación dentro de las cárceles. 6 mil 539 reos salvadoreños son miembros de pandillas.

Según el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales (IECCP), el 71% de centros carcelarios no tiene instalaciones adecuadas para implementar programas educativos, el 86% no cuentan con una biblioteca y el 14% no tiene programas de alfabetización

El IECCP cuantificó que un 97% de la población carcelaria trabajan; de esa cifra, un 57 % labora por cuenta propia y el 43 % restante depende de otros reclusos. Además el 79 % no tienen instalaciones esenciales para trabajo de capacitación laboral, además, los productos finales son mal remunerados.
CIFRAS

Sólo en la capital estudian 296 reclusos que cursan los básicos y el bachillerato en computación.

El total de reclusos que optan por la educación de las tres instituciones que imparten los grados de primaria a bachillerato son 323, distribuidos de la siguiente manera:

En el Preventivo y Pavoncito estudian 152 reos en básicos y 33 en bachillerato.

En el COF y Santa Teresa estudian 23 reclusas en el área de básicos y 13 en el área de bachillerato.

En Pavón estudian 22 reos en básicos y 4 en bachillerato.

En el reclusorio de Escuintla 40 en básicos y 36 en bachillerato. Las cifras restantes no fueron proporcionadas por el SP.
"Desde pequeña quería ser licenciada"

Gloria Noemí Santizo tiene 44 años de edad, lleva 13 años recluida en el COF y el tribunal que presidió su juicio la condenó a 32 años de cárcel por homicidio.

Antes de ser sentenciada sólo había podido cursar hasta sexto grado de primaria; pero si en el penal logran el cupo mínimo de cinco alumnas podrá recibir su título de Licenciada en Administración de empresas el próximo año.

Pregunta: ¿Cuál ha sido su vivencia durante el cumplimiento de su condena?
Respuesta: Ha sido una gran experiencia vivir en este lugar que me ha servido de una escuela porque he aprendido muchas cosas positivas. He aprendido a vivir mejor; a tenerle amor al prójimo y en especial a mis hijos.

P.: ¿Qué motivó su decisión de estudiar dentro de la prisión?
R.: En muy poco tiempo de estar aquí me enteré que había oportunidad de estudiar carreras y me sentí atraída por terminar mis estudios. Repetí toda la primaria, cursé básicos, me gradué de bachiller en computación y el año pasado cursé el noveno trimestre de la Licenciatura en Administración de Empresas.

P.: ¿Cómo ha cambiado su forma de ver la vida después de esa experiencia?
R.: Mucho. Definitivamente es otra forma de vivir la que una adquiere; ya estoy rehabilitada y ya las cosas las tomo de una forma muy positiva.

P.: ¿Cree que el bajo nivel académico incide en el hecho de cometer delitos?
R.: Claro que sí. El analfabetismo en muchos casos induce a determinadas circunstancias que en principio no se razonan correctamente; por supuesto que también hay errores de carácter humano, es decir, no hace falta analfabeta para caer en delito, pero sí creo que tiene mucho que ver.

P.: En el caso del delito por el que se encuentra en prisión, ¿cómo lo percibe ahora?
R.: Muy diferente. Estando fuera generalmente no se está empapado de lo que es la ley. Ser agresivo o violento no es conveniente, pero no se analiza desde el punto de vista de lo que implica para la sociedad tener problemas con la ley.

P.: ¿Cómo se proyecta hacia el futuro fuera de la prisión?
R.: Desde pequeña quería ser licenciada, pero no tuve los medios; ahora veo las cosas distintas y sé que fuera de aquí las cosas no van a ser fáciles. Sé que hay desempleo, que no será sencillo ubicarme en algún trabajo, pero no pienso desmayar.

Fuente: www.lahora.com.gt - 041008


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