Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 3 - 2006

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

¿Está preparado para la vejez? La poca previsión y la inflación provocan penurias en la tercera edad
Por Mario Cordero - Guatemala, 24 de agosto de 2006

¿Ha pensado cómo sobrevivirá cuando usted rebase los sesenta años? ¿Cree suficiente sus esfuerzos actuales para prever su futuro? Este reportaje le invita a revisar estas preguntas.

Esa vitalidad que inunda al ser humano en el momento de iniciar sus años laborales, entre los 18 y 25, no permite vislumbrar con claridad los momentos que seguramente vendrán cuando, en lugar de trabajar, se da paso a la jubilación.

Y, talvez, ese salario que medio alcanza para cubrir las necesidades mínimas personales y de la familia (o un poquito más), hace que el ser humano se acomode, y no piense que más adelante ese salario se pueda reducir en una décima parte, o quizá menos, o que ni siquiera se tenga en la tercera edad.

Esas razones, que provocan miopía en las visiones del futuro, no permiten observar, por ejemplo, un futuro talvez paupérrimo.

Indicios actuales deberían llamar la atención para prever el futuro: las dificultades económicas del IGSS, la inflación que afecta a la canasta básica vital, la rigidez de programas de pensiones de financieras privadas, el impasse que sufren los adultos de la tercera edad sin previsión social, o simplemente la exclusión del sistema de seguridad social debido a que la mayoría de la PEA trabaja en el sector informal.

Testimonios

Don Justo* laboró durante 23 años en el Ministerio de Finanzas. Cuando llegó su momento, la jubilación parecía el “sueño dorado”. Para entonces, la vida no era tan cara, su pensión alcanzaba, para él y su esposa, pues los hijos ya habían formado su propio hogar.

Pronto, comprendió don Justo que los 400 quetzales, que parecían un lujo para 1978, no alcanzarían. Así que dispuso ponerse en contacto con una cooperativa, para instalar una pequeña tienda, con artículos de primera necesidad.

Si no fuera por ese negocio, ahora no tendría cómo sobrevivir; sin embargo, cada vez se incrementan más los costos que la fuente de ganancias. “Antes le pagaba a un patojo cinco quetzales para que fuera a recoger mi cheque. Ahora no puedo darme el lujo. Tengo que ir yo, y eso representa cerrar la tienda casi todo el día”, comentó con enojo, pero sobre todo con tristeza.

La pequeña tienda de don Justo, de la colonia Tikal II, de la zona 7, se está descuidando cada vez más, aportando menos ganancias, y la pensión por jubilación se vuelve nada...

Doña Leonor*, en cambio, trabajó desde su adolescencia, por lo que desde hace tiempos cumplió con el mínimo de cuotas. Como en los últimos años ganaba bien, y aportaba bastante al IGSS, esperaba una jubilación máxima, es decir, de 6 mil quetzales.

Cuando se enteró de que habían bajado la edad mínima de jubilación por el IGSS a 60 años, ella, con esa edad recién cumplida, inició los trámites. Algunos meses después, empezó a gozar de la pensión.

Sin embargo, no era lo que esperaba, ya que por el reglamento, debido a que no tenía cargas familiares, sólo podía recibir 3 mil 200 quetzales.

Sin embargo, el futuro le preocupa, ya que sola ella tiene que asumir los gastos. Por el momento, puede sobrevivir con eso, pero después, cuando suban los precios, no podría sostenerse únicamente con ello.

Canasta básica

La preocupación de doña Leonor es válida, ya que, aunque la tasa de inflación no ha subido mucho en los últimos años, sí hay cierto incremento bastante visible entre año y año con respecto a la canasta básica.

Los productos que integran la canasta básica vital se han incrementado, mientras que el poder adquisitivo del quetzal se va diluyendo a través del tiempo, tal como reflejan las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística, INE.

La canasta básica vital está compuesta por lo necesario para vivir, como la alimentación, el vestuario, la vivienda, el transporte y la educación. Es decir, el conjunto de bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades básicas. Está calculada para una familia de cinco personas.

Según las últimas estimaciones, la canasta básica vital se incrementó en 159 quetzales desde el año pasado. La canasta básica, en julio del año pasado, según datos del INE, se establecía en 2 mil 645 quetzales con 39 centavos. Para este año, la cifra se elevó a 2 mil 804 quetzales con seis centavos.

Este aumento se debe, especialmente, a las alzas que han sufrido los alimentos, sobre todo los granos y los productos básicos de una alimentación adecuada: frijol, azúcar, arroz, carnes y otros productos.

Asimismo, se debe observar que el quetzal ha estado reduciendo su valor, o se está valuando, desde el año pasado, en 34 centavos. Debido a que algunos productos se compran en el exterior, o se miden con base en el dólar, esto quiere decir, en teoría, que los productos valuados en dólares deben valer unos 34 centavos más este año.

Otro criterio que hay que tomar en cuenta es que el precio del servicio eléctrico se ha incrementado.

Si estas tendencias siguen, que se aumenta aproximadamente 150 quetzales anuales en la canasta básica vital, entonces, se podría prever cuánto podría valer de aquí a algunos años. Como se mencionó, las preocupaciones de doña Leonor no son para subvalorarlas, y habría que pensar la situación de los pensionados con menos de ello.

Del mismo modo, podría calcular cada persona cuánto podría necesitar para el momento de la jubilación, en x años que esto pudiera ocurrir.

IGSS

Según informan fuentes del Departamento de Comunicación Social y Relaciones Públicas del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGSS, esta institución ha tenido un proceso de renovación en sus estructuras y en su modo de administrar.

Según indican, que ahora ya no se ha politizado al IGSS, y eso le permite mayor estabilidad, sobre todo, que los gerentes que manejan el instituto tienen la posibilidad de desarrollar y completar sus programas.

Pero, pese a que han tenido cierta estabilidad administrativa, desde hace pocos años se enfrentaron a la dificultad de que se resolviera que la edad mínima de jubilación bajara de los 65 a los 60 años.

Según indica la fuente, los cálculos de las cuotas laborales y patronales se realizaron con base a un retiro de 65 años. Sin embargo, con el cambio de la edad mínima, se provocaría un desequilibrio entre los ingresos y los egresos, que llegaría a ocurrir en el año 2008.

El IGSS está ahora obligado a considerar algunas estrategias para capturar mayores ingresos, para que no se rompa ese equilibrio.

Entre éstas, podría estar mejorar la recaudación de las cuotas patronales de la iniciativa privada, y las cuotas estatales; estimular el paso de empresarios de la economía informal a la formal, para que se afilien al IGSS, o, en todo caso, el aumento al porcentaje de las cuotas, lo cual no significa que sea la única opción.

Según cifras del IGSS, con los nuevos cálculos con la edad mínima de los 60 años, un pensionado estaría recibiendo el pago por unos quince años (ya que la esperanza de vida de los pensionados es de 75 años), más otros ocho años que estarían recibiendo los sobrevivientes luego de que muera el pensionado.

Tal como está ahora, el programa del IGSS es bastante conveniente, ya que, con fundamento en un sueldo base casi llegando al salario mínimo, por ejemplo mil 200 quetzales, el afiliado estaría aportando mensualmente unos 22 quetzales, más otros 44 que aporta el patrono. Esta cantidad, 66 quetzales, durante el tiempo mínimo de aportar la cuota, daría en total unos 11 mil 880 quetzales.

Sin embargo, esto, en el momento de la pensión, se convertiría en unos 340 quetzales mensuales, durante el tiempo promedio de pensión (quince años), más el 50% de la pensión recibida por el cónyuge durante el tiempo promedio (ocho años) daría la cantidad de 95 mil 480 quetzales.

Es decir, el beneficio es un poco más de ocho veces mayor que lo que se aportó.

Pero, afuera de estos cálculos, el IGSS pronto se verá obligado a poner en práctica medidas para incrementar sus ingresos, y no perder el equilibrio.

Ayer y otros días anteriores, varios de los pensionados del programa de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia (IVS) del IGSS, han estado pidiendo un aumento de por lo menos 200 quetzales, aunque la institución, que ha declarado su interés por ayudarlos, ha indicado que el aumento debe estudiarse bien, ya que podría provocar mayor desequilibrio aumentar directamente sin estudio.

Otras opciones

Pero no sólo el IGSS es la única opción para poder tener algunos ingresos durante la vejez. Según datos del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, el 75 por ciento de los trabajadores de la Población Económicamente Activa, PEA, pertenece al sector informal. Esto significa, para este caso, que tres de cada cuatro trabajadores no están aportando su cuota al IGSS, y, por tanto, no tendrían una previsión social para su vejez.

Si esta tendencia continúa, los trabajadores del sector informal, incluidos los trabajadores que trabajan por contrato de tiempo definido, que no aportan al IGSS, tendrían que pensar en opciones para asegurarse algún sustento en el momento de llegar a los 60 o 65 años.

En primer lugar, se podría pensar en los programas de pensiones que ofrecen las financieras y los bancos. En una consulta en algunas de estas instituciones, existen programas en que se podría aportar un mínimo de cien quetzales mensuales; claro, que entre más se aporte, más se recibirá en el futuro.

Estos programas podrían ser una buena opción, pero se debe ser disciplinado con este dinero, ya que las instituciones financieras dan la opción de retirar el dinero en caso de emergencia, pero imponen un porcentaje de pérdida, si se retira antes del tiempo establecido, que en promedio es de cinco años.

La disciplina de estos programas también es la clave para no cometer faltas de pagos, que provocarían también penalizaciones; además, la población que accede a estos programas no es necesariamente joven adulta, ya que no se logra prever para el futuro lejano en este período de la vida humana.

En cambio, lo más común es que, si no fuera por el IGSS, no se contemplarían, en su mayoría, otras opciones. Actualmente, la lucha que mantienen los adultos mayores para lograr que el Estado ofrezca una pensión económica a las personas de la tercera edad sin previsión social, está en un impasse, ya que la ley promulgada fue declarada inconstitucional por la Corte de Constitucionalidad, debido a que no se especifica cuál sería la fuente de ingresos para mantener este programa.

En conclusión, aunque para algunas personas falten cuarenta, treinta, veinte o diez años, es difícil poder prever la vida en el momento de jubilarse, y, a veces, esa previsión no es suficiente, por lo que debería ser un tema de discusión el poder implementar más estrategias para que los adultos mayores gocen de una mejor calidad de vida.

Fuente: www.lahora.com.gt - 230806


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.