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Dilema de costos y calidad: ¿Educación pública o privada?
Por Eder Juárez - Guatemala, 22 de julio de 2013

EL PRECIO DE LA ENSEÑANZA ES CLAVE

La educación en Guatemala presenta grandes desafíos, principalmente en el aumento de niños, niñas y jóvenes que necesitan instrucción para la vida. Esta situación supone un dilema para millones de padres de familia, que deben elegir entre la educación pública de las escuelas e institutos, o la oferta privada de los colegios y liceos.

De acuerdo con estadísticas del Ministerio de Educación, el año pasado más familias guatemaltecas optaron por los servicios de la educación privada, aunque en el balance numérico de estudiantes inscritos siempre fue mucho mayor en el sector público.

Durante el 2011 las inscripciones en las instituciones públicas llegaron a 3 millones 280 mil 185 alumnos y en el sector privado fueron 855 mil 043. Para el año siguiente, las cifras decrecieron en el primer sector y aumentaron en el segundo.

En 2012 en lo público se redujo la matrícula a 3 millones 162 mil 281 estudiantes, en contraposición del aumento que en ese mismo año reflejaron las instituciones privadas, que fue de 876 mil 519 alumnos inscritos.

Esta situación, aunque en un solo año refleja un cambio leve, es el resultado de una tendencia que muestra un cambio gradual de las preferencias de los guatemaltecos con respecto al tipo de opciones educativas que se presentan en el país.

Los datos revelan que en todos los departamentos del territorio las escuelas e institutos –en todos los niveles– mantuvieron una merma en las inscripciones, haciendo ver que las instituciones públicas se han tornado menos atractivas para la población guatemalteca, al tiempo que, quienes pueden pagarlas, ven en los colegios privados una alternativa.

¿Es eso lo que necesita el país?

CAPACIDAD DE PAGO

Ana María Cáceres, madre de tres hijos –solo dos en edad escolar– considera que en el colegio los niños pueden adquirir una formación adecuada para convertirse en profesionales y enfrentar los retos que les depare el futuro.

Es por eso que eligió un colegio capitalino para que sus hijos estudien en el nivel primario, en donde tienen acceso a laboratorios, piscina y clases de alemán, además de los cursos obligatorios, como matemática, idioma y ciencia. “Hacemos un esfuerzo con mi esposo porque sabemos que no es un gasto, sino una inversión”, señala.

Sin embargo, reconoce que no todos los colegios son una buena opción. “Sé de colegios que no cumplen con los requisitos mínimos de formación; si esa fuera la alternativa en mi familia, preferiría que mis hijos estudiaran en una escuela”, indica.

En contraste, Ángela Rosales, dependiente de una farmacia dice que la escuela es su única elección, pues no puede costear un colegio para sus cuatro hijos; tres estudian en primaria y solo uno ha avanzado a básicos, después de repetir sexto grado primaria en dos ocasiones.

“Aunque las cuotas sean bajas en un colegio, siempre va a ser más cómodo inscribir a los niños en la escuela (…) yo sí creo que estarían mejor en un colegio, pero no se puede”, expresa.

No obstante, reconoce que la educación, aun en el sector público, implica un reto económico para las familias, que cada vez deben desembolsar más dinero en las escuelas e institutos para que sus hijos estudien “Aunque dicen que la educación es gratis, uno siempre termina pagando muchas cosas en la escuela”, explica Rosales.

UN DERECHO NEGADO

Jorge Santos, del Centro Internacional de Investigación en Derechos Humanos (CIIDH), refiere que la Constitución explícitamente establece la gratuidad de la educación, particularmente en la enseñanza primaria.

Es por eso que se considera a éste como un derecho negado para quienes no pueden costearse la educación pública, que en teoría es gratuita. El gobierno pasado prohibió los cobros en las escuelas y por eso la matrícula se incrementó, pero en la actualidad los pagos en el sector público, conocidos como “aportes voluntarios”, están nuevamente a la orden del día.

A criterio de Santos, nuevamente se empieza a ver paulatinamente un aumento de costos, que si bien no son considerados como pagos, se convierten en una limitante para el acceso a la educación de muchos niños y niñas.

“Estas contribuciones voluntarias generalmente están asociadas a un pago aparente de inscripción de alrededor de Q60 y una cuota para poder contratar los servicios de una persona que realice la limpieza de las escuelas; entonces hay una serie de gastos que se convierten en un desestímulo concreto para la inscripción”, señaló Santos.

Además dice que si bien no se ha decretado un planteamiento contrario a la gratuidad en la educación, se está permitiendo una serie de mecanismos que están repuntando en cobros por parte de las escuelas.

Otro elemento que podría estar condicionando este factor es la reforma a la formación inicial docente, en cuanto a la confusión que ha generado. “Es una manera impuesta y autoritaria, de suprimir el magisterio nacional provocada por una migración de personas que quieren estudiar el magisterio y que ante este hecho se haya incrementado la inscripción en algunas instituciones privadas que mantenían esta carrera”, acota.

NO ES UN FACTOR DE CALIDAD

Santos estima que no se puede decir que la calidad educativa en el sector público esté decidiendo la merma en las inscripciones, ya que el factor fundamental para que las personas inscriban a sus hijos está más ligado a los elementos de orden económico, que a un componente de calidad educativa.

Además manifiesta que no necesariamente lo privado, más aún en el contexto guatemalteco, refleja una mejor calidad educativa, pues a su criterio, cuando se observan los resultados de la evaluaciones que realiza el Ministerio de Educación, se identifica que las instituciones públicas están en un rango intermedio de evaluación, empero estudiantes que provienen de cierto sector privado de educación son los que tienen los peores resultados.

Santos indica que en el contexto guatemalteco lo privado no es sinónimo de calidad y por lo contrario, se ha tenido una ausencia de control por parte del Ministerio de Educación de la calidad de la formación en el ámbito privado.

Cecilia Garcés, de la Asociación Educa Guatemala, expresa que se tendría que considerar en términos más amplios la diferencia de inscripciones por años y establecer comparaciones en cuanto a la inversión y políticas sociales, en tanto que en el 2012 se elimina la gratuidad de los servicios de educación que había motivado a que los niños asistieran a la escuela.

Garcés advierte que la eliminación de esa política limita ahora la inscripción en el nivel inicial, mientras que la desmotivación en el nivel diversificado se da con la reforma a la carrera inicial docente.

“Lo que se constata y preocupa es que los jóvenes están fuera del sistema escolar”, apunta.

Garcés coincide con Santos al indicar que la calidad educativa no es un factor que incida en las inscripciones: “En realidad la calidad no la podemos definir deficiente solo en los institutos públicos, pues hay muchas instituciones privadas donde la calidad no es la mejor para generar un aprendizaje en los alumnos”.

Además señala que no se puede limitar a decir que solo en lo público hay mala calidad, se debe ver la calidad en todos los tipos de establecimientos.

NÚMEROS SOBREDIMENSIONADOS

Verónica Spross, analista de educación del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Cien), considera que con la gratuidad en la educación establecida en el pasado se podría haber provocado una sobredimensión en el número de alumnos inscritos.

A criterio de la analista, ahora resultarían números más ajustados a la realidad, dejando claro que esta es una hipótesis de lo que ha sucedido con las inscripciones en el tema de la gratuidad.

Spross manifiesta que ha habido un incentivo a sobredimensionar los números, como lo que existió con las trasferencias condicionadas a las familias en función con los niños inscritos en las escuelas.

Además revela que puede existir la idea en los padres de familia que hacen más atractiva a las instituciones privadas que las públicas, esto principalmente en relación a los días de clase, ya que en el sector público es reducido este tiempo.

El tiempo efectivo tiende a hacer como de 120 en vez de ser de 180 días tal como lo manda la ley, por lo que esto puede resultar como un elemento que hace que se disminuyan las inscripciones en el sector público.

Otra de las causas podría ser, la enseñanza de los valores y organización para que los padres de familia se sientan más cómodos de saber que su hijo se encuentra en clases.

En cuanto a la calidad educativa Spross dijo que ésta también podría ser una percepción de los padres, que crean que en un colegio hay un mejor nivel de educación.

Sin embargo, la calidad educativa es prácticamente similar, pero lo que sí puede pasar es que se tengan más días de clase, más disciplina y orden, entonces es una percepción de los padres en cuanto a este elemento en la educación.

La analista concluye que las escuelas se vuelven menos atractivas porque no cumplen con todos los días de clases y no siempre se está aprendiendo lo que es relevante para la vida, y apunta que no se tienen estudios técnicos que revelen que la reforma a la formación inicial docente haya sido un factor para la disminución de las inscripciones.

Se intentó conocer la postura de la ministra de Educación, Cynthia del Águila, pero no fue posible contactarle.

Fuente: www.lahora.com.gt


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